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martes, 7 de marzo de 2017

ACTOS DE SIGNIFICADO

ACTOS DE SIGNIFICADO
Mas allá de la Revolución Cognitiva
JEROME BRUNER
https://www-contacto11.blogspot.com

 La PS. Popular como instrumento de la cultura

La Revolución Cognit. Se vio desviada de su impulso originario por la metáfora del ordenador. Es necesario renovar y reanimar la Revolución original, Rev. Inspirada por la convicción de que el concepto fundamental de la PS. Humana es el significado y los procesos y transacciones q se dan en la construcción de los significados.
Esta convicción se basa en dos argumentos relacionados entre si:
1º- para comprender al hombre, es preciso comprender como su experiencia y sus actos están moldeados por sus estados intencionales
2º- es q la forma de estos estados intencionales solo pueden plasmarse mediante la participación de los Sist. Simbólicos de la cultura.
La forma misma de nuestras vidas no resulta comprensible a nosotros mismos y a los demás solo en virtud de esos Sist. Culturales de interpretación. Pero la cultura es tmb constitutiva de la mente. En la cultura, el sgdo adopta una forma q es pública y comunitaria en lugar de privada y autista. Solo al reemplazar este modelo transaccional de la mente por otro aislado e individualista, han sido capaces los filósofos angloamericanos de hacer q la mente de los demás parezcan tan opacas e impenetrables.
La herencia biológica del hombre lo q hace es imponer limites sobre la acción, limites cuyos efectos son modificables. Las culturas se caracterizan porque crean “prótesis” q nos permiten trascender nuestras limitaciones biológicas “en bruto”. El pto de vista inverso que se propone es q es la cultura, y no la biología, la q moldea la vida y la mente humana, la q confiere sgdo a la acción situando sus estados intencionales subyacentes en un Sist. interpretativo. Esto lo consigue imponiendo patrones inherentes a los Sist. Simbólicos de la cultura: sus modalidades de lenguaje y discurso, las formas de explicación lógica y narrativa, y los patrones de vida comunitarios mutuamente interdependiente.
Lo he denominado Psicología “cultural”, que constituye un esfuerzo no solo por recuperar el impulso originario de la Rev. Cognitiva. Le he puesto el nombre de “psicología popular” o “psicología intuitiva” o, sencillamente el “sentido común”. En todas las culturas hay una PS popular, q es uno de sus instrumentos constitutivos mas poderosos y q consiste en un Conj. de descripciones mas o menos normativas y mas o menos conexas sobre como “funcionan” los seres humanos, como son nuestra propia mente y las mentes de los demás, y como cabe esperar q sea la acción situada, q formas de vida son posibles, como se compromete uno a estas ultimas, etc. La adquirimos al tiempo q aprendemos a usar el lenguaje.
“PS popular”à Sist. Mediante el cual la gente organiza su experiencia, conocimiento y transacciones relativos al mundo social. Su ppio de organización es narrativo en vez de conceptual.
Su uso actual comenzó con un elaborado renacimiento del interés por la “mente salvaje”.

Lo q se propone es q la PS popular debe estar en la base de cualquier PS cultural, algunos componentes fundamentales de la PS popular son: creencias o premisas elementales q forman parte de las narraciones sobre situac humanas de q consta la PS popular. Por Ej., una premisa de la PS popular es q la gente tiene creencias y deseos: creemos q el mundo esta organizado de determ maneras, q queremos determ cosas, q algunas cosas importan mas q otras, etc. Creemos (o “sabemos”) q la gente tiene creencias no solo sobre el presente, sino tmb sobre el pasado y el futuro, tmb creemos q las creencias y deseos de la gente llegan a ser suficientemente coherentes y bien organizados como para merecer el nombre de “compromisos” o “formas de vida”, y esas coherencias se consideran como “disposiciones” q caracterizan a las personas: una mujer leal, un padre dedicado, un amigo fiel. Las narraciones se constituyes solo cuando las creencias constitutivas de la PS popular se violan. El carácter canónico de la PS popular no se limita a resumir como son las cosas, sino tmb (muchas veces de forma implícita) como deberían ser. Cuando las cosas “son como deben ser”, las narraciones de la PS popular son innecesarias.
LA PS popular tmb postula la insistencia de un mundo fuera de nosotros q modifica la expresión de nuestros deseos y creencias. Este mundo es el contexto en el q se sitúan nuestros actos, y el estado en el q se encuentra el mundo puede proporcionar razones para nuestros deseos y creencias. Los deseos pueden llevarnos a encontrar sgdos en contextos en los q otros no encontrarían ninguno. Esta relación reciproca entre los estados q percibimos en el mundo y nuestro propio deseo, según la cual ambos se afectan mutuamente, crea un sutil dramatismos en torno a la acción humana, q tmb informa la estruct narrativa de la PS. Popular. Una reconstrucción de este tipo puede efectuarse en la vida real mediante las indagacio0nes de un proceso judicial o puede dar lugar, en la ficción, a toda una novela. Pero la PS popular deja sitio a estas reconstrucciones: “la verdad es mas extraña q la ficción”. En la PS popular se da por supuesto q la gente posee un conocim del mundo q adopta la forma de creencias, y se supone q todo el mundo utiliza este conocim del mundo a la hora de llevar a cabo cualquier programa de deseos o acciones.
La división entre un mundo “interior” de experiencia y un mundo “exterior”, q es autónomo respecto a la experiencia, crea 3 dominios, c/u de los cuales requiere una forma distinta de interpretación. El 1º es un dominio q se encuentra bajo el control de nuestros propios estados intencionales: un dominio en el cual el Yo como agente opera con conocim del mundo y con deseos q se expresan de una manera congruente con el contexto y las creencias. El tercer tipo de acontecimiento se produce “desde afuera” de una manera q escapa de nuestro control. Es el dominio de la “naturaleza”. En el 1º dominio somos de alguna manera responsables del mundo de los acontecimientos, mientras q en el 3º no.
Existe una 2º clase de acontecimiento que es problemática, y requiere una forma mas elevada de interpretación para poder distribuir adecuadamente la parte de responsabilidad q corresponde a la gente indiv y la que corresponde a la naturaleza. El segundo se suele considerar gobernado ya sea por alguna forma de magia o, en la cultura occidental contemporáneos, por el cientificismo de la PS fisicalista y reduccionista.
En su fuero interno, toda las PS populares contienen una noción sorprendentemente compleja del Yo agente.
La PS popular trata de agentes humanos q hacen cosas basándose en sus creencias y deseos, q se esfuerzan por alcanzar metas y encuentran obstáculos q superan o q les doblegan, todo lo cual ocurre en un periodo prolongado de tiempo.

