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jueves, 12 de septiembre de 2013

DESDE LA OTRA MIRADA SOBRE ADICCIONES


 

 ADICCIONES Y PREVENCIÓN


Una sencilla y breve mirada hacia la historia nos muestra que nunca antes, civilización alguna fuera de Occidente llegó a tener dificultades como la drogadicción, la violencia doméstica, la violencia urbana y posiblemente la brecha de desigualdades sociales que hoy tenemos, construyéndose en definitiva, un malestar que nos atraviesa a todos.
La falta de sentidos, la pérdida de noción de totalidad, la sensación de no pertenencia a un todo integrado, conforman la escenografía donde se expresan muchos de los padecimientos actuales, porque las drogas se conocen desde los inicios de la historia, pero es justamente en esta civilización donde aparece el fenómeno de las adicciones.
Infinidad de yamanes, brujos, curanderos, etc. conocían diferentes sustancias, especialmente alucinógenas. Pero no se tienen datos de la existencia de drogadictos y mucho menos de dispositivos legales y asistenciales, como los que con una tenue y contradictoria base construyó esta civilización.
Una de las características que surgen de los antiguos es el sentido ritual del uso de las sustancias.
Esa ritualidad no se refería sólo a lo que denominamos "tóxicos" o "drogas", sino que la misma formaba parte de la vida cotidiana de muchas de las culturas consideradas "atrasadas", "bárbaras" o "salvajes" desde la mirada occidental
Uno de los sentidos de la ritualidad, es la afirmación y construcción de la identidad. En la actualidad, las identidades se están construyendo a través de objetos, de consumos diversos, de inserciones en el mercado, a través de "marcas" de ropas, autos, etc. Todos estos "bienes" y "cosas", son más seguros y cargados de certeza que la propia cultura o los otros, ya que es la civilización la que les otorga el sentido, su funcionalidad, sus atributos.  Se les da "vida " a las drogas, cuando se afirma que estas producen, construyen, elaboran, adictos, personalidades adictivas, problemas familiares, etc.?
Las drogas y el relevante lugar que ocupan son un verdadero fenómeno de esta civilización, ¿no será que las sustancias nos prometen "al igual que los objetos", una efímera reconstitución de ese "todo" que se perdió? En definitiva, ¿las drogas no se han convertido en un objeto de consumo más?
Sabemos que el resultado es temporario, engañoso y cada vez más fugaz, luego puede venir el desierto de la desolación, donde los oasis o los espejismos son nuevos objetos o sustancias que en definitiva nos prometen una artificial vuelta a la "totalidad" perdida.
En definitiva, la drogadicción aparece ligada a estos fenómenos, que muchas veces se presentan como de muy difícil acceso o abordaje.
Aún así es posible desarrollar acciones de prevención y tratamiento, pero en este contexto pueden ser útiles en la medida que se direccionen en función de intentar amalgamar aquello que la propia civilización fragmentó, buscando nuevos sentidos, en lo micro social, en lo cotidiano, y en la cultura. Para orientarse hacia el reestablecimiento de lazos sociales perdidos, con la perspectiva de contribuir a resolver una cuestión mayor: la resolución de la problemática de la integración.
Muchos campos del saber que surgieron a fines del siglo XIX se propusieron ese horizonte. De ahí que el desafío de la intervención en este tipo de cuestiones, como "la drogadicción", que es en definitiva una especie de síntesis, de concentración de lo que ocurre en toda la sociedad.
Pero si en principio intentamos reconocer el origen de los problemas, es posible que sepamos con más claridad qué hacer, de ahí que se haga necesario interrogarnos acerca del por qué de la drogadicción. Tal vez preguntándonos en principio si la drogadicción es una elección, o en definitiva
un producto de la época que vivimos.
El fin del siglo XX y el inicio de éste muestran una serie de cuestiones que puede ser útil mencionar. Las mismas en general son resumidas desde la perspectiva de ingreso a una etapa de fin , clausura, terminación de una época donde las certezas parecen cada vez más lejanas y donde sobresale, entre otras cuestiones, una sensación de ausencia de pertenecer a un todo social, que se inicia según diferentes autores a mediados de la década de los setenta.
Es decir un sentimiento de pérdida de la totalidad que alguna vez fue construida alrededor del pensamiento liberal, en otro momento articulada con el Estado y, en el presente atravesado por la lógica del mercado en su versión más salvaje lo que muestra las características de su disolución actual.

