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sábado, 2 de abril de 2011

la otra mirada de la encarnación y reencarnación

LA OTRA MIRADA 1
De la encarnación y reencarnación
 Uno de los factores imprescindibles para poder llegar a una comprensión sobre el significado de la reencarnación es el llegar a consensuar  porqué nacemos a la vida de la materia, porqué encarnamos.
 Para ello si partimos desde el Principio, podríamos decir que Dios, Creador, Inteligencia Absoluta, Amor Absoluto y Libertad Absoluta, al crear a los espíritus ( o almas o seres espirituales, o entidades espirituales) lo hace con sus mismos atributos y por supuesto con armonía de todos los atributos, con lo cual estaríamos nombrando la primera Ley Espiritual puesta de manifiesto como corresponde en todos sus hijos, siendo sus atributos también Leyes Espirituales para manifestarse e interrelacionarse.
 Además, justamente por ser perfecta su obra no puede ser estática sino perfectible y creativa, acorde a otra Ley de Dios: la Ley de la Evolución y, no habiendo creado robots, cada ser es individual y por lo tanto dueño de sus actos.
Resumiendo: Armonía es la primera Ley Espiritual y cada uno de sus atributos Amor, Inteligencia y Libertad son Leyes Espirituales como así también la Evolución; cada ser es individual.
¿Qué sucede cuando se violan estas Leyes?  Es indudable que la armonía espiritual se distorsiona, lo cual ocasiona sufrimiento y conduce al desorden y a la involución, determinando los espíritus sus condiciones espirituales a través de sus propias vibraciones.
Este nuevo estado los lleva a agruparse, su vibración es cada vez más desordenada y en sus choques se dividen en partículas absorbiendo el fluido espiritual de su medio tornándose más rígidos cuanto mayor es su rebeldía, error, etc. accionando en esa forma en defensa de su posición de libertad para elegir su conducta espiritual.
 (De ello dio claro ejemplo Anatole France cuando cita a Dios con los dolores de cabeza que le causa la libertad en cuyo nombre el ser humano se parapeta defendiendo muchas veces lo indefendible y Él no puede obrar contra sus propias Leyes).
Si somos capaces de reconocer que el Bien nada deshecha sino que es capaz de utilizar la energía negativa dándole un giro para convertirla en útil, positiva, se podría inferir que allí comenzaron las Leyes de la Naturaleza donde se buscó que los seres más vulnerables no fueran tan influenciables por el resto de su grupo espiritual a través de una existencia dentro de esa carcaza humana que tanto defendemos pues nos resulta imprescindible en este mundo y que llamamos cuerpo, soma, esqueleto y compañía, carne, materia, etc. Lógicamente se necesitaba el sustrato adecuado, la creación del Universo material, el cual tardó seguramente un tiempo que no era tiempo ya que éste surgió a partir de esa sabia creación del Gran Arquitecto. Así, actos fraticidas que implican un fraccionamiento y un medio espiritual sumamente manchado por los actos de quienes lo habitan, tienen la posibilidad de conformar los distintos elementos de la naturaleza en una evolución constante donde en un punto de esa superación van a volver a formar la unidad espiritual, conformando el mismo ser pues todos somos únicos e individuales, la misma gema será la que vuelva a lucir sus distintas caras, y en cada arista siempre un nuevo resplandor.  Esto se reitera en las leyes de la materia (Física, química y neurobiología por ej., cuando se habla de receptores agónicos y antagónicos, cuando se habla de elementos hidrosolubles o liposolubles etc., etc.) donde cada elemento va a utilizar el recorrido adecuado y no otro.
Recordemos que tampoco las partículas que van a conformar el cuerpo están en condiciones de una alta evolución, por lo tanto van a influir sobre la mente del encarnado buscando satisfacer  su principio de placer y desde allí se logra también oscurecer la estancia en este mundo que debería servir como un medio de encontrar la serenidad y el equilibrio. Por otra parte el hombre busca ocupar los lugares que sustentaba en el grupo espiritual al que pertenecía, y si en él poseía cierta preeminencia, actuará de manera de influir sobre los demás para lograr  dentro de sus objetivos recuperar el poder.
El término de la encarnación puede o no ameritar una nueva encarnación o reencarnación, pero no estoy de acuerdo que si hoy pertenezco al género humano mañana esté en el reino vegetal u otros, pues no tiene justificación posible a no ser que al ingreso al mundo espiritual lleve una posición tan errónea que provoque mi propia fragmentación y cada uno de mis fragmentos  reencarnen  en la naturaleza, pero la unidad espiritual sólo le corresponde al ser humano conformando esa integración del hombre como entidad espíritupsicobiosocial. Como tampoco en mi humilde opinión comparto  el creer que si hoy muere mi padre y a la noche nace mi hijo o a la semana o en dos años o más, mi  padre sea luego mi hijo. No es una situación que pueda considerarse ética y menos moral, y menos aún creo saludable brindarle a mi hijo la subjetividad de su antepasado, el niño tiene su propia identidad, lo que debo tratar es de no contaminarla con parecidos ancestrales y cargarle esos mochuelos que no le son propios, hoy la genética y los fenotipos se han encargado de resolver los parecidos. Pero muchas personas resuelven sus problemas con los originarios y cierran sus duelos prolongando al abuelo en el hijo, (u otros parentescos) como una manera de negar su propia muerte. Esta necesidad de perpetuación en la vida material desmiente la bella Obra de Dios.
Esta concepción sobre la Creación de la que se hace referencia,  sería una bisagra entre el interrogante de la materia y su principio que podría dar ciertas respuestas, con mayor mérito desde el punto de vista genético, pues con las leyes espirituales y materiales nuestro Padre no necesita ir ubicando gen por gen para cada nuevo ser que llegue al mundo. Él crea la Ley, luego todo se encausa magníficamente con la sabiduría propia del actuar inteligente presente en cada minúsculo elemento de Su Creación.