Las narraciones à quizás su propiedad más importante sea el hecho de q son inherentemente secuénciales: una narración consta de una secuencia singular de sucesos, estados mentales, acontecim en los q participan seres humanos como personajes o actores. Estos componentes no poseen una vida o significado propio. Su sgdo viene dado por el lugar q ocupa de la configuración global de la totalidad de la secuencia: su trama o fabula. El acto de comprender una narración es, por consiguiente, dual: tenemos q captar la trama q configura la narración para poder dar sentido a sus componentes, q hemos de poner en relación con la trama. Por la configuración de la trama debe, a su vez, extraerse  a partir de la secuencia de acontecimientos.
Una segunda caract de las narraciones es q pueden ser “reales” o “imaginarias” sin menoscabo de su poder como relatos. Es decir, el sentido y la referencia de una relato guardan entre si una relación anómala. Lo q determina su configuración global o trama es la secuencia de sus oraciones, no la verdad o falsedad de esas oraciones. La q resulta indispensable para el sgdo de un relato y para la forma de organización mental mediante la cual es captada.
El hecho de q la descripción “empírica” del historiador y el relato imaginario del novelista compartan la forma narrativa resulta bastante sorprendente.
La mayor parte de los esfuerzos por encontrar una “disposición” a organizar la experiencia de forma narrativa derivado de la noción aristotélica de “mimesis”. Aristóteles utilizo esta idea para describir la manera en q el drama imitaba la vida, intentando aparentemente sugerir q, la narración consistía en contar las cosas tal y como habían sucedido, de tal forma q el orden de la narración vendría determinado con el orden e los acontecim de la vida real. La mimesis consistía en captar “la vida en acción”, elaborando y mejorando lo q sucedía,. “La forma de vida a la q corresponde el discurso narrativo es nuestra condición histórica misma”. “La mimesis” afirma, “es una especie de metáfora de la realidad”. “Se refiere a la realidad no para copiarla, sino para otorgarle una nueva lectura”. Y es en virtud de esta relación metafórica, según argumenta desp, por lo q la narración puede seguir adelante aun “con la suspensión de la exigencia referencial del lenguaje normal!”, o , lo q es lo mismo, sin la obligación de tener q “corresponderse” con el mundo de la realidad extralingüística.

Otra característica crucial de la narración es su especialización en la elaboración de vínculos entre lo excepcional y lo corriente. La PS popular se encuentra investida de canonicídad. Se centra en lo esperable y/o lo usual de la condición humana. Dota a ambos de legitimidad o autoridad. Sin embargo, posee medios muy poderosos construidos a propósito para hacer que lo excepcional y lo inusual adopten una forma comprensible. Porque la viabilidad de la cultura radica en su capac para resolver conflictos, para explicar las diferencias y renegociar los sgdos comunitarios. Aunque una cultura debe contener un Conj. de normas, tmb debe contener un Conj. de procedimientos de interpretación q permitan q las desviaciones de esas formas cobren sgdo en función de patrones de creencia establecidos. La PS popular recurre a la narración y la interpretación narrativa para lograr este tipo de sgdos. Los relatos alcanzan su sgdo explicando las desviaciones de lo habitual de forma comprensible, proporcionando la lógica imposible.
Comencemos por lo “corriente” o lo “habitual”, lo q la gente da por supuesto en relación con la conducta q se produce a su alrededor.
La historia, casi invariablemente, consistirá en la descripción de un mundo posible en el q se hace q, de algún modo, la excepción q se ha encontrado tenga sentido o “sgdo”.
Conducta excepcional implica tanto un estado intencional en el protagonista (una creencia o deseo) como algún elemento canónico de la cultura (una fiesta nacional). La función de la historia es encontrar un estado intencional q mitigue o al menos haga comprensible la desviación respecto al patrón cultural canónico.


Las historias tienen que relacionarse necesariamente con lo que es moralmente valorado, moralmente apropiado o moralmente incierto. La noción misma de problema presupone q las acciones deben ajustarse adecuadamente a las metas, los escenarios deben corresponder a los instrumentos, y así sucesivamente. La historia, llevada a término, son exploraciones de los limites de la legitimidad. Resultan “semejantes a la vida”; en ellas se explica, o incluso, se corrige moralmente un problema. Y, si el relato esta plagado de desproporciones ambiguas, es porque los narradores intentan subvertir los medios convencionales mediante los cuales las historias adoptan una actitud moral. Narrar una historia supone ineludiblemente adoptar una postura moral.
Hay otra caract de las narraciones bien construidas; su “paisaje dual”. Esto quiere decir q los acontecimientos y las acciones del mundo supuestamente “real” ocurren al mismo tiempo q una serie de acontecimientos mentales en la CC de los protagonistas. Las historias tienen q ver con como interpretan las cosas los protagonistas, q significan las cosas para ellos. Esto es algo q se encuentra incorporado al aparato de la historia: el hecho de q esta implica tanto una convención cultural como una desviación respecto a esta ultima q puede explicarse a partir del estado intencional de un indiv. Esto otorga a las historias no solo un status moral, sino tmb un status epistémico.
La narración trata (casi desde las primeras palabras del niño), del tejido de la acción y la intencionalidad humana. Media entre el mundo canónico e la cultura y el mundo mas idiosincrático de las creencias, los deseos y las esperanzas. Hace q lo excepcional sea comprensible y mantiene la raya a lo siniestro. Reitero las normas de la sociedad sin ser didácticas. Proporciona una base para la retórica sin confrontación. Puede incluso enseñar, conservar recuerdos o alterar el pasado.

