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miércoles, 20 de julio de 2016

psicoanálisis y alcohol en adolescentes--resumen


La estrategia global contra el alcohol

La relación entre el adolescente y el alcohol es perjudicial para todos, tanto para ello como para el entorno social. Perjudica sus relaciones, sus estudios, perjudican a las familias, al conjunto de la sociedad y compromete el futuro del conjunto. Los jóvenes y adolescentes se identifican con el mundo de la noche y con las discotecas o pubs como forma de diversión y lugares de reunión. Si para frenar el consumo excesivo de alcohol se persiguen locales y ambientes nocturnos, se conseguirá lo contrario, pues los jóvenes consideran ese ambiente como parte de su identidad, y atacar al ambiente es como atacarlos a ellos, o al menos así lo interpretan. Por otro lado, no reaccionan ante los sermones paternalistas, charlas y consejos. Sólo duras imágenes como las empleadas en televisión, han logado algún impacto o resultado. A los adolescentes no les “corta” hacer algo que no este muy bien viste, que no sea bueno o que extrañe peligro. Lo que realmente les afecta es hacer el ridículo, la opinión de los amigos, amigas, la imagen. La escenografía del alcohol debe ser atacada pues, por el camino de la ridiculización y la ironía. Finalmente es necesario crear locales alternativos, no servir sustancias toxicas. Es importantísimo trabajar para que el alcohol pase de moda y poner de moda otras cosas. Las modas arrastran y determinan el comportamiento y costumbres de miles de jóvenes de todas las ciudades y pueblos. La estrategia global contra el alcohol en el mundo adolescente: seis puntos y sus desarrollos: 
  1. Prevención a nivel familiar y escolar. El  alcoholismo adolescente no se frenará con prohibiciones sino con prevención. La única prohibición realmente necesaria es la recogida por la ley, que impide a los establecimientos vender alcohol a menores de 16 años. Pero se hace necesario completar tal ley para hacerla funcional: en primer lugar se han de poner lo medios para que realmente se cumpla, y en segundo lugar, la prohibición debe hacerse extensible a la publicidad.
  2. No es congruente, ni lógico el intenta proteger al adolescente y prohibir la venta de alcohol a menores de 16 años, mientras se permite que la publicidad y los medios de comunicación dirijan sus anuncios hacia ellos.
  3. El alcohol ya ha conseguido identificar su imagen con la diversión, las fiestas, las discotecas e incluso la juventud. Así pues, no basta con poner coto a su publicidad, hay que romper esa identificación  utilizando los mismos medos que se ha empleado para lograrla. Deben tenerse en cuenta dos cuestiones: en primer lugar ha de emplearse el mismo mecanismo para llegar a los adolescentes, la estructura de los textos, las playas, los/las modelos, las imágenes blanco y negro, la música, etc. Y en segundo lugar deben desterrarse los mensajes tipo paternalistas, las advertencias o los consejos. Con los adolescentes lo realmente efectivo es el empleo de ridiculización e ironía. Contra anuncios.
  4. Luchar contra las bebidas alcohólicas en el ambiente discotequero supone ofrecer otras alternativas. Los simples refrescos no son suficientes, se hace necesario lanzar otro tipo de sustancias que pueden ofrecer beneficios a los vendedores y que utilicen además la misma infraestructura de venta y distribución que el alcohol de fin de semana. Han de tener buen sabor y ser atractivas y ha ser posible facilitar el aguante, pues no son pocos los que beben para resistir tantas horas seguidas de marcha.
  5. Irrumpir con tales bebidas es algo que debe hacerse de forma generalizada y utilizando todos los ambientes vespertinos y nocturnos. Promover y crear locales capaces de reproducir los ambientes predilectos de los adolescentes, tanto en forma de discotecas como de terracitas de verano, pero con una llamativa variación: que sólo se sirvan refrescos, zumos y un nuevo tipo de bebidas no alcohólicas. Cada local debiera tener su identidad propia y no guardar ninguna relación aparente con los demás de su misma condición. Deben ir dirigidas a públicos de distintas edades y no con una denominación que los identifique necesariamente con la adolescencia.
  6. Poner de moda lo anteriormente expuesto. Todos sabemos que los adolescentes son extremadamente sensibles al tema de las modas y se dejan dirigir por ellas. La inmensa mayoría de tales modas son creadas de forma artificial, con concienzudas campañas y unos intereses concretos. Todo debe hacerse con discreción y de forma inteligente, y los estamentos e intereses implicados en llevarla a cabo, deben buscar los resultados y la efectividad y no una publicidad gratuita uniendo su nombre a una buena causa. Una vez iniciada la campaña contra el alcohol, pequeños grupos de adolescentes bien escogidos e informados podrían poner de moda cualquier bebida o local con una buena imagen, buena música, algo de originalidad y un aparente aire selectivo. A los adolescentes les encanta variar y sentirse seleccionados.