Cada religión tiene una parte de verdad, no puede ser de otra manera, ya que todas tienen la influencia de Dios para traer el delicado equilibrio al espíritu que sufre. Pero al igual que la Ciencia material, no podemos hablar de verdades absolutas. Aún en la Ciencia todo es paradigmático, esto es que se sostiene hasta que otro paradigma aparece evacuando mayores interrogantes que el anterior. ¿Por qué las religiones se empeñan en ser científicas y comprobables si la misma ciencia material hoy afirma lo que mañana puede negar? ¿Por qué no reconocer que la Misión más importante no es demostrar que lo mío es lo único, sino que lo mío puede aliviar a aquél que necesite y orientar a aquél  afín con mis creencias? ¿Por qué hablar de milagros que ponen a Dios en un plano de elitismo, cuando en realidad la altísima frecuencia vibratoria de un sacerdote, un hermano, rabino, imán, director,  o quien que fuere, puede abrir en el enfermo que solicita ayuda el camino hacia su curación? ¿Es que Dios es distinto para unos y para otros? ¿Quiénes estamos en el Templo? ¿Quienes lo amamos sólo allí, y luego somos tan rígidos que sin el menor pudor anatematizamos a quien viola una pequeña norma? ¿Por qué hablar de la Palabra de Dios y su Furia y  no del Amor de Dios? 
¿Por qué hablar de castigo impulsando el temor como una suerte de Inquisición, si Dios nos brinda cuando observamos la grandiosidad de la Naturaleza la capacidad de disfrutar la Creación, y en ella encontramos Su mano, aprendemos a ser artífices de nuestro propio destino y nos sentimos capaces de recorrer otros horizontes mucho más amplios y dilatados que nos harán crecer?
Dios está mucho más allá de las formas exteriores a su Culto, se refleja en cada acto de Amor, en cuya necesidad también coincide la ciencia como un sentimiento sin el cual entraríamos en la robotización y en el fin de la Humanidad
Existen otras tesituras al respecto, ésta es una forma más, otra mirada de religiones espiritualistas que también traen aportes interesantes sin necesidad de menoscabar otras creencias ni caer en fanatismos que desmientan su capacidad de lógica y verdad
Una de las interpretaciones metafóricas más cercanas a los niveles espirituales que sustenta cada ser, las he encontrado a través de las Posiciones que se enseñan en nuestra Iglesia de la Unificación puesto que exponen la necesidad de cambio del individuo sin un índice que permanentemente señale culpa. Resulta complicado dilucidar que el señalar la culpa en otros es porque uno también la ha conocido aunque sea en pensamiento, pero hemos tenido contacto con ella, tal como el que odia tiene en el mismo espacio el amor hacia la persona odiada. Sería similar a las formaciones de compromiso, remitiéndonos a lo psicológico, donde un deseo de obrar como incendiario en algún momento, lo reprimimos y somos bomberos (como un ejemplo a grandes rasgos).
 El Padre Verdadero busca mediante su filosofía, que encontremos nuestra capacidad de entendernos sin utilizar moldes tan rígidos ( pues es sabido que la excesiva rigidez lleva necesariamente al quiebre o fractura) y ha ido más allá con su clara visión en cuanto a la convivencia de las generaciones, puesto que si lo hubiéramos sabido escuchar no estaríamos pasando por el actual desmembramiento familiar y la violencia en sus distintas manifestaciones, Hubiera podido cada familia transmitir su discurso generacional logrando que los cambios excesivamente rápidos de la tecnología no determinaran la conducta actual en las familias. Ello por supuesto no implica que tres generaciones se vean obligadas a convivir en un pequeño monoambiente distanciando a la familia de las normas de higiene y moral, sino que refiere a la estrecha comunicación que la familia debe tener pues si los vínculos familiares son fuertes, no hay paredes que los separen conformando una red social que otorga seguridad, apuntalamiento, alegría de vivir, en fin…la piel del grupo con toda la cultura, creencias y normas que individualizan a cada familia sin que ello signifique una simbiosis..
Al encontrar en nuestro deambular espiritual un corazón amplio que late en base a la Unificación  donde no se hacen distingos ni persecuciones en nombre de la Fe, ¿cómo no detenernos a beber de su Fuente, cómo no desear compartir así sea cortos momentos con aquéllos cuya mirada abarca todas las miradas en abrazo fraterno?
A quienes  puedan colaborar para hacer nuestra vida un poco más feliz debemos tratar de no dejarlos pasar de largo a nuestro lado;  al mismo tiempo verlos como lo que son: Maestros en el difícil arte en la comprensión del otro;  seamos sus seguidores buscando allanar las dificultades intrínsecas a la propia Misión pues a medida que aumente su Sabiduría nosotros tendremos algo más valioso para aprender. Es lamentable ver en qué forma cruel la envidia se posesiona de seres que en su enorme ego pretenden destruir a quienes les enseñan amor y tal vez sea porque lo oscuro se siente herido, cegado ante la proximidad de la luz.
 El sabio espiritual siempre brillará pues es su esencia manifestándose en evolución constante, en equilibrio de sus atributos, su mirada permanecerá siempre serena...Aquél que sustente envidia y celos tendrá cargas tan pesadas sobre sus espaldas, cargas que él mismo pone, que cada vez le resultará más difícil mantener la marcha bípeda y menos aún aprender a volar con las alas plateadas del perfeccionamiento que nos acerca a Dios como fuente de inspiración.
Aceptar el concierto de la vida acercándonos hermanadamente es un ideal pero no resulta inalcanzable cuando nuestro guía nos enseña que el respeto por la subjetividad es el principio básico de la Unificación.