Muchas veces la ficción se disfraza con la “retórica de lo real” para conseguir su verosimilitud imaginaria. La forma ficticia proporciona muchas veces las líneas constructurales mediante las cuales se organiza la “vida real”. Si la verdad y la posibilidad resultan inexplicables en las narraciones, este hecho debería poner las narraciones de la ps popular a una extraña luz, dejando al oyente, como si dijéramos, perplejo respecto a q pertenece al mundo y q a la imaginación.
El lenguaje de una narración bien hecha difiere de una exposición bien elaborada por el empleo q hace de la “transformaciones subjuntivizadoras”.
Una historia q consiga alcanzar la incertidumbre o subjetividad necesaria debe cumplir unas funciones muy especiales `para aquellos q caen bajo su dominio.
Entrar en las historias “subjuntivas” es más fácil, resulta más sencillo identif con ellas. Con este tipo de historias es posible, como si iteramos, q “nos las proveemos” para ver si su talla psi encaja con la nuestra. La “omnipotencia del pensamiento” del niño permanece lo suficientemente intacta cuando somos adultos como para q nos encaramemos al proscenio para convertirnos en quienquiera q sea q se encuentre sobre el escenario y nos metamos en el aprieto de q se trate. Una historia es experiencia vicaria, y el tesoro de narraciones en q podemos entrar incluye, ambiguamente, “relatos de exp. reales” u ofertas de una imaginación culturalmente conformada.
La 2º hipótesis tiene q ver con como se aprende a distinguir. Una historia es la historia de alguien. Las historias tienen inevitablemente una voz narrativa: los acontecimientos se contemplan a través de una Conjunción peculiar de prismas personales. Cuando las historias adoptan la forma, como sucede tan a menudo, de justificaciones o “excusas”, su tono retórico es evidente. Carecen del carácter de “muerte súbita” de las exposiciones construidas de forma objetiva, en la q las cosas se reflejan “como son”. Las historias son instrumentos especialmente indicados para la negociación social. Y su status, aun cuando se consideran historias “veraces”, permanece siempre en un terreno a medio camino entre lo real y lo imaginario. La existencia del relato o la historia como forma es una garantía perpetua de q la humanidad simple “ira mas allá” de las versiones recibidas de la realidad.
Existe un lado ineludiblemente “humano” en el hecho de dar sentido a algo.

Dos cuestiones:
1- De carácter mas bien tradicional, suele recibir el nombre de elaboración de “marcos” o esquematización.
2- “La regulación afectiva”.
La elaboración de marcos proporciona un medio de “construir” el mundo, de caracterizar su curso, de segmentar los acontecimientos q ocurren en él, etc.
La manera típica de enmarcar la exp. es la modalidad narrativa, lo q “no” se estructura de forma narrativa se pierde en la memoria.
La exp. y la memoria del mundo social están fuertemente estructuradas no solo por concepciones profundas internalizadas y narrativizadas de la PS popular, sino tmb por las instituciones históricamente enraizadas q una cultura elabora para apoyarlas e inculcarlas.
No intentamos solo convencernos a nos mismos de nuestras reconstrucciones de memoria. Recordar el pasado tmb cumple una función de dialogo. El interlocutor de la persona q recuerda (ya sea estando presente en carne y hueso o en la forma abstracta de un grupo de referencia) ejerce una presión sutil pero continua.
Los procesos implicados en “tener y retener” experiencias están informados por esquemas impregnados de concepciones de la PS popular sobre nuestro mundo: las creencias constituyentes y las narraciones a mayor escala q los contienen en estas configuraciones temporales o trama a la q hicimos referencia antes.


Las narraciones no pueden reducirse meramente a la estruct de su trama o al dramatismo. Tmb son una manera de usar el lenguaje. Ya q parece q su efectividad depende de su “literariedad”, incluso al relatar sucesos cotidianos. Las narraciones dependen de una medida sorprendente. Las narraciones dependen en una medida sorprendente del poder de los tropos, es decir, de la metáfora, la metonimia, la sinécdoque, la implicación y demás figuras. Sin ello, las narraciones pierden su poder de “ampliar el horizonte de posibilidades”, de explorar todo el espectro de conexiones entre lo excepcional y lo corriente.
Las narraciones, además, deben ser concretas: deben “ascender a lo particular”. Una vez conseguidas sus particularidades, las convierte en tropos: sus Agentes, Acciones, Escenarios, Meta e Instrumentos se convierten en emblemas.
Los emblemas se “interpretan”. No hay manera de llegar lógicamente a sus condiciones de “verdad”. No pueden descomponerse con un Conj. de proporciones atómicas q nos permitan aplicarles operaciones lógicas. Ni podemos extraes sin ambigüedad su “sustancia”. La interpretación q ofrecemos, es normativa. No se puede defender ninguna de estas interpretaciones sin adoptar una postura moral y una actitud retórica. Interpretamos la historia por su verosimilitud, por su “apariencia de verdad”, o por su “similitud de verdad”.
Los sgdos interpretativos del tipo al q nos referimos son metafóricos, alusivos, muy sensibles al contexto. Pero son la moneda de la cultura y de su PS popular narrativizada.
No hay q confundir el “proceso” de pensar, por un lado, y el “pensamiento puro”, por otro. EL primero es totalmente irrelevante `para el ámbito del sgdo: es subjetivo, privado, sensible al contexto e idiosincrático; mientras q los pensam puros, encarnados en proporciones, son compartidos y públicos.
Los investigadores de la mente han concentrados sus esfuerzos en restaurar el contexto comunicativo en el análisis de sgdo.
Las conversaciones compartidas q hacían q la emisión lingüística de un hablante encajase con las condiciones de su utilización no eran condiciones de verdad, sino, “condiciones de felicidad”: reglas relativas no solo al contenido proporcional de una oración, sino tmb a unas precondiciones contextuales necesarias, a la sinceridad del intercambio y a las condiciones esenciales q definen la naturaleza del acto de habla.
El sgdo del habla localizada se hizo cultural y convencional, y su análisis paso a estar empíricamente basado y justificado en lugar de ser meramente intuitivo. Es en este sentido en el q he propuesto la restauración del proceso de construir sgdos como la esencia de la PS cultural, de una “revolución cognitiva” renovada. El concepto de “sgdo” entendido de esta manera y según estos ppios, ha vuelto a conectar las conversaciones lingüísticas con la red de conversaciones q constituyen una cultura.
Al comprender los fenómenos culturales, la gente no se enfrenta al mundo acontecimiento por acontecimiento. O a un texto frase por frase. Los acontecim y las frases se enmarcan en estructuras mayores. Estas estruct mayores proporcionan un contexto interpretativo para los componentes q abarcan.
Solo podemos comprender los ppios q rigen la interpretac y elaboración de los sgdos en la medida en q seamos capaces de especificar la estructura y coherencia en los contextos mas amplios en q se crean y transmiten significados específicos. Rechazar la importancia teórica q el significado tiene para la psic. argumentando q es un concepto “vago” no nos va a llevar a ninguna parte.   