Trabajo sobre el proceso de identidad
La búsqueda de identidad es clave y lleva a los menores a buscar de todo y a dejarse influir fácilmente. Como padres hay que estimular e incluso acelerar en lo posible la formación de la identidad del adolescente. Cuanto antes la alcance, antes quedará libre de la influencia de sustancias como el alcohol. Estimular la búsqueda de identidad no quiere decir dirigirla, sino “facilitar al menor todos los mecanismos necesarios para que madure”. Si se da una carencia de tales mecanismos, el alcohol logra introducirse como si fuera uno de ellos. Si por el contrario no hay carencia y el proceso es satisfactorio, la bebida resultará sin motivación práctica. Ni tan siquiera la presión de los amigos es determinante para un joven que madura correctamente, pues concede la justa importancia a la opinión y costumbres de los demás, pero no se deja dirigir por ellas.
¿Cómo se facilita y refuerza el proceso de maduración de un hijo? La respuesta es múltiple, se debe llevar a cabo de diversas maneras y en las distintas situaciones cotidianas. 
DECISIONES, RESPONSABILIDAD Y NORMAS.
El verdadero y último fin de la educación no es ya lograr la formación de un individuo culto, pues la cultura no garantiza necesariamente la expansión de los valores humanos y sociales. El fin último es conseguir hombres y mujeres lo suficiente responsables, como para desenvolverse por sus propios medios en el entramado de las sociedades actuales. Personas capaces de madurar sin dañar el entorno, y mejorarlo en la medida de sus posibilidades. Nuestra finalidad última es lograr que los adolescentes maduren y lleguen a ser lo suficientemente responsables como para comprender la necesidad del estudio, del trabajo o del sacrificio de determinadas situaciones, siendo capaces de actuar en pos de los demás,  desechando la concepción infantil hedonista centrada en la búsqueda del propio placer y beneficio, al margen de los medios empleados, e incapaz de colaborar en formación y mantenimiento del propio individuo social, pudiendo dar lugar a humanos asociales incapaces de convivir.
En demasiadas ocasiones olvidamos fomentar la responsabilidad entre los adolescentes, condicionándoles demasiadas unas veces y despreocupándonos otras. Es difícil lograr que madure un menor si se lo trata como a un niño, y no se le da la oportunidad de comportarse como un adulto. Es realmente difícil que un adolescente se haga responsable si no se le dan responsabilidades. Se hace necesario permitir a los propios hijos tomar el mayor número posible de decisiones en aquellas situaciones que les conciernen o afectan de forma directa. Esta debe ser la filosofía a la hora de actuar como educadores; resulta evidente que por su condición de personas en proceso de formación no tienen aún preparación y experiencia suficiente como para decidir en todo cuanto les concierne, pues podría ser peligroso para el propio menor o para los que le rodean. Es indispensable establecer unas normas en casa que indiquen los máximos y los mínimos entre los que se pueden mover a la hora de decidir sobre situaciones concretas.
Contestaciones contraproducentes:
  1. Se centran en una amenaza
  2. Imposición de un castigo en caso de no cumplirse con el horario señalado. Los castigos no se cumplen en muchas ocasiones y los adolescentes tienden a ver el perdón como un gesto de debilidad a la hora de implantar el castigo.  
  3. Se desmotiva al menor para que sea responsable, establece un juego de causa-efecto: tú llegas tarde, yo te castigo. El adolescente interioriza entonces que se manejan tales castigos para tales faltas, y cada vez que quiera cometer una lo hará, tras haber sopesado el efecto del castigo. No actuará movido por un afán de responsabilizarse y madurar, sino para evitar un castigo y obtener un beneficio.
Estas 3 razones producen un efecto de ralentización y marcha atrás en el proceso de maduración del adolescente. El procedimiento correcto, puede manifestarse mediante contestaciones más adecuadas. El adolescente se moverá entre unos máximos y  mínimos que previamente han sido establecidos, antes de que se produzca la situación. Es curioso observar cómo, la mayoría de los menores, decide una hora de llegada que en muchas ocasiones es incluso más prudente que las que sus padres estaban dispuestos a aceptar. Esto se produce por dos motivos: en primer lugar, siente la necesidad de corresponder a la confianza puesta en él, demostrando que es responsable, y en segundo lugar, su lógica le indica que agradando a sus padres le serán brindadas más oportunidades para tomar decisiones. Esta segunda respuesta paterno-filial, presenta 3 ventajas:
  1. No ce centra en amenazas y propicia, un clima de confianza.
  2. No implica la imposición de un castigo, y por tanto se evita la posibilidad de incumplirlo.
  3. Motiva al menor para que sea responsable, pues le da la oportunidad de serlo y demostrárselo a los demás y a sí mismo. Le permite también darse cuenta de la importancia que esto tiene, pues sus padres así se lo están haciendo ver al explicarle por qué le dejan tomar decisiones.