                                             Liccenciada.,:             Mirta Zangaro de Moisano

























                                                      




                                                         








































la otra mirada para la depresión

depresión

s. f. (fr. dépression; ingl. depression; al. Depression, Gedrücktheit). Modificación profunda del humor en el sentido de la tristeza y del sufrimiento moral, correlativa de un desinvestimiento de toda actividad. El término depresión es usado en nuestros días de un modo muy laxo y designa en su uso corriente patologías muy diversas. Es sin duda porque evita plantear la cuestión de un diagnóstico de estructura y remite la cuestión de «eso que no anda» a una perturbación momentánea del humor. Para el psicoanalista, en cambio, esta extensión no es evidente. El concepto de depresión en el fondo no está definido rigurosamente salvo en la melancolía, o también en lo que se llama «psicosis maníaco-depresiva», donde designa una hemorragia de la libido, desplazada primero del objeto al yo, y que luego lleva al yo mismo a una depreciación y un desinvestimiento radicales. Es verdad, sin. embargo, que se encuentran episodios depresivos, a veces graves, en las neurosis. No por ello se hará de la depresión una entidad clínica específica. Esta parece traducir un rechazo de los valores fálicos, o sea, del cumplimiento de las tareas propuestas por la existencia, con las limitaciones que las definen. Más allá de ello, quizá remita a ese momento en el que el sujeto se ha dado cuenta de todo aquello a lo que se ha visto llevado a renunciar, por pertenecer a un mundo humano, un mundo reglado por la ley del lenguaje y de la cultura. En todo caso, se traduce en una relación muy particular con el tiempo, el que no aparece nunca como un orden orientado donde las tareas del presente estuvieran determinadas por las necesidades futuras, en las que viniera a inscribirse un proyecto. El sujeto deprimido vive en un tiempo uniforme y monótono. Aunque registre modificaciones del humor, estas, al ser cíclicas, no constituyen en ningún caso cambios verdaderos. Lo que plantea, por otra parte, todo el problema de la relación del sujeto deprimido con el análisis. ¿Cómo hacer para que pueda comprometerse en él, si no puede interrogar espontáneamente lo que constituye su historia en función de la posibilidad de un cambio real? La respuesta debe ser reinventada cada vez. 