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jueves, 9 de febrero de 2017


VENTURAS Y DESVENTURAS DE UN PSICOLOGO
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 https://www-contacto11.blogspot.cBertrand Regader
Psicólogo educativo | Director de Psicología y Mente


Los psicólogos y estudiantes de psicología se enfrentan, día tras día, a un buen número de clichés, estereotipos y mitos en torno a su profesión. Una faceta de estos clichés son las frases que, por alguna razón, todo psicólogo ha tenido que oír en múltiples ocasiones.

Son frases tópicas y manidas, fruto del desconocimiento sobre el oficio de psicólogo. Con este artículo esperamos concienciar a la población en general: ¡Abstente de usar estas frases tópicas! Tu familiar, amigo o conocido que se dedica a la psicología te lo agradecerá eternamente.

Empecemos:

Frases más odiadas por los psicólogos (o mitos sobre los psicólogos)
1. "¿Eres psicólogo? ¡No me leas la mente!"
Es una frase que puede irritar bastante al psicólogo. Nadie tiene la capacidad para leer la mente de otras personas, nadie. Si así fuera, los profesionales de la salud mental no usaríamos tests y multitud de técnicas para explorar la psique del paciente; bastaría una “lectura mental” para conocer los problemas de la persona.

Por otra parte, ¿a qué viene esa actitud agresiva? Tal vez no seas la persona más interesante del mundo, no tengo por qué anhelar descubrir las cosas maravillosas que piensas. No hace falta que me adviertas de algo que ni se me había ocurrido hacer.

Los psicólogos nos dedicamos a analizar patrones conductuales, rasgos de personalidad, contextos psicosociales y ese tipo de cosas. A partir de esa información objetiva, podemos trazar alguna hipótesis sobre los pacientes, o prever conductas que pueden desarrollarse en el futuro en base a los parámetros estudiados. Esto significa que no somos como Sandro Rey: no tenemos bolas de cristal ni gafas “científicamente comprobadas” que nos permitan ver más allá de la percepción común.

También está la persona afable que insiste en que le “leas la mente”. Esta es una variante simpática del tópico, puesto que por lo menos no nace de una actitud pasivo-agresiva. Unas palabras para la persona que me pide que le lea la mente: admiro tu predisposición abierta y jovial ante la vida y que quieras mostrarme tu mundo interior. Espero no decepcionarte si te digo que el trabajo de psicólogo es mucho menos místico. De todos modos, te invito a un café, para compensarte.

2. "Los psicólogos están locos"
No es insensato pensar que en todo psicólogo hay un punto de locura. Ocurre con toda aquella persona que ama su disciplina de conocimiento; aquello que ha estudiado y que probablemente es su vocación. Es quizá por esta razón que la gente puede concluir que “aquel que pasa tanto tiempo pensando en la psique, quizá puede acabar un poco tocado...”.

Lo cierto es que muchas series televisivas han abonado el terreno para que este mito de la locura de los psicólogos vaya ganando adeptos. Los productos culturales que nos ofrecen son ficción y sus tramas se basan en lo anómalo, lo inesperado, lo impactante... de ahí que los psicoterapeutas que cobran vida en las series o películas sean de lo más excéntricos. Igual que, por ejemplo, el Doctor House encarna a un médico misántropo y adicto a los narcóticos, pero extrapolar que todos los médicos son como él sería un craso error.

Con todo, la realidad es bien distinta. La mayoría de psicólogos y psicólogas somos muy normalitos, y hasta aburridos, si me apuras.

3. "¿Dónde está el diván? No puedes ser psicólogo si no tienes diván"
Para empezar: a los psicólogos no nos regalan el diván en el acto de graduación. Comprarse un diván si vas a pasar consulta (que esta es otra, no todos los psicólogos se dedican a la psicoterapia) no es obligatorio ni se vulnera ninguna ley si no lo tienes.

El diván fue muy usado por los psicoanalistas por una cuestión de tradición. Algunos psicoterapeutas actuales, sean de la corriente del psicoanálisis o de cualquier otra, pueden decidir tenerlo, o no. El diván no tiene poderes mágicos ni supone ningún valor añadido. Su función es servir para que el paciente se relaje y pueda expresar mejor sus inquietudes y problemas, y para evitar que mire a los ojos del psicoterapeuta y pueda sentirse cohibido.

Si vas a terapia y tu psicólogo no tiene diván sino un sofá normal y corriente o bien una butaca o tresillo, por favor, no pienses que es un mal psicólogo por ello, y evita que tenga que oír la frase cliché: “¿dónde está el diván?”.

4. "Con lo que cobran los psicólogos, deben de ser ricos"
Este punto depende mucho del país en el que te encuentres: en cada región existen unos parámetros de honorarios al psicoterapeuta, o la profesión está valorada mejor o peor. Esto influye en lo que se paga por una sesión de psicoterapia. ¿Es caro ir al psicólogo? Pues bueno... como diría Pau Danés, todo depende.

En términos generales, los psicólogos no somos ricos. Ni mucho menos, vaya. Muchas personas se creen que estudiando la carrera de Psicología van a hacerse millonarias pasando consulta, y luego se encuentran con la cruda realidad.

Entonces, ¿por qué cobran tanto los psicólogos? Bueno, empecemos a hacer cuentas. Debes ser consciente a la hora de valorar si es muy cara una sesión de terapia que los terapeutas hemos estudiado cinco años de carrera y, habiéndonos graduado, hemos tenido que cursar posgrados, másters... Es una inversión en tiempo y dinero nada desdeñable. Los másters en España no bajan de los 3.000€. Y, con la última subida de tasas, cada año de la carrera puede costar más de 1.500€.