Los adolescentes que ven estimulado su proceso de maduración y toman responsabilidades, gracias a la actitud y apoyo de sus padres, presentan un insignificante porcentaje de acciones irresponsables e inmaduras, en comparación con aquellos que reciben una educación demasiado impositiva, amenazante, despreocupada o desentendida.
Va aumentando su capacidad para tomar decisiones, crece paralelamente su autoestima y su confianza en sí mismos. Cuanto mayor sea la autoestima de un adolescente, menor es la capacidad de influencia negativa que otros, o el medio ambiente, pueden ejercer sobre él. En definitiva, estimulando su proceso de maduración podemos ponerlos a salvo del alcohol.

EL SOBREPROTECCIONISMO.
Dificulta el normal desarrollo del proceso de maduración y mina la autoestima del sobre protegido. Esta tendencia no es mala en sí, y gracias a ella sobrevive durante sus primeros años de existencia. Ya durante la infancia, resulta negativo, pues no le permite experimentar normalmente e investigar, convirtiéndolo en miedoso e introvertido y desarrollando en el,  actitudes pasivas y poco sociales. Puede acarrear la necesidad de acudir a especialistas para desarrollar en el menor la ahogada confianza en si mismo y sus posibilidades, frente a la dependencia que le ha sido creada cara a sus padres.
La mayoría de los adolescentes se rebela ante las situaciones de sobre proteccionismo, y pueden llegar a desestimar cualquier advertencia o consejo paternal por considerarlo una exageración. También se corre el riesgo de sufrir una oposición frontal si el menor ve en tales advertencias o consejos un intento de seguir dirigiendo su vida.  Al llegar a la etapa adolescente puede dar rienda suelta a su necesidad de experimentación, y si ha sido demasiado controlado en su recién finalizada infancia, ni que decir tiene, que experimentará y se relacionará con cuestiones mucho más peligrosas que todas aquellas que las que de niño le protegíamos tanto.
Desde los primero años es necesario hacer una selección sobre todas aquellas cosas de las que es conveniente protegerle. Al llegar a la adolescencia esta protección debe reducirse a lo realmente peligroso, sin prescindir por ellos de todos los consejos o indicaciones que se quieran dar. Es conveniente advertir sobre algo mediante la narración de una experiencia vivida personalmente por los padres u otros familiares o allegados, pero no mediante la exposición de una teoría o norma generalizadora, pues el adolescente se puede sentir tentado a corroborar tal afirmación. Es conveniente también, repartir el papel del consejero entre distintas personas, ya que se proceden siempre de la misma, puede ser entendidas por el menor como una obsesión o un exceso de celo.
La labor de padres y educadores debe consistir en enseñar a ese niño-adolescente a saltar piedras y a levantarse tras la caída, no indicarle en cada momento donde va a encontrar una y cómo debe esquivarla.

ACTITUD CRÍTICA
No debe confundirse con la descalificación sistemática de personas o ideas, debe ser promovida.
Los hijos que crecen en familias en las que se comentan, analizan y critican las proyecciones televisivas y demás, desarrollan también una capacidad de análisis y critica sistemática que les será muy beneficiosa a lo largo de toda su vida, tanto frente a los estudios, como frente al resto de las situaciones cotidianas. Un adolescente con esta capacidad desarrollada, es un adolescente difícil de influenciar mediante anuncios y modas. Fomentar el desarrollo de la misma es poner en sus manos el arma o medio necesario para que pueda decidir libre y responsablemente sobre sus actos sin condicionamientos consumistas perjudiciales.
LOS CIRCULOS DE AMIGOS
Todos somos concientes de la importancia que tiene para los jóvenes las amistades, a sabiendas de que constituyen una gran influencia, cara a determinar comportamientos sociales o asociales.
En la mayoría de las encuestas que se realizan sobre el tema, los padres afirman saber con quién salen sus hijos y adonde suelen ir, pero también en la inmensa mayoría de los casos reconocen no tener la menor certeza sobre la veracidad de lo que les han contado en casa.