"Después de todo- y es justamente el después lo que cuenta-, se goza más. Por eso, con sus amenazas-"tu cerebro quedará como un huevo frito", "el émbolo de la jeringa te va a aplastar"- o con sus consejos tautológicos- just say not -, "simplemente decí que no"-las campañas de publicidad que se pretenden disuasivas carecen de eficacia. Olvidan a menudo los encantos de la vida" Giulia Sissa-(Filosofía de la Droga-Sexualidad en los ancianos).
La relación entre los hombres y las sustancias se pierde en los primeros años de la historia, pero lo que caracteriza a nuestra civilización es la dependencia que puede existir entre el objeto - droga y la persona que la consume. Allí, lo social se presenta como algo clave que puede definir cuestiones y tal vez aproximar explicaciones. Sería, quizás más apropiada una mirada sociocultural, que intente interrogarse acerca del sentido de la acción, para indagar acerca de la carga simbólica y del significado que las drogas tienen en cada cultura y en especial dentro de cada momento histórico.
Los discursos acerca de la drogadicción, a veces, se entremezclan en esos espacios generando diferentes donde antes había iguales, construyendo "verdades", multiplicando la desconfianza y el temor hacia otro que es diferente o sencillamente padece.
A su vez, la naturalización de la exclusión social, de determinados grupos que son considerados dañinos o nocivos hacia el todo social, o simplemente olvidados, implican la construcción de nuevas formas de etiquetamiento y, también, una nueva serie de señales hacia una sociedad, que cada vez se presenta con mas rasgos de angustia y fragmentación. Pero, generando como colofón, fundamentalmente, la confirmación de la construcción artificial de identidades en un mundo donde la identidad y la cimentación de la misma se torna cada vez mas problemática.
De ahí que en muchos casos se apele a soluciones Hobessianas, es decir de sesión total y absoluta de la soberanía de ese individuo o grupo de adictos o consumidores, a quienes poseen el "saber" de la cura o la prevención.
En definitiva, posiblemente, una de las cuestiones que más genera marcas en el escenario de la intervención en prevención, es el "fatalismo", que atraviesa la descripción de poblaciones y problemas. Tornándose así los mensajes y las acciones, contradictorias y a veces generadoras de más fragmentación social.
Se previene de algo que "no tiene retorno", haciéndose cada vez menos creíble el accionar preventivo, sostenido en la carga simbólica de las sustancias en tanto su "capacidad" de "hacer" adictos, etc.
A su vez, los cambios ocurridos en los últimos años, muestran una gran heterogeneidad de las poblaciones sobre las que se interviene, surgiendo la necesidad de apelar a la singularidad de las mismas. De ahí, que se torne problemático trabajar en el desarrollo de campañas verticales que intenten abarcar a toda la población, sin distinciones.
Además es muy difícil pensar la Intervención en la prevención de las adicciones sin tener en cuenta los fuertes cambios contextuales que ocurrieron en los últimos treinta años, tanto en la Argentina como en el mundo.
En definitiva una mirada al escenario de la Intervención de la prevención, muestra la importancia de generar estrategias que sirvan a la inclusión, a intervenir en la problemática de la integración, en amalgamar aquello que la crisis fragmento, quizás en espacios micro-sociales, desde donde sea posible generar señales al "todo social".
" En principio, implica preguntarse que lugar ocupan las drogas en nuestra sociedad. A partir de allí surgen múltiples significaciones que se singularizan en diferentes situaciones. Pero, desde una perspectiva más global la drogadicción es una expresión del malestar social por el que estamos atravesando. El consumo y la adicción a las drogas podría leerse como una expresión sintomática de lo que está ocurriendo en la sociedad. Una <intervención preventiva> debería apuntar a esas cuestiones, siendo de esta forma una estrategia de tipo socio-comunitaria que debe interrogarse acerca de cada situación en particular, sea esta familiar, barrial, institucional, etc. Una <intervención preventiva>, implica que el mensaje preventivo “es lo último que se construye, privilegiándose así, intentar resolver en espacios, si se quiere micro-sociales, los efectos de las fragmentaciones que nuestra sociedad sufre y las diferentes expresiones del malestar. Desde esta perspectiva, Prevención implica intervenir en los nuevos padecimientos de nuestra sociedad, así la Prevención no se encontraría separada de la asistencia, articulándose de esta forma con los distintos dispositivos que actúan en el problema”.
(Carballeda, A.1999)
Asimismo, la Intervención en la Prevención de las Adicciones se puede transformar en un mecanismo, dispositivo, que puede intentar "hacer ver", hacer visible aquello que la crisis separó, pero también construyó. De esta forma, la intervención en Prevención implica una forma de interpelación, que puede interrogar a aquello que se presenta como problema. O, desde una mirada histórica permitirse analizar los mecanismos que naturalizaron una situación.