Por otra parte, los tests necesarios para diagnosticar pacientes son asombrosamente caros. Súmale el alquiler del despacho, los impuestos (IRPF, autónomo...), el seguro de resposabilidad civil, el material (el diván también, pero es opcional). Y fíjate, además, que los psicólogos no solo trabajamos con nuestros pacientes durante las sesiones, sino que podemos pasarnos muchas horas en casa repasando el historial, buscando información, corrigiendo tests y actividades, aprendiendo mejores técnicas, actualizándonos, formándonos... Hay muchas horas invertidas detrás de cada paciente, y no se ven a simple vista.

En cualquier caso, y sobre todo tras la crisis, lo cierto es que hay psicólogos que pueden tratarte a un precio muy asequible. También los hay que, por una cuestión de prestigio, cobran mucho más caras las sesiones. De todo hay en la viña del señor, pero si de verdad necesitas terapia, el dinero no debería ser impedimento.

5. "No, es que yo no creo en eso" (en la psicología)
Me alegro por ti, que lo sepas. De corazón.

Pero procedamos a analizar esta frase cliché. La verdad es que la psicología no es ni una religión ni nada parecido. No se trata de "creer o no creer", como si la psicología fuera algo así como un acto de fe. Tú puedes no creer en la ley de la gravedad, pero está demostrado que existe algo que atrae los cuerpos hacia el suelo. En consecuencia, tu opinión al respecto resulta totalmente irrelevante puesto que las leyes físicas están ahí y no van a dejar de actuar por mucho que no creas en ellas. Podríamos decir que la psicología o la física tienen suficiente autoestima como para que no les afecte que tú pases de ellas.

La psicología se rige por el método científico; intenta analizar la realidad partiendo de bases metodológicas contrastadas para poder llegar a conclusiones veraces. Esto no quiere decir que todo lo que lleva el apellido “psicología” sea absolutamente indiscutible, ni quiere decir que no pueda haber fallos metodológicos que puedan conducir a conclusiones equivocadas (como ocurre en casi cualquier ciencia social o de la salud).

La psicología es una ciencia que actualmente se enmarca dentro de las ciencias de la salud. No puedes “no creer” en la psicología, en todo caso tendrás una visión crítica sobre la metodología y la empiria usada por esta disciplina. Las pruebas empíricas que aporta la psicología en torno al conocimiento sobre la psique son dinámicas y mutables, de eso no hay duda (¡el ser humano es cambiante!), pero es innegable que estos datos redundan en una mejora de la calidad de vida de las personas que acuden a terapia, esto está demostrado científicamente (perdón por la tautología).

Por supuesto, el estudio de la psicología está normativizado dentro de un marco legal bastante exigente.

Si con esa frase de "No creo en la psicología" quieres dar a entender que no te gustan los psicólogos, estás en tu derecho de tener esa opinión, pero si es ese el caso es mejor que te expliques adecuadamente y que no emplees la frase típica, porque como has podido leer, es una falsedad.

6. “No te puedes enfadar; ¡eres psicólogo!”
Siguiendo esta misma lógica, un médico no se puede resfriar, un mecánico no puede tener una avería en su coche o un dentista no puede tener dolor en una muela. Debes tener en cuenta que los psicólogos nos exponemos a altas cotas de estrés: nos enfrentamos a la carga emocional que supone escuchar todos los problemas de los pacientes, y se supone que estamos entrenados para que no nos afecte, pero...

Fuera de la consulta, los psicólogos somos personas de carne y hueso, nos emocionamos, reímos, lloramos, y... tenemos defectos. Aunque resulte increíble.

A pesar de que nuestra formación y profesión nos doten de habilidades en el control de las emociones y la gestión del estrés y los conflictos, no somos inmunes a tener malos momentos, cometer errores, enfadarnos, etcétera. Esto no quiere decir que seamos malos psicólogos: hay que aprender a separar la vida personal y la profesional, y saber ponderar también que los psicoterapeutas somos personas, y por tanto, la perfección no es nuestro denominador común. Ni el nuestro, ni el de nadie.

7. “¡La psicología no es una ciencia!”
Volvemos otra vez a ese tipo de personas que, por un motivo u otro, “no creen en la psicología”. Esta vez es el turno de la persona que asevera que la psicología no es una ciencia. Primero de todo, cabría preguntarse qué entiende esa persona por “ciencia”. Porque tal vez su visión de lo científico se reduce a leyes matemáticas y físicas, perfectas e inmutables. Esta visión purista del concepto 'ciencia' no está aceptada por casi nadie.

En realidad, ciencia es... (tiremos de enciclopedia):

«El conjunto ordenado de conocimientos estructurados sistemáticamente. La ciencia es el conocimiento que se obtiene mediante la observación de patrones regulares, de razonamientos y de experimentación en ámbitos específicos, a partir de los cuales se generan preguntas, se construyen hipótesis, se deducen principios y se elaboran leyes generales y sistemas organizados por medio de un método científico.»

[Fuente: Wikipedia]
Y, sin duda, la psicología es ciencia en tanto que es la disciplina de conocimiento que estudia, de forma ordenada y siguiendo el método científico, la conducta humana y los procesos mentales. Lo que quiere decir esto es que la psicología establece hipótesis sobre fenómenos y luego los comprueba empíricamente (mediante la observación sistemática), como cualquier otra ciencia. De hecho, la psicología no deja de ser una disciplina que bebe de la biología, la medicina, la química, las neurociencias, las ciencias sociales y hasta la mecánica cuántica. ¿No son ciencias, tampoco?

La psicología, por tanto, sí es una ciencia. Es un hecho consumado, no una opinión. Si te crees el amo del universo vanagloriándote de tu escepticismo, te recomiendo la lectura atenta del siguiente artículo:

"Efecto Dunning-Kruger: cuanto menos sabemos, más listos nos creemos"
Sin rencores.

8. Te encuentras con una persona de casualidad, empezáis una conversación, por casualidad se entera de que eres psicólogo y... Te explica sus problemas y te exige diagnóstico y tratamiento en 5 minutos.
A qué psicólogo no le ha ocurrido: coges un taxi para ir a otro punto de la ciudad, y en cuanto el taxista se entera de tu profesión, empieza a bombardearte con sus historias personales y espera que le “diagnostiques” y le “cures” antes de llegar al destino.

Vamos a ver: volviendo un poco a lo mismo, los psicólogos no somos magos ni hacemos milagros. Lo siento, de verdad. Tampoco es muy grato que alguien te explique sus problemas en cinco minutos, a toda prisa, y te responsabilice de su futuro a tenor de un diagnóstico y una cura que tienes que realizar a la velocidad del sonido.