Diálogo de convivencia 2 de Manuel a Violeta


DIALOGO DE C ONVIVENCIA
Manuel (tres horas) a Violeta (tres años)


Bajà un cambio, che ¡piantada!
Ahora mío es el chamuyo,
Y aunque sea fresco yuyo
 Sé tratar una rayada.

La vieja no la comparto
Más que unas horas por día,
Si el jova no atiende parto…
Tendrá las caricias mias.

Sobre tus antigüedades…
No me llaman la atención…
Me gustan las novedades
Para mi generación.

Una buena convivencia                                                                                                                                                                                        
Debemos lograr hermana,
Tendremos mucha paciencia
Pues no lleva una semana.


Vos serás siempre “la nena”
Yo siempre seré Manuel,
A vos contaré mis penas…
¡Yo seré tu hermano fiel! 



                              Mirta Andrada 

lunes, 28 de marzo de 2011

LA OTRA MIRADA SOBRE LA VIOLENCIA


Muchas veces nos encontramos sujetos a pensar en la forma que los demás nos dictan.
Hay costumbres sociales que son sólo eso, nada más que costumbres, pero que determinan nuestra forma de pensar y por consiguiente nuestra conducta, nuestras defensas y por consiguiente nuestra forma de relacionarnos con el medio ambiente que nos rodea.
           Dentro de las familias y recortando un poco más, dentro de las parejas, suelen manifestarse distintas personalidades que no están (no que no son…) dentro de una estabilidad emocional que les permita establecer buenos vínculos con su compañero o compañera de vida.
Supongamos el caso de la violencia familiar. Hay muchos estilos de violencia, entre ellos la tendencia bien marcada de algunos hombres en menospreciar a su mujer pero de una forma tan sutil, que va logrando a través del tiempo que ella se vea empobrecida, con una autoestima baja  y con una total dependencia del marido.
La forma de actuar de ellos es que la esposa bien amada logre verse en ese espejo que él fabrica, para que luego sienta culpa de los fracasos en lo grande y en lo pequeño del diario vivir que le muestra ese espejo, que no es el de la madrastra de Cenicienta, éste no le va a responder qué bien que hiciste esto, ni tampoco que es la más linda…eso seguro.
Este tipo de personalidades es el que se encuentra en el marido que delante de todo el mundo dice: qué va a cocinar…, no sabe hacer nada…, no sabe administrar y por eso no le doy dinero, yo sé lo que a ella le conviene pues ella no se sabe desenvolver, aparte está gorda  o es muy flaca, o es fea de cara, o no sabe caminar, en fin, mil cosas que parecen tan inocentes…! pero que se dicen adrede para lograr un objetivo: que ella piense que no sabe vivir sin él. Y dichas de tal forma… que si la mujer contesta ella queda como una persona de mal carácter que para el resto de la sociedad él es considerado como: ¡pobre hombre, lo que tiene que soportar…!
El tema de la violencia es sumamente extenso, hay tantas formas de violencia implícita como explícita. Por ello es que hay que hacer la otra mirada, para saber que la mujer está mal parada si se deja convencer por personajes como éstos, y actúa como el imaginario social le indica, o sea, para mantener su rol de buena señora, sacrifica su identidad como persona, su bienestar, y el matrimonio se convierte en ese “ya está por llegar, espero que le guste cómo hoy tengo la casa después de trabajar 10 horas afuera, cambiar los chicos, preparar los alimentos, y pintarme un poco para que me encuentre linda”. Pero él llega, ella preparaba un puchero y mientras fue a recibir a su esposo, algo de líquido de la olla salpicó la cocina. Sería lindo pensar que él diría “Mm., qué linda estás, no te preocupes, en cualquier casa esto sucede, dejá que yo sirvo y luego limpiamos juntos…” Pero no, él, como buena parte  del maridaje pasa primero por la cocina a ver si los alimentos son los que corresponden a un rey, que eso es lo que él merece, mira la cocina salpicada y exclama despectivo: “¡claro, si vos te la pasás todo el tiempo pintarrajeándote frente al espejo, cómo va a estar la casa limpia.! Ya mamá me decía que eras vaga.”
