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martes, 10 de diciembre de 2013

ALGO PARA RECORDAR...

...Y UNA NUEVA AVENTURA



Los humanos solemos tener conductas que no son muy asertivas en algunas situaciones. Una de ellas y en la cual me incluyo, para corregir por cierto, es la calidad y cantidad de consumo de alimentos, bebidas, postres etc. cuando llegan las Fiestas de Navidad y Año Nuevo.
Es tan lindo ver a la familia reunida, todos vistiendo sus mejores ropas! Es tan lindo llegar con el paso ágil, la mirada alegre, repartiendo abrazos y preguntando por aquellos ausentes! Puede ser una familia numerosa o pequeña, pero en ese encuentro todos deseamos comunicarnos con el otro, contar las novedades mientras disponemos la mesa, probar rápidamente algún alimento para que ese sabor sea predictivo de lo que se va a servir, disponer los lugares para nuestros comensales, y todo sin dejar de hablar, de la familia, del trabajo,  y expresando nuestros proyectos para el año por llegar.!
 Me pregunto quien se resiste a los deliciosos manjares que se preparan en tal ocasión,  Obviamente que no son los adecuados a la estación del verano que es la que corresponde a nuestro país, pero quien va a dejar de lado para llevar a su mesa un rico pionono bien relleno, con palmitos, jamón, unas nueces picaditas, algo de salsa tártara, unas aceitunas también picadas,  untado con mayonesa previamente, y luego bañado con  salsa verde y tiritas de morrones, alternadas con finas rodajas de huevo duro, por ejemplo, acompañando con una ensalada rusa de aquellas que preparaba doña Petrona, seguido este plato por una porción por lo menos de un peceto a la ciruela con torre de fiambre.
 Después llega la delicia de una pavita rellena con ananá, queso, frutas secas abundantes, morrones, etc, o recurrimos al inefable sabor de un plato de lechón recién salido del horno o del asador, todo ello regado por un buen vino, ese especial que guardamos para la ocasión. Ah! no olvidemos las berenjenas en escabeche y algunos pinches con pollo, lechón, morrones, etc, que no suelen faltar. 
...Y cuando ya creemos haber llegado al último plato, se nos aparece un tío que quiere compartir sus sorrentinos a la crema con todos los comensales, pero vamos, que tampoco es cosa de despreciar al tío.!
En este punto ya el vino, las gaseosas, el espumante u otros se han mudado de sus continentes para alojarse en rápido viaje a nuestro cerebro. No obstante, hacemos esfuerzos para continuar con el mismo entusiasmo  nuestras conversaciones. Claro que nunca falta un dipsómano en la familia al que uno de nuestros varones acompaña al baño para que se despeje un poco y deje de hablar en jeringozo y de decir inconveniencias. 
Pero la fiesta sigue, hay otro estamento que ya se aviene pues estamos cerca de la hora 0, hora que ha logrado una reunión familiar para la cual nos preparamos con mucha antelación, que comienza con la organización de Menú, armonizar las diferencias de opinión  al respecto, como aquello de que yo quiero lechón y mi consuegra se opone firmemente, a ella le gusta la pavita, luego sigue el asunto de las compras y repartir el costo proporcionalmente para que no haya lío, hay mucho que preparar,  que los manteles, que las servilletas, que me faltan copas, que me sobran fuentes...
Una vez determinado el Menú, los sitios para cada comensal, cambiadas las cortinas, encerados los pisos, etc. etc, ya nos abocamos a preparar el vestuario y  entonces nos damos cuenta que algo nuevo necesitamos, algo para estrenar, algo a tono con un Año Nuevo que nace, que nos dice que a pesar de todas las pálidas que pudimos pasar en el año que despedimos, somos capaces de sentir siempre la misma alegría esperando la HORA 0 porque en nuestros corazones está la esperanza de un futuro donde los hados nos sean propicios, donde una lluvia mansa arrastre consigo nuestros miedos, nuestras frustraciones, un futuro donde nuestros horizontes dejen la estrechez y podamos expandirnos, donde el amor y la amistad asomen en nuestra vida como el sol de las mañanas. 
Es entonces que aparecen los higos secos, el turrón árabe, algo de dátiles para los más afortunados, nueces, más frutas secas, un postre helado, el infaltable pan dulce y la bebida, sidra o champagne en general, ya servida en las copas esperando todos la HORA 0 para brindar.
...Y  chocamos las copas, y sin querer formamos un trencito para saludar a uno por uno,  nos emocionamos,  recordamos a aquellos tan significativos en nuestras vidas que ya han partido, nos prometemos visitarnos, salir a caminar juntos, no dejar que pase el tiempo sin vernos seguido pues cuando nos encontramos nos damos cuenta de cuánto hemos perdido de conocer de esa vida que también tiene nuestros genes.  
Hay tantas cosas que nos unen en la familia! No sólo es el parentesco, es todo ese tejido, toda esa piel que nos recubre, es toda esa herencia cultural, que nos marca desde que nuestros abuelos llegaron a estas tierras con sus comidas, con sus costumbres, con esos valores que  son algo digno de recordar y con los cuales comenzaremos cada año que llegue, cada Hora 0, cada vez que alrededor de una mesa,( aún con alimentos que no son para nuestra estación,) padres, hijos, hermanos, primos, tíos,  tengan la intención de reunirse y compartir algo más que una cena: esas horas de amor y alegría previas a la nueva aventura que se comienza a vivir.


FELICES FIESTAS PARA TODOS !!!!!



                                                                                       




 Licenciada Mirta Zangaro