Normalmente, los psicólogos somos personas abiertas y no tenemos ningún problema en echar una mano a quien lo necesita. Pero tienes que entender que, de igual forma que el médico no está las 24 horas del día explorando a personas que se encuentra por la calle en búsqueda de enfermedades o el camarero no se dedica a ofrecerte el menú cuando está de vacaciones, el psicólogo tampoco puede estar permanentemente atendiendo los problemas psicológicos o las inquietudes existenciales de desconocidos.

Hay que saber cuándo es el momento de exponer estas cuestiones, y de qué modo hacerlo. Para establecer un diagnóstico serio, es preciso un trabajo de horas, hasta días, de exploración metódica; requiere de concentración por parte del psicólogo.

Y, sea como sea y por mucho humanismo que se nos atribuya, también debes tener en cuenta que intentamos ganarnos la vida con nuestro trabajo.

9. “¡Ir al psicólogo es para tarados mentales!”
Esta es una de las frases más irritantes, puesto que demuestra una ignorancia absoluta a muchos niveles. Empecemos: ¿qué es para ti un un tarado mental? ¿Un loco? Si te refieres a personas que tienen algún tipo de problema emocional, algún desorden temporal del estado de ánimo, o algún conflicto familiar... ¿cuánta gente se escaparía de tu concepción de loco?

Además, por si no lo sabías, los psicólogos también tratan cuestiones tan asépticas como bajas laborales, dificultades en el aprendizaje o problemas de pareja... Por no hablar de la rama de la psicología positiva, que se encarga de potenciar las cualidades de la persona (y que por tanto su objetivo no es “tratar” nada, sino potenciar algunas habilidades en que la persona quiere mejorar).

Desde luego, decir que los que van al psicólogo es porque están locos es una auténtica barbaridad. Lo que es de locos es no buscar ayuda cuando no estás bien. Y ten en cuenta que todas las personas, en algún momento de su vida, pasarán por algún tipo de conflicto en el que sería necesaria la intervención de un terapeuta.

Ninguno de los casos mencionados entra dentro del saco de la “locura”. Pedir ayuda a un profesional si tienes un problema no va a hacer que ese problema sea mayor o menor. La cuestión es intentar ayudar a las personas, y cada caso es único. No caigamos en estigmas propios del desconocimiento con aquellos que tienen la valentía de afrontar sus miedos.

10. “El otro día tuve un sueño... (te lo explica) ¿qué significa?”
Ser psicólogo no es lo mismo que ser psicoanalista. Y apuesto que la mayoría de psicoanalistas tampoco sabrían ofrecerte una explicación rigurosa sobre el significado del sueño que acabas de explicar en tres minutos, sin conocer más datos de relevancia crucial a la hora de indagar sobre algo tan complejo e intangible como tu inconsciente.

La realidad es que la mayoría de psicólogos no tenemos formación en este tipo de teorías que inquieren acerca de la interpretación de los sueños en base al análisis del inconsciente, los símbolos, etcétera. Esto es así.

A modo de diversión, la mayoría de terapeutas podemos intentar hacer alguna hipótesis sobre qué creemos que pueden significar estos sueños que has explicado, pero no esperes una conclusión incontestable, porque no dejará de ser una interpretación sumaria y faltarán muchísimos datos para poder analizar bien cómo funciona tu inconsciente.om


Bertrand Regader
Psicólogo educativo | Director de Psicología y Mente


Los psicólogos y estudiantes de psicología se enfrentan, día tras día, a un buen número de clichés, estereotipos y mitos en torno a su profesión. Una faceta de estos clichés son las frases que, por alguna razón, todo psicólogo ha tenido que oír en múltiples ocasiones.

Son frases tópicas y manidas, fruto del desconocimiento sobre el oficio de psicólogo. Con este artículo esperamos concienciar a la población en general: ¡Abstente de usar estas frases tópicas! Tu familiar, amigo o conocido que se dedica a la psicología te lo agradecerá eternamente.

Empecemos:

Frases más odiadas por los psicólogos (o mitos sobre los psicólogos)
1. "¿Eres psicólogo? ¡No me leas la mente!"
Es una frase que puede irritar bastante al psicólogo. Nadie tiene la capacidad para leer la mente de otras personas, nadie. Si así fuera, los profesionales de la salud mental no usaríamos tests y multitud de técnicas para explorar la psique del paciente; bastaría una “lectura mental” para conocer los problemas de la persona.

Por otra parte, ¿a qué viene esa actitud agresiva? Tal vez no seas la persona más interesante del mundo, no tengo por qué anhelar descubrir las cosas maravillosas que piensas. No hace falta que me adviertas de algo que ni se me había ocurrido hacer.

Los psicólogos nos dedicamos a analizar patrones conductuales, rasgos de personalidad, contextos psicosociales y ese tipo de cosas. A partir de esa información objetiva, podemos trazar alguna hipótesis sobre los pacientes, o prever conductas que pueden desarrollarse en el futuro en base a los parámetros estudiados. Esto significa que no somos como Sandro Rey: no tenemos bolas de cristal ni gafas “científicamente comprobadas” que nos permitan ver más allá de la percepción común.

También está la persona afable que insiste en que le “leas la mente”. Esta es una variante simpática del tópico, puesto que por lo menos no nace de una actitud pasivo-agresiva. Unas palabras para la persona que me pide que le lea la mente: admiro tu predisposición abierta y jovial ante la vida y que quieras mostrarme tu mundo interior. Espero no decepcionarte si te digo que el trabajo de psicólogo es mucho menos místico. De todos modos, te invito a un café, para compensarte.

2. "Los psicólogos están locos"
No es insensato pensar que en todo psicólogo hay un punto de locura. Ocurre con toda aquella persona que ama su disciplina de conocimiento; aquello que ha estudiado y que probablemente es su vocación. Es quizá por esta razón que la gente puede concluir que “aquel que pasa tanto tiempo pensando en la psique, quizá puede acabar un poco tocado...”.