Resulta necesario guardar el difícil equilibrio entre la obligación paterno-materna de velar por los hijos, y la conveniencia de no inmiscuirse o dirigirles determinantemente. Existe una forma de disminuir la influencia que un determinado grupo de amigos pudiera ejercer sobre un hijo, sin correr riesgo de enfrentarse y contribuyendo además a consolidar el proceso de maduración: estimular la participación en distintos círculos de amistades, facilitar al adolescente el integrarse en las actividades de más de un grupo de amigos. Los beneficios son 3:
  1. Cuando el adolescente forma parte de dos a más pandillas descubre, de forma vivencial, que su persona responde a un rol distinto según se encuentre con los compañeros de un grupo o de otro. Comprende que, su papel en casa puede ser también diferente, sin verse por ello alterada o condicionada su verdadera personalidad. Las opiniones o influencias que sobre él puedan ejercer los demás, no serán determinantes, pues al adolescente comprenderá que son circunstanciales en cada situación.
  2. cuando un menor entra en esta rueda, definida por el grueso de los grupos adolescentes, es muy difícil que no se  deje arrastrar  por la mayoría y adopte e imite todas sus prácticas, y el consumo de alcohol como la principal. Si dicho joven tiene la oportunidad de participar en los ratos de ocio de otros grupos, y vivir distintas formas de diversión, tendrá la oportunidad práctica y real de escoger, o al menos de combinar, las salidas a los centros constituidos en torno al alcohol, con otras actividades más sanas, variadas y no autodestructivas.
  3. si un menor tiene la oportunidad de conocer distintos valores de forma vivencial, mediante experiencias con más de un grupo, podrá elegir con conocimiento de causa y descubrir los contravalores allí donde se encuentren. Vivir las situaciones desde distintos puntos de vista es lo que le proporcionará objetividad, tanto a la hora de descubrir sus motivaciones reales como todo aquello que se corresponda con sus inquietudes o le perjudique. Se fomenta distintos círculos de amigos proponiendo desde la infancia la participación en actividades variadas.
FACILITAR LAS RELACIONES
El contacto y la relación estrecha con personas de su misma edad, le ayudará a determinar con mayor fiabilidad su nivel en todos los aspectos. El sistema de pandillas le permite establecer baremos válidos en el terreno intelectual, físico y de las relaciones. La constante relación con los otros le permite detectar posibles anomalías en su propia conducta e incluso en su cuerpo. Del mismo modo descubre que muchas dudas o miedos que arrastraba son infundados, observando que los demás comparten con él determinadas características.
Dos razones aconsejan prudencia:
  1. determinar el propio nivel y las propias características en función del nivel y características de los demás puede, en algunos casos, traducirse en consecuencias muy negativas para el menor.
  2. el beneficio que supone descubrir que un defecto no es tal, sino algo normal y generalizado entre los amigos, puede volverse contra el propio individuo si observamos la otra cara de la moneda: cuando la influencia del grupo es demasiado grande y además es negativa, el adolescente puede llegar a pensar que algo que esta haciendo mal realmente, no es tan malo si también lo hacen los demás. Del mismo modo puede abandonar buenas costumbres si no la ve en sus amigos y éstos no las aprecian.
 ¿Cómo se conjuga el facilitar las relaciones del menor, con la recomendable prudencia ante una posible influencia negativa? Tres actitudes paterno-maternas:
    • debe fomentarse y facilitarse la relación con distintas amistades y distintos grupos de amigos. Es la mejor manera para difuminar las influencias de cada grupo y lograr que el adolescente les concede la justa importancia.
    • Ha de otorgarse a cada amigo y grupo de amigos el beneficio de la duda: todos son inocentes hasta que se aprecie lo contrario. En demasiadas ocasiones tendemos a juzgar y descalificar sin suficiente conocimiento de causa, lo cual puede provocar que el adolescente se vuelva agresivo y problemático ante un juicio que considera injusto. Hasta no tener la certeza real de que determinados cambios negativos en el menor están siendo producidos por la influencia de un individuo o grupo, no se debe descalificar ni intervenir. En caso de existir dicha certeza es necesario actuar de forma rápida y firme.
    • La mejor forma de evitar un exceso de influencia por parte del grupo, es formar hijos e hijas que confíen en sí mismos y tiendan a considerar que su actitud y concepción de las cosas puede ser, al menos, tan buena, digna y correcta como la de los demás. Trabajar sobre la autoestima, con el fin de evitar el desarrollo de complejos o una influencia excesiva de los demás y desarrollar así la suficiente autoconfianza y seguridad como para tomar decisiones o afrontar situaciones por medios propios.