Esto no significa que la pareja resulte un completo fracaso si la mujer logra contemplar una realidad que siempre estuvo, estuvo desde el noviazgo, pero que ella en su idealización del otro, en el enamoramiento, no supo o se negó a ver y que ahora se le presenta con crudeza. Ubicarse en la realidad y pedir ayuda para ella, su esposo y los hijos si tuvieren es la conducta que podría  llevar alivio a la situación que viven.
Un matrimonio ha de verse como un total de significaciones que si bien unen a la pareja, permiten que cada quien mantenga su independencia pues no es la media naranja ya que si así fuera estaríamos frente a ese tipo de amores que se mantienen con uno mismo, sería que la persona se ama tanto que busca a un igual donde verse proyectada, y eso es bastante problemático pues uno y otro pueden evolucionar en forma distinta con el consiguiente desencuentro.
Cuando desde el noviazgo, que por algo está, se manifiestan sutiles formas de violencia como las citadas, cuando cuidan con exceso a la novia pues de a poco se van apropiando de su persona y lo demuestran con celos, no admitiendo mucho trato social en ella, menospreciando a la gente que la rodea, comenzando por la familia de ella, cuando él va envolviendo a la mujer con hilos tenues, invisibles casi, pretendiendo demostrarle  que él es tan perfecto que otro así no puede encontrar, es el momento de dejar un poco de lado la parte emotiva y solicitar consejo. Antes se sabía acudir a la madre en situaciones tan íntimas, ahora se consulta generalmente con los pares. Pero sea la madre, la amiga, el religioso que la asesore espiritualmente, buscar otra opinión es lo mejor.
Hay cuestiones que son base de todo hogar y la principal es el amor que debe sustentarse en cada vínculo. Una madre cría y educa a sus hijos buscando lo mejor para ellos, no para que venga otro a maltratarla y a tratarla como si fuera un paquete de harina o un tarro de tomates. Eso es lo que tienen estos hombres, buscan a una mujer y le dicen que es especial, claro que es especial pues  sacrifica por él la propia persona, primero para demostrarle cuánto lo ama y luego porque ella cree que sólo él puede querer a alguien que vale tan poco como ella. Es además problemático cuando durante el noviazgo se confunden los celos con el amor.
A veces por imprudencia, por la necesidad de independencia o de otras carencias afectivas, se apresuran los pasos del conocimiento mutuo y los jóvenes comienzan a convivir encontrando que la realidad era distinta a la esperada y que por un espejismo no supieron ver que su felicidad estaba en otro lado. En otras oportunidades se queda la mujer embarazada en momentos que no son los más aptos para esperar un nacimiento que no fue planeado con responsabilidad y respeto por la vida que llega, pero ambos deciden (o las familias) comenzar a cimentar un hogar, sin embargo al comenzar a convivir comienzan las discusiones y la violencia pues no se tomó el tiempo necesario para conocer las discrepancias ni se acordó un contrato coherente basado en el conocimiento mutuo en cuanto a lo que refiere a los valores y costumbres que hacen a la cultura familiar de origen. Finalmente se rompe la pareja y comienza la procesión de un niño que no fue consultado sobre su llegada a ese hogar determinado.
Siempre en referencia a la violencia la realidad muestra que no es característica de los hogares pobres y marginados, hay violencia en las distintas clases sociales con diferentes grados de cultura y capacidad económica, sólo que en general se oculta más en las clases más altas, donde puertas para adentro se desata el infierno pero socialmente representan un ejemplo de matrimonio y familia.
Se debe tomar conciencia de que el acto violento en sus distintas etapas aparece el estallido, luego la luna de miel y vuelve a acumularse la tensión luego el estallido y así continúa pero con la salvedad que cada vez son más las etapas de violencia que la luna de miel, y si la mujer no toma medidas puede llegar a situaciones límite.
 En este caso en que nos  hemos referido más a  un tipo de violencia psicológica el hombre también abusa del poder que tiene sobre la víctima, es una relación asimétrica que la mujer piensa que no puede manejar, pero no es así, puede hacerlo. Es necesario que comprenda que la violencia en el hogar no es cuestión privada y que sólo a ellos les compete, sino que es un delito y se debe denunciar.