Lo cierto es que muchas series televisivas han abonado el terreno para que este mito de la locura de los psicólogos vaya ganando adeptos. Los productos culturales que nos ofrecen son ficción y sus tramas se basan en lo anómalo, lo inesperado, lo impactante... de ahí que los psicoterapeutas que cobran vida en las series o películas sean de lo más excéntricos. Igual que, por ejemplo, el Doctor House encarna a un médico misántropo y adicto a los narcóticos, pero extrapolar que todos los médicos son como él sería un craso error.

Con todo, la realidad es bien distinta. La mayoría de psicólogos y psicólogas somos muy normalitos, y hasta aburridos, si me apuras.

3. "¿Dónde está el diván? No puedes ser psicólogo si no tienes diván"
Para empezar: a los psicólogos no nos regalan el diván en el acto de graduación. Comprarse un diván si vas a pasar consulta (que esta es otra, no todos los psicólogos se dedican a la psicoterapia) no es obligatorio ni se vulnera ninguna ley si no lo tienes.

El diván fue muy usado por los psicoanalistas por una cuestión de tradición. Algunos psicoterapeutas actuales, sean de la corriente del psicoanálisis o de cualquier otra, pueden decidir tenerlo, o no. El diván no tiene poderes mágicos ni supone ningún valor añadido. Su función es servir para que el paciente se relaje y pueda expresar mejor sus inquietudes y problemas, y para evitar que mire a los ojos del psicoterapeuta y pueda sentirse cohibido.

Si vas a terapia y tu psicólogo no tiene diván sino un sofá normal y corriente o bien una butaca o tresillo, por favor, no pienses que es un mal psicólogo por ello, y evita que tenga que oír la frase cliché: “¿dónde está el diván?”.

4. "Con lo que cobran los psicólogos, deben de ser ricos"
Este punto depende mucho del país en el que te encuentres: en cada región existen unos parámetros de honorarios al psicoterapeuta, o la profesión está valorada mejor o peor. Esto influye en lo que se paga por una sesión de psicoterapia. ¿Es caro ir al psicólogo? Pues bueno... como diría Pau Danés, todo depende.

En términos generales, los psicólogos no somos ricos. Ni mucho menos, vaya. Muchas personas se creen que estudiando la carrera de Psicología van a hacerse millonarias pasando consulta, y luego se encuentran con la cruda realidad.

Entonces, ¿por qué cobran tanto los psicólogos? Bueno, empecemos a hacer cuentas. Debes ser consciente a la hora de valorar si es muy cara una sesión de terapia que los terapeutas hemos estudiado cinco años de carrera y, habiéndonos graduado, hemos tenido que cursar posgrados, másters... Es una inversión en tiempo y dinero nada desdeñable. Los másters en España no bajan de los 3.000€. Y, con la última subida de tasas, cada año de la carrera puede costar más de 1.500€.

Por otra parte, los tests necesarios para diagnosticar pacientes son asombrosamente caros. Súmale el alquiler del despacho, los impuestos (IRPF, autónomo...), el seguro de resposabilidad civil, el material (el diván también, pero es opcional). Y fíjate, además, que los psicólogos no solo trabajamos con nuestros pacientes durante las sesiones, sino que podemos pasarnos muchas horas en casa repasando el historial, buscando información, corrigiendo tests y actividades, aprendiendo mejores técnicas, actualizándonos, formándonos... Hay muchas horas invertidas detrás de cada paciente, y no se ven a simple vista.

En cualquier caso, y sobre todo tras la crisis, lo cierto es que hay psicólogos que pueden tratarte a un precio muy asequible. También los hay que, por una cuestión de prestigio, cobran mucho más caras las sesiones. De todo hay en la viña del señor, pero si de verdad necesitas terapia, el dinero no debería ser impedimento.

5. "No, es que yo no creo en eso" (en la psicología)
Me alegro por ti, que lo sepas. De corazón.

Pero procedamos a analizar esta frase cliché. La verdad es que la psicología no es ni una religión ni nada parecido. No se trata de "creer o no creer", como si la psicología fuera algo así como un acto de fe. Tú puedes no creer en la ley de la gravedad, pero está demostrado que existe algo que atrae los cuerpos hacia el suelo. En consecuencia, tu opinión al respecto resulta totalmente irrelevante puesto que las leyes físicas están ahí y no van a dejar de actuar por mucho que no creas en ellas. Podríamos decir que la psicología o la física tienen suficiente autoestima como para que no les afecte que tú pases de ellas.

La psicología se rige por el método científico; intenta analizar la realidad partiendo de bases metodológicas contrastadas para poder llegar a conclusiones veraces. Esto no quiere decir que todo lo que lleva el apellido “psicología” sea absolutamente indiscutible, ni quiere decir que no pueda haber fallos metodológicos que puedan conducir a conclusiones equivocadas (como ocurre en casi cualquier ciencia social o de la salud).

La psicología es una ciencia que actualmente se enmarca dentro de las ciencias de la salud. No puedes “no creer” en la psicología, en todo caso tendrás una visión crítica sobre la metodología y la empiria usada por esta disciplina. Las pruebas empíricas que aporta la psicología en torno al conocimiento sobre la psique son dinámicas y mutables, de eso no hay duda (¡el ser humano es cambiante!), pero es innegable que estos datos redundan en una mejora de la calidad de vida de las personas que acuden a terapia, esto está demostrado científicamente (perdón por la tautología).

Por supuesto, el estudio de la psicología está normativizado dentro de un marco legal bastante exigente.

Si con esa frase de "No creo en la psicología" quieres dar a entender que no te gustan los psicólogos, estás en tu derecho de tener esa opinión, pero si es ese el caso es mejor que te expliques adecuadamente y que no emplees la frase típica, porque como has podido leer, es una falsedad.

6. “No te puedes enfadar; ¡eres psicólogo!”
Siguiendo esta misma lógica, un médico no se puede resfriar, un mecánico no puede tener una avería en su coche o un dentista no puede tener dolor en una muela. Debes tener en cuenta que los psicólogos nos exponemos a altas cotas de estrés: nos enfrentamos a la carga emocional que supone escuchar todos los problemas de los pacientes, y se supone que estamos entrenados para que no nos afecte, pero...

Fuera de la consulta, los psicólogos somos personas de carne y hueso, nos emocionamos, reímos, lloramos, y... tenemos defectos. Aunque resulte increíble.