AUTOESTIMA Y AUTOCONFIANZA
Tal y como se encuentra la formación escolar en estos momentos, el desarrollo de la autoestima y autoconfianza del menor queda en manos de sus padres. Dicha autoestima no es ni más ni menos que el reflejo de la propia imagen, concepto y respeto que profesemos hacia nosotras mismos. Una autoimagen negativa y una pobre opinión de sí mismo, lleva al individuo hacia un progreso de degeneración y autodestrucción. Son muchísimos los menores que padecen problemas relacionados con un bajo nivel de autoestima y éste es, sin duda, uno de los principales causantes de los procesos del denominado Fracaso Escolar.
El estudio y la conciencia de la autoimagen, nos enfrenta con nosotras mismos y se proyecta sobre los demás. Es difícil respetar al prójimo cuando existe una falta de respeto hacia uno mismo. El conocimiento de los propios defectos nos ayuda a comprender los que observamos en los demás. Ser concientes de la necesidad de ayuda en un momento determinado nos lleva también a ayudar a los demás, etc.
Para potenciar el nivel de autoestima en el adolescente: seis actitudes:
  1. regule y establezca la relación idónea entre castigo y recompensas, entendiendo por castigo, aquellas decisiones adoptadas para corregir errores de conducta, y por recompensas desde el premio hasta la simple felicitación o reconocimiento verbal. Si un padre o madre desea que se hijo repita e interiorice los buenos actos desde pequeños, debe reconocérselos como tales, y hacérselo saber de forma satisfactoria. La relación idónea entre recompensas y castigos suele ser de 4 a 1, cuatro recompensas o felicitaciones por cada castigo o recriminación. Cuando la proporción es inferior, y no digamos ya si es inversa, el daño es tremendamente perjudicial, y nunca revertirá en una mejora de conducta o de resultados. Las recompensas deben ser sinceras y no materiales: ya que de lo contrario tendrá la correcta impresión de que se esta intentando comprar su trabajo  o su buena conducta, no comprenderá la verdadera motivación y tenderá a aprovecharse de la situación.
  2. las llamadas de atención que se hagan sobre el adolescente nunca deben ser generalizadoras, globalizadora o descalificadoras del individuo. Cuando se pretenda responder por una acción determinada, no debe aprovecharse la situación para enlazar con otro tipo de errores cometidos anteriormente, recordando situaciones pasadas. Llámenle la atención por el hecho del momento, pero no extrapolar. Huir también de frases descalificadoras: no tachar de vicioso, drogadicto, borracho o alcohólico. Corrijan las acciones concretas, pero no coloquen una etiqueta por cada una de ellas.
  3. es conveniente comentar con el menor, aquellos fallos, errores o defectos  que tenga, pero siempre de forma desenfadada y distendida. Debemos hablar sobre ello (de forma esporádica) y ofrecerle distintas salidas, pero siempre restando importancia a la cuestión y tratándola como algo natural y no como un tabú del que no se habla en casa. Ofrézcanle ayuda y preséntenle todas las alternativas que se les ocurran, pero no dejen que el problema o complejo se quede dentro de él.
  4. desarrollar la capacidad crítica del adolescente, cara a protegerle de las descalificaciones o comentarios mordaces de los demás. Los seres humanos de corta edad son bastante dados a dañar a sus semejantes mediante motes e insultos dirigidos a los puntos más sensibles. Despertando la capacidad crítica y de análisis del menor. Es necesario devolverle el sentimiento de integración en el grupo homogéneo y esto se consigue logrando que descubra a los demás como seres igualmente imperfectos y desarrollando la capacidad crítica y de análisis necesaria para que descubra las motivaciones reales de aquellos que puedan pretender humillarle.
  5. evitar el sobre proteccionismo: cara a lograr la formación de adolescentes con la suficiente confianza en sí mismos, dispuestos a exponer sus propias ideas y a afrontar los problemas por sus propios medios.
  6. buen ejemplo paterno- materno. Si un adolescente contempla padres inseguros o hundidos ante problemas o descalificaciones, puede reaccionar de tres posibles formas: contagiándose y padeciendo el mismo bajo nivel de autoestima, despreciándoles tras comprobar sus debilidades o manteniendo un buen nivel de autoestima y volcándose en consolarles y ayuda
LA PROYECCIÓN SOCIAL
Los medios de comunicación proyectan y promueven la imagen del individuo con éxito en el mundo materialista, consume todo y constantemente. Los valores que esta figura conlleva son pocos. Someter a los niños adolescentes y demás a un constante bombardeo con esa imagen y sus valores o contravalores es, un proceder carente de toda ética. Creo que pueden y deben promoverse valores humanos que no tienen porqué chocar necesariamente con el sistema imperante en Europa y en la mayoría del planeta. La publicidad no sirve ya para dar a conocer productos necesarios, sino para crear necesidades en las personas a las que va dirigida. Y no solo crear necesidades nuevas, sino estimular la continua renovación de consumo, hasta el punto de que hoy en día se desechan coches, prendas y muchos otros productos por no ser nuevos, aun estando en perfecto estado de uso. Y hasta aquí sin entrar a tocar el tema del manejo y exacerbación del consumo mediante las modas.