Algunas cuestiones metodológicas
          Debido a la complejidad del desarrollo de estrategias de prevención en drogadicción, puede ser interesante definir algunas cuestiones.
           En principio se hace necesario precisar sobre que sector se pretende intervenir, si; sobre la población en general; los adictos; los usuarios, existiendo en la actualidad una gran variedad de posibilidades en tanto cada grupo.
De igual forma, también es posible definir el nivel etario de la población objetivo, es decir, jóvenes adultos, niños, etc, en la perspectiva de indagar acerca de la actitud de la comunidad frente al problema. 
En función de la singularidad del tema, puede ser significativo tratar de acceder a la comprensión y explicación de las peculiaridades de los grupos sobre los cuales se intervendrá, su lugar en la sociedad. La visión que la comunidad tiene de éstos, el papel que las drogas juegan en ese escenario, la construcción de estereotipos vinculados al consumo, la edad, etc. A su vez sobresale la necesidad de estudiar las características de los diversos grupos en tanto su territorialidad, la existencia de subgrupos, las formas de comprensión y explicación frente al tema, por parte de éstos, la influencia de el uso de sustancias prohibidas o no en la construcción de lazos sociales, en tanto elaboración de reciprocidades e intercambios, o como vía de construcción de identidades.
Otra fuente de interrogantes pasa alrededor de la relación entre las sustancias y los usuarios de éstas, en función del conocimiento que tienen de las instituciones de asistencia y orientación, la capacidad de contención de las mismas y su visión del problema. Dado que toda acción de prevención implica una construcción de demanda asistencial u orientativa
En síntesis desde una perspectiva metodológica, se hace necesario profundizar el conocimiento local, no solo desde una mirada cuantitativa, sino tratando de acceder a las relaciones existentes en tanto construcción de sentidos y significaciones alrededor de personas, grupos, etc.
En definitiva un mayor conocimiento en esta perspectiva puede aportar en relación a la singularidad de la prevención, en tanto intervención, pero entendiendo la misma como estrategia de recuperación de aquello que la crisis fragmentó, ocultó o indujo al olvido. Así, prevenir, puede ser una forma de reparación del tejido social en tanto recuperar lo histórico y lo solidario.
Allí radicaría la condición de inespecificidad del accionar preventivo.
La Prevención inespecífica dentro del campo de la drogadicción, es de alguna manera la expresión de la necesidad de acceder a mayores niveles decomprensión  y explicación desde una perspectiva comunitaria, local, micro-social, que intenta dar cuenta de las propias circunstancias de cada espacio donde se pretende intervenir.
La prevención en el campo de las adicciones se presenta en la coyuntura, como un mecanismo complejo, que intenta ajustarse a lo heterogéneo y singular, es decir desde las características propias de cada lugar construir una manera singularizada de intervención.
De alguna manera, la Prevención en tanto Intervención se nos presenta como un producto de los acontecimientos actuales. En especial a partir de la necesidad de buscar alternativas por fuera de los esquemas más clásicos de prevención, desde entender la misma como "información sobre riesgos", hasta abordarla desde una "perspectiva mediática", en la idea de "vender" prevención.
En fin como plantea Giulia Sissa, es el después lo que cuenta, en pocas palabras; es quizás desde una mirada a ese lugar donde se puede direccionar la intervención en la prevención de la drogadicción.


Licenciada Mirta.Z. Moisano              mlzangaro@gmail.com                    Mar del Plata