                                                         Autor: Licenciada Mirta Zangaro de Moisano
 

Y TÚ TE LLAMAS HOMBRE???
Tú que te crees diferente y poderoso,
de aquella que un día te amo.
Como un pájaro torturado
puedo escuchar su llanto,
despojada de toda libertad.
Tú que no sabes respetar
y la maltratas sin necesidad.
En este preciso segundo,
gritaré al mundo
y clamaré tú maldad.
Y tus lagrimas no le ablandaran,
Ni tus mentiras, ni tú falsedad.
Tú que te crees especial
y no tienes humanidad,
no encontraras ni paz
ni calma para tú alma
puesto que no tienes dignidad.
Tú que te llamas hombre…
y no lo has sido ni lo serás jamás,
hay una justicia y esa és…
La justicia celestial, pues tú alma
no encontrará descanso jamás.

mujer y belleza


UNA MUJER BELLA...



Siempre preocupante y siempre vigente, el tema de la belleza está presente en la mujer en forma cotidiana, alude a los distintos matices que logran mostrar su personalidad,  se refleja en sus cambios a través del tiempo, ignorando condiciones sociales, económicas o aquellas que junto a la fuerza de gravedad, marcan las distintas emociones… vivencias que han colmado nuestro existir…
Ya desde pequeñas nuestras madres nos incentivan en este rol femenino de mostrarle a papá qué lindo nos queda ese vestido, y lo aprendemos tan bien que luego lo utilizamos con la mayor sabiduría cuando nos lanzamos a la conquista del hombre.  En esa relación la mujer busca disimular cualquier imperfección en su rostro o en su cuerpo, y mantiene su contrato cada vez más actual  con Ovidio, uno de los primeros consejeros en un tema que nos hacen creer actual y que es la imagen corporal.
Ovidio tenía muy claro qué podría beneficiar a la mujer en su estética ya fuera alta, baja, gorda, flaca, con buena o mala dentadura etc. etc., amén de brindar su opinión generosa respecto a nuestra conducta en sociedad;  volviendo a situarnos en esta época podríamos afirmar que tanto los maquillajes como el estilo de ropa por el que optemos los creemos importantes a la hora en que “él” nos mira. Pero ¿qué pasa cuando algún rasgo inarmónico (como una nariz muy afilada o una cintura grande por ej.) se transforma en segundos en un obstáculo insalvable, traumático, un obstáculo que de pronto se nos hace conciente y logra que nos sintamos feas, sin opciones para la conquista y el enamoramiento del otro, y en especial si al lado nuestro está la “linda” del grupo que con su sola presencia ya nos quita posibilidades? En general nos batimos en retirada y con una angustia que nos oprime el pecho por eso de justo a mí me tocó ser yo.
No voy a referirme a la posibilidad de cirugías por dos motivos: el primero porque no están al alcance de todas, y el segundo porque la elección del profesional debe ser harto cuidadosa no solo por el peligro que pudiera correr nuestra vida sino también para no dejar nuestra personalidad en el quirófano e ingresar a la larga lista de “representante del único modelo nasal y labial del doctor X”, modelo por el cual es posible ver la cara de una persona y saber quién la “tocó”. Considero éstas ítems suficientes como para alejarme de un análisis del bisturí.
Retomando el tema de la fealdad, mi madre solía decir que la suerte de las feas las bonitas la desean, si bien no siempre es así creo que el tema de ser fea va más allá de la simple desarmonía de un rasgo que no es tan visible si  resaltamos con cierto esmero los demás. Si nosotras reflexionamos sobre el tema podríamos acordar que los momentos de amarga fealdad que nos devolvió el espejo han sido ante situaciones de duelo, de fracaso, de crisis, de conflicto, de proyectos abortados,  de crítica o de deslealtad o como se la quiera llamar siempre en referencia a estados emocionales que logran desfigurar el rostro más armónico y avejentar el cutis de mayor tersura. Entonces: ¿la fealdad dónde la ubico?