Conclusión: si nuestra intensión es formar hijos para que lleguen a ser responsables, independientes e incluso felices aún con sus limitaciones, es necesario fomentar y desarrollar en ellos toda una seria de valores que no sólo no son promovidos normalmente por lo medios de comunicación, sino que pueden ser incluso despreciados por estos.  Desarrollada por los llamativos movimientos de proyección social, cuya finalidad no es otra que la de dirigir los esfuerzos y el trabajo de muchas personas en ayuda de los demás, o de los animales o del medio ambiente en general. Las experiencias que viven constantemente miles de jóvenes y adolescentes en movimientos como La cruz roja, ayuda de acción, manos unidas, UNICEF, Greenpeace, etc. Suponen una fuente muy rica en diversos valores, perfectamente calificados como positivos. Dichos valores son interiorizados fácilmente, pues son vividos de forma directa por el menor y entran o formar parte de su bagaje experiencial.
La presión del modelo social-televisivo predominante es muy fuerte, pero a pesar de ello muchos adolescentes sienten la necesidad de conocer otros distintos y proyectarse sobre los demás. Los jóvenes que crecen en ambientes muy poco enriquecidos por valores, pueden tender a desarrollar actitudes opuestas, adoptando ideas radicales, sostenidas por distintos movimientos que presentan una filosofía de vida muy idealizada. 
La merma del egocentrismo

El egocentrismo adolescente, con características ya tratadas, es responsable de multitud de imprudencias, lesiones y muertes. Para descubrirse como individuo único, no es necesario mantener una concepción y actitudes egocéntricas. Es necesario mermar en la medida de lo posible la concepción egocéntrica del adolescente, a sabiendas de que además no perjudicamos su proceso de maduración. Esto debe hacerse con la consabida prudencia para no llegar a dañar la autoestima y autoconfianza del menor en sus posibilidades, situación muy poco probable pero que siempre s conveniente mencionar. La merma de dicho egocentrismo debe llevarse a cabo mediante dos procesos principales: el de información y el de vivenciación.
NOTICIAS E INFORMACIÓN
El adolescente tiende a pensar que no tiene porqué suceder nada malo y menos precisamente a él, pues controla todo cuanto le sucede. Y es que existe una clara falta de auténtica información hacia el menor, una información que le descubra y le haga ver la incongruencia de las razones por las que bebe, el manejo al que están siendo sometidos por la publicidad y los negociantes del alcohol y los disco-pubs, así como la auténtica y penosa realidad en la que viven montones de jóvenes de 20 a 25 años que comenzaron como ellos y acuden semanalmente  a los centro de rehabilitación de alcohólicos. Los adolescentes se encuentran en la etapa más conflictiva de su vida cara a la relación con los padres, una etapa en la que no escasean las tensiones, discusiones, etc., y que hacen más difícil que nunca la comunicación en casa. Muchos consejos y advertencias son escuchados como dictámenes y entendidos como intentos de dirigir la vida del menor, y no son pocos tampoco los que los desoyen por el simple hecho de proceder de su padre o madre.
Conveniente retomar el tema de la información poniendo en práctica el siguiente método:
  1. la información sobre los efectos nocivos del alcohol, accidentes, enfermedades y demás, debe hacerse de forma más velada y disimulada posible. Huir de las charlas y discursos de carácter paternalista. La información debe llegar al adolescente de forma fría y objetiva para que él pueda interiorizarla sin sentirse dirigido. La información ha de llegar de forma regular. Que el adolescente lea, vea y juzgue sin la sensación  de estar siendo dirigido. Cuanto mejor sea la relación y la confianza, menos necesario será disimular nada, y más directa y abierta podrá ser la formación.
  2. junto a la necesidad de facilitar la información sin aparente intencionalidad, es conveniente el empleo de terceras personas en esta y otras labores. El adolescente no debe recibir siempre recomendaciones o información de la misma persona, pues puede tender a considerarla una histérica o una sobre proteccionista.
En resumen: para mermar el peligroso egocentrismo es muy necesaria una información que pueda romper esos esquemas rígidos del adolescente, pero debe ser presentada por diversas personas a las que el menor tenga en estima, y de forma aparentemente casual, sin clara intensión de dirigir.
VIVENCIACIÓN: EJEMPLOS REALES Y FICTICIOS.
