Solemos reír al ver un Homero que duda, transpira y toma decisiones poco asertivas en relación a la conducta de los hijos. Los ama, quiere lo mejor para ellos, pero... hay cuestiones preexistentes en su socialización, hay formas de enfocar los vínculos intrafamiliares que no son tan simples como Homero lo supone.
Nosotros también como padres solemos dudar o tomar conductas poco asertivas en la crianza de los niños, aún más si son adolescentes. En esa transición que está pasando el individuo donde sabe que no es niño pero tampoco adulto, esa ambigüedad que siente en conductas que un poco son características en la infancia y otras donde elevan la voz como queriendo hacer saber que él o ella ya no es un enfant.
"¿ Pero entonces cuál es mi posición como padre, qué hago, cómo lo trato?" Es que si pretendemos que un menor madure deberemos tratarle siempre como a una persona mayor de lo que realmente es, o no tenderá a madurar. No se puede seguir al adolescente demostrando la misma discontinuidad identitaria que tiene todavía pues el padre ha de ser el sostén, la apoyatura que él necesita en sus pasos hacia la adultez. Recuerde que extrapolar la imagen de niño en el adolescente no sólo no corresponde sino que no ha de existir en una sana relación padres-hijos. Es una etapa bastante difícil desde lo parental pero ya llegó el momento de nombrarlos sin necesidad de apodos, esos que se ponen cuando el hijo atraviesa la infancia. Él ya tiene una imagen corporal donde se observa el trabajar de las hormonas, todas sus pulsiones están bajo la supremacía de la pulsión genital y lo que antes era un mimo, ahora implica un "¡no te dejaré crecer, yo te sigo llamando Pichín!" tanto para él como para sus pares que lo observarán burlones, es un signo de incomprensión de su nuevo estado.
. Una paciente dijo: "¡Ah, pero yo soy la madre!", con más razón entonces hay que abocarse a continuar ayudándolo a crecer, y bien, sin traumas, sin frustraciones que marquen, por caprichos de continuar teniendo al "nene".
Desde niño edúquelo en la confianza que debe tener ante la palabra de los padres Un adolescente que confía en sus padres acudirá a ellos para realizar múltiples consultas sobre diversos aspectos. Por consiguiente evite el mensaje contradictorio, pues su hijo no comprende su ambigüedad de criterio, y la imagen paterna se verá sumamente dañada.
Otro punto donde se da orientación es para aquellos padres que creen que deben ser amigos de los hijos. Amigos no, el hijo necesita padres pues como amigos los tiene a sus pares, tiene a su tribu, y menos ser amigo si su hijo se vuelve solitario pues hay una cuestión de carácter edípico que lo confunde en sus roles. Si bien hay algunas características similares entre ser padre y ser amigo, no olvide que el padre tiene una mayor responsabilidad que aquella que pudiera tener como amigo, el ser padre implica conductas que los amigos no tienen aún con una gran lealtad. Es tan importante su rol de padre que no lo puede salpicar con otro rol.
Hay personas que acostumbran tomar a sus hijos adolescentes como confidentes de sus cuestiones emocionales y esta es una figura que no habla de una relación congruente, flexible ni moderna, sino que habla de padres inseguros y ellos mismos sin resolver aún situaciones de su juventud. Cargan a su hijo con una mochila que no le corresponde llevar y el hijo siente una satisfacción pasajera cuando se entera que mamá o papá han tenido una relación extra-marital, por ejemplo, pero luego observa que no tiene la apoyatura necesaria en personas que no saben cuidar su lugar, y en su inconsciente irá acumulando estas experiencias que sólo le despertarán angustia en un futuro cercano. No es cuestión de ocultar, es cuestión de omitir confidencias ante quien no está en nuestra vida para escucharlas, él no es un amigo, es el hijo.
Sucede también en muchos hogares que al llegar a la adolescencia de un hijo, el padre o la madre se vuelven competitivos con éste, utilizando prendas de vestir, gestos y algunos términos muy similares al joven, cuidan más su imagen corporal y suelen utilizar comparaciones fuera de lugar buscando recuperar esos años que ya vivieron, bien o mal, pero que pasaron. No creo que en este caso sea necesario aclarar más. Sólo decir que dejan una muy pobre impresión sobre la paternidad y una adultez llena de frustraciones pues prefieren volver a un pasado donde tal vez fueron más felices.
Hay madres paseando en paños menores por la casa con hijos de 15 o 18 años y no entienden que si para ellas es normal, para los hijos no es así, están en una posición incómoda, no acusan a su madre como si cometiera un acto libidinoso, pero sí un acto que ya está fuera de lugar. El respeto debe tenerse en todas sus formas, así la enseñanza será más beneficiosa y ambos la disfrutarán.
Licenciada Mirta Zangaro
Embajadora por la Paz Mundial.


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