A pesar de que nuestra formación y profesión nos doten de habilidades en el control de las emociones y la gestión del estrés y los conflictos, no somos inmunes a tener malos momentos, cometer errores, enfadarnos, etcétera. Esto no quiere decir que seamos malos psicólogos: hay que aprender a separar la vida personal y la profesional, y saber ponderar también que los psicoterapeutas somos personas, y por tanto, la perfección no es nuestro denominador común. Ni el nuestro, ni el de nadie.

7. “¡La psicología no es una ciencia!”
Volvemos otra vez a ese tipo de personas que, por un motivo u otro, “no creen en la psicología”. Esta vez es el turno de la persona que asevera que la psicología no es una ciencia. Primero de todo, cabría preguntarse qué entiende esa persona por “ciencia”. Porque tal vez su visión de lo científico se reduce a leyes matemáticas y físicas, perfectas e inmutables. Esta visión purista del concepto 'ciencia' no está aceptada por casi nadie.

En realidad, ciencia es... (tiremos de enciclopedia):

«El conjunto ordenado de conocimientos estructurados sistemáticamente. La ciencia es el conocimiento que se obtiene mediante la observación de patrones regulares, de razonamientos y de experimentación en ámbitos específicos, a partir de los cuales se generan preguntas, se construyen hipótesis, se deducen principios y se elaboran leyes generales y sistemas organizados por medio de un método científico.»

[Fuente: Wikipedia]
Y, sin duda, la psicología es ciencia en tanto que es la disciplina de conocimiento que estudia, de forma ordenada y siguiendo el método científico, la conducta humana y los procesos mentales. Lo que quiere decir esto es que la psicología establece hipótesis sobre fenómenos y luego los comprueba empíricamente (mediante la observación sistemática), como cualquier otra ciencia. De hecho, la psicología no deja de ser una disciplina que bebe de la biología, la medicina, la química, las neurociencias, las ciencias sociales y hasta la mecánica cuántica. ¿No son ciencias, tampoco?

La psicología, por tanto, sí es una ciencia. Es un hecho consumado, no una opinión. Si te crees el amo del universo vanagloriándote de tu escepticismo, te recomiendo la lectura atenta del siguiente artículo:

"Efecto Dunning-Kruger: cuanto menos sabemos, más listos nos creemos"
Sin rencores.

8. Te encuentras con una persona de casualidad, empezáis una conversación, por casualidad se entera de que eres psicólogo y... Te explica sus problemas y te exige diagnóstico y tratamiento en 5 minutos.
A qué psicólogo no le ha ocurrido: coges un taxi para ir a otro punto de la ciudad, y en cuanto el taxista se entera de tu profesión, empieza a bombardearte con sus historias personales y espera que le “diagnostiques” y le “cures” antes de llegar al destino.

Vamos a ver: volviendo un poco a lo mismo, los psicólogos no somos magos ni hacemos milagros. Lo siento, de verdad. Tampoco es muy grato que alguien te explique sus problemas en cinco minutos, a toda prisa, y te responsabilice de su futuro a tenor de un diagnóstico y una cura que tienes que realizar a la velocidad del sonido.

Normalmente, los psicólogos somos personas abiertas y no tenemos ningún problema en echar una mano a quien lo necesita. Pero tienes que entender que, de igual forma que el médico no está las 24 horas del día explorando a personas que se encuentra por la calle en búsqueda de enfermedades o el camarero no se dedica a ofrecerte el menú cuando está de vacaciones, el psicólogo tampoco puede estar permanentemente atendiendo los problemas psicológicos o las inquietudes existenciales de desconocidos.

Hay que saber cuándo es el momento de exponer estas cuestiones, y de qué modo hacerlo. Para establecer un diagnóstico serio, es preciso un trabajo de horas, hasta días, de exploración metódica; requiere de concentración por parte del psicólogo.

Y, sea como sea y por mucho humanismo que se nos atribuya, también debes tener en cuenta que intentamos ganarnos la vida con nuestro trabajo.

9. “¡Ir al psicólogo es para tarados mentales!”
Esta es una de las frases más irritantes, puesto que demuestra una ignorancia absoluta a muchos niveles. Empecemos: ¿qué es para ti un un tarado mental? ¿Un loco? Si te refieres a personas que tienen algún tipo de problema emocional, algún desorden temporal del estado de ánimo, o algún conflicto familiar... ¿cuánta gente se escaparía de tu concepción de loco?

Además, por si no lo sabías, los psicólogos también tratan cuestiones tan asépticas como bajas laborales, dificultades en el aprendizaje o problemas de pareja... Por no hablar de la rama de la psicología positiva, que se encarga de potenciar las cualidades de la persona (y que por tanto su objetivo no es “tratar” nada, sino potenciar algunas habilidades en que la persona quiere mejorar).

Desde luego, decir que los que van al psicólogo es porque están locos es una auténtica barbaridad. Lo que es de locos es no buscar ayuda cuando no estás bien. Y ten en cuenta que todas las personas, en algún momento de su vida, pasarán por algún tipo de conflicto en el que sería necesaria la intervención de un terapeuta.

Ninguno de los casos mencionados entra dentro del saco de la “locura”. Pedir ayuda a un profesional si tienes un problema no va a hacer que ese problema sea mayor o menor. La cuestión es intentar ayudar a las personas, y cada caso es único. No caigamos en estigmas propios del desconocimiento con aquellos que tienen la valentía de afrontar sus miedos.

10. “El otro día tuve un sueño... (te lo explica) ¿qué significa?”
Ser psicólogo no es lo mismo que ser psicoanalista. Y apuesto que la mayoría de psicoanalistas tampoco sabrían ofrecerte una explicación rigurosa sobre el significado del sueño que acabas de explicar en tres minutos, sin conocer más datos de relevancia crucial a la hora de indagar sobre algo tan complejo e intangible como tu inconsciente.

La realidad es que la mayoría de psicólogos no tenemos formación en este tipo de teorías que inquieren acerca de la interpretación de los sueños en base al análisis del inconsciente, los símbolos, etcétera. Esto es así.

A modo de diversión, la mayoría de terapeutas podemos intentar hacer alguna hipótesis sobre qué creemos que pueden significar estos sueños que has explicado, pero no esperes una conclusión incontestable, porque no dejará de ser una interpretación sumaria y faltarán muchísimos datos para poder analizar bien cómo funciona tu inconsciente.