Deben buscarse casos de personas que por su edad, características o gustos, puedan llevar al menor a identificarse con ellas en cierta media y a observar en la vulnerabilidad de éstas la suya propia.
Capitulo X
El desarrollo de la confianza
Es indispensable establecer un clima y una relación de total confianza entre los miembros de la familia. Esto responde a dos motivaciones principales:
a)      sin una razón medianamente distendida y basada en la confianza, es muy difícil que un adolescente se abra y escuche las directrices, indicaciones o consejos de sus padres.
b)      Cuando en un hogar, los distintos miembros de la familia no comentan sus experiencias, planes e ideas, resulta mucho más difícil aun que el adolescente exponga su preocupación y por lo tanto su posibilidad de ayudarle. La confianza es necesaria alimentarla en el transcurso de situaciones cotidianas. No puede implantarse de viva voz ni darse por entendida; el adolescente la adoptará paulatinamente en función de sus vivencias con padres y hermanos.
NO PROYECTARSE SOBRE LOS HIJOS
Tanto los padres como las madres tienden a elaborar un modelo de futuro para sus hijos e hijas. Normalmente se insinúa con frecuencia al menor lo que se espera de él, y en no pocos casos se lo fuerza a ello.
La tendencia es a invitar, o presionar, al adolescente para que siga el paso de sus progenitores, o lo que es peor, para que siga el camino que ellos hubieran querido seguir y no pudieron por las circunstancias o los motivos que fueren.
El progenitor conoce el terreno laboral en el que se mueve, se mueve y puede aconsejar y dirigir al menor con el fin de facilitar su acceso  al trabajo, o incluso para “enchufarlo” directamente. Nos encontramos con una tendencia natural y mayoritaria a esperar que el hijo/a recoja el testigo y siga un camino idealizado en cierta medida. Intentar proyectarse sobre los propios hijos puede ser perjudicial para estos, es una actitud motivada no por el beneficio del menor, sino por el beneficio propio, pues la satisfacción que supone ver al adolescente realizar aquello que nosotros no hemos podido hacer, ayuda enormemente a superar el sentimiento de frustración que se desarrolla con el paso de los años. Cuatro razones desaconsejan proyectarse de esta forma:
1-      si las inquietudes y habilidades del menor no corresponden a las del progenitor, el hecho de dirigirle puede frustrar su vocación. De esta forma, se puede convertir a un hijo en un abogado mediocre, cuando podía haber sido un cirujano de prestigio internacional de haber seguido su propia iniciativa.
2-      Cuando el menor no consigue alcanzar las metas trazadas por los padres, la sensación de frustración que se crea en él, puede dejar secuelas difíciles de tratar en el futuro. Le impedirá ver su auténtica vocación, le restará efectividad tras haber mermado su autoconfianza, seguridad y autoestima.
3-      Aún en el caso de tener éxito en las metas trazadas por sus padres, se esta formando a un individuo dependiente, buscará proyectarse a si mismo de cualquier otra manera.
4-      Se corre el riesgo de provocar en el una actitud negativa, que se traducirá en continuos enfrentamientos. Pues entonces inclinarse por opciones totalmente opuestas a las pretendidas, alejándose incluso de sus auténticas vocaciones.
NO COMPETIR
Estos padres provocan situaciones para poder demostrar a los demás y a si mismos, que son superiores.  El padre que adopta este tipo de extrañas actitudes si está poniendo en juego su autoridad paterna, y no sólo esto, sino que se puede decir que pone en juego además el respeto y la buena relación con su hijo. Debe huirse de este tipo de prácticas por cuatro razones principales:
1-      si esta situación se prolonga, termina estableciéndose una relación de competitividad, el menor vera a su padre a un competidor y no a una persona cuya intensión es la de apoyarle, secundarle y ayudarle.
2-      Si el menor se acostumbra a medirse con el padre, es fácil que extrapole esta situación  al resto de las cotidianas, desnaturalizando ya totalmente la relación.
3-      La mayoría de los adolescentes no comprenden esta actitud paterna, y reacciona con sorpresa ante la misma. Las respuestas estarán en función de las características del menor, encontramos desde incomprensión hasta tolerancia, pasando por la agresividad y la decepción.
4-      El adolescente puede terminar identificando la figura de su padre con la de cualquier figura de su padre con la de cualquier otro chico que compita con el.
Los padres que les dejan ganar, pueden estar estimulando al menor a auto superarse y con toda seguridad reforzarán su autoestima. Aquellos que compiten con la intención de vencerle. Otorgar poca importancia a los avances o méritos de sus hijos. Si la competencia se establece de forma natural y esporádica, y tras ser vencido, el padre felicita y muestra alegría ante el progreso del hijo, la relación se verá automáticamente enriquecida y repercutirá en un aumento de la confianza. Alégrese y muéstrele orgullo como padre, tras ser vencido. Las victorias de sus hijos son, en cierta forma, victorias suyas.