Hay que saber reconocer que el hombre puede ir tras de una figura sinuosa o un rostro impecable y sonriente de mujer, pero… el hombre busca algo más para que lo acompañe en la vida. Busca la belleza en la mujer. Busca su alma. Busca el deseo de crecer compartiendo un proyecto de vida que no se realiza con una boca bien rellena ni glúteos bien marcados, sino con el sentido de humanidad y pasión por la vida, la pasión que expone toda mujer a diario vibrando junto a los suyos, defendiendo no sólo economía sino ideas, valores y esencia.
Si nosotras sabemos tomar en cuenta la importancia de un bienestar interior, esa armonía surge en los sentimientos y trasciende en  gestos y  palabras, se asoma en su mirada y brinda nuevas significaciones a nuestra vida  y a nuestro entorno.
Hablando de la belleza en referencia a la mujer y su pareja, invito a la observación sobre esas parejas que ya llevan años juntos donde se ve a  los hombres que siguen muy unidos y enamorados de su mujer. En general tenemos la costumbre de elaborar juicios rápidos al respecto y considerar que siguen juntos por la costumbre, la comodidad y la comida rica que ella prepara, pero no le damos siquiera una mísera hojita de laurel a la inteligencia de esa mujer que aún en condiciones tan distintas físicamente a las que se conocieron, supo conservar ese delicado encanto que hizo a su marido enamorarse. Los hijos, si hubieron, ya han partido  y la casa vuelve a unir a dos figuras que aún tienen mucho para decirse, tienen años de historia vivida para analizar juntos y para reír y llorar juntos, pero por sobre todo para vivir la felicidad de acompañarse mutuamente y crear su propio futuro en esa nueva etapa de su ciclo vital.
 Pensemos en la creatividad de esa mujer que ha logrado que su compañero encuentre en ella siempre la misma gema, pero cada vez facetas distintas, siempre una nueva luz surgiendo de cada arista y allí está su poder de seducción que se desprende de un alma bella.
Entonces ¿dónde ubico la belleza? Indudablemente no la voy a encontrar sólo en el estante de los cosméticos, pero sé que definitivamente no la voy a encontrar junto a la mezquindad o la estrechez de miras del yo me amo, mirá que linda que soy. Tengo el absoluto convencimiento que la belleza marca las puertas del alma y crece con el amor. Vayamos por ella…
Al decir vayamos por ella estoy aludiendo a la capacidad de la mujer en resignificar su vida, ser capaz de saltar por sobre el abismo de sus propias falencias, reconocerse y reparar y repararse en la necesidad de estar bien con el otro y con uno mismo. Estoy aludiendo a la urgencia de una “cirugía estética” del alma, a que sepamos de nuestro potencial, inagotable potencial del ser humano que le permite renacer en cada cambio, a no bajar nuestra autoestima pensando que la “linda-linda” siempre nos gana, estoy aludiendo a tener más fe en nuestro mundo interior, una fe que nos brindará un paso más seguro y elegante, con esa distinción que logra que un hombre nos siga con la mirada y diga “qué bella es”...

                                                   Autor: Mirta Zangaro de Moisano








 UNA MUJER BELLA…

Diálogo de convivencia


DIALOGO DE CONVIVENCIA
DE VIOLETA (tres años) a MANUEL ( tres horas )

                                        Al esquenùn colorado
                                         lo relojié de abanico,
como a mí me sobra pico
le dejé todo aclarado.

Si una buena relación
Vos querés establecer
Te daré yo la noción
De tu nuevo proceder.

No te pasés de la raya,
Por mi bulo …ni asomés
Lo mío no lo toqués.
¡Ojito cuando me vaya!
.
Cuando vos la precisés
La vieja compartiremos,
mas del jovato…¡ni hablemos!
Al chavón no te acerqués.
(aquí vienen nos ancestros)
papitos: hoy conocí a mi hermanito,
el pequeño es tan llorón
que acaricié sus bracitos.
¡Qué lindo es ser la mayor!
¡Caracoles!...¡Caracolitos y recaracolazos!


                                  MIRTA ANDRADA