PADRES SI, AMIGOS NO.
Los adolescentes desean encontrar en sus padres a dos personas capaces de comprenderles, quererles y confiar en ellos, pero, por el hecho de que estas mismas sean también características de los amigos, no podemos anular una figura con la otra. El ser padres puede y debe basarse, como reflejan los estudios, en la comprensión, la confianza, el cariño y todo el resto de las cualidades aplicables a un verdadero amigo/a. la diferencia estriba en que las figuras paterna y materna deben estar, además, constituidas por otra serie de características que no son propias de las amistades. La principal es la RESPONSABILIDAD de cuidar, formar y educar a un ser humano desde el momento de su nacimiento, hasta el día en que tenga los suficientes conocimientos sobre el mundo como para valerse por si mismo y afrontar con éxito las situaciones que se le presenten. Es necesario el señalarle las faltas y errores cometidos, y adoptar las determinaciones necesarias que le ayuden a superarlos. A lo largo de nuestra vida vamos cambiando de amistades, adoptamos algunas nuevas, desechamos otras, los padres lo son para siempre. Ser padre o madre implica ser responsable, saber educar y saber corregir.
DESTERRAR EL ROL DE HIJO
En muchas familias, los menores de la casa mantienen ciertas actitudes durante la infancia, que les hacen valedores de un cierto “etiquetado”, travieso, desordenado, tímido, violento o cualquier otro epíteto, al llegar a la adolescencia, se producen toda una serie de cambios hormonales, físicos, psíquicos y de todo tipo que transforman realmente al menor, tanto externa como internamente. Deben desterrarse aquellas conductas y comentarios que tienden a deteriorar la relación, y que además no surgen de un proceder justo. El extrapolar la imagen o el rol del niño, al adolescente, no es correcto ni favorece a la relación. Intentar analizar y tratar a sus hijos adolescentes al margen de cómo era y se comportaban de niños, aun cuando en algunos aspectos se observe una continuidad. Si pretendemos que un menor madure deberemos tratarle siempre como a una persona mayor de lo que realmente es, o no tenderá a madurar.
CUIDADO CON LOS ÍDOLOS
Es importante crear un ambiente que permita al menor, no ya escuchar los consejos de sus padres cuando estos se los den, sino solicitar el mismo tal ayuda. Un adolescente que confía en sus padres acudirá a ellos para realizar múltiples consultas sobre diversos aspectos.
Pregúnteles a sus hijos, consúlteles y pídales consejos antes de adoptar algunas decisiones o afrontar situaciones polémicas. Sus hijos disfrutarán y se sentirán orgullosos y unidos a usted al pensar que sus ideas u opiniones son tan importantes para su madre o padre que, las tienen en cuenta a la hora de tomar una decisión que afecta a su mundo laboral, familiar o de las relaciones. Si el adolescente se siente consultado, respetado y en cierta medida necesaria, responderá con la misma actitud y le será mucho más sencillo el dirigirse a sus padres para pedir consejo o ayuda.
LOS VALORES NO IMPOSITIVOS
 Un adolescente observa a sus padres y a sus mayores preocupados siempre por cuestiones como cambiar de coche, veranear en tal sitio, llevar aquella joya, además es bombardeado con obsesivas invitaciones al consumo, desde los anuncios de TV y demás medios de comunicación de masas, lo extraño sería que no adoptara las conductas consumistas. Y más en una etapa de desarrollo en la que el mimetismo tiene un papel tan importante.
El hecho de vivir en el momento actual, no les impide el asomarse a lo que sucede a su alrededor y en el resto del mundo. Son concientes de las injusticias sociales, e incluso de su complicidad en algunas de ellas, como la marginación. Lleva a muchos jóvenes a sentirse incómodos ante el protagonismo que en su vida toman las actitudes de tendencia egoísta. Es necesario poner en manos del adolescente todos los medios posibles para que experimente auténticos valores pero, cara a su relación con los padres, es muy importante también que observe en ellos tales valores. Como unos padres comprometidos, es fácil que el menor de salida a su necesidad de proyectarse humanamente. Los propios valores e ideas, no deben ser presentados de forma impositiva y con la clara intensión de adoctrinar. Deben presentarse de forma vivencial, mediante la narración o comentario de experiencias vividas, mediante el ejemplo diario, y por medio de opciones que faciliten al menor el experimentarlos y ponerlos en práctico.   fuente >I. Intebi>

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