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lunes, 28 de agosto de 2017

PADRES DE HOY...




Cuando nace un niño en la mayoría de los hogares ya se lo tiene inscripto a determinada cultura de pertenencia de la familia.
Antes, que no se conocía el sexo sino hasta su nacimiento, se encontraban los padres en esa cierta dualidad que los obligaba, a fin de evitar discusiones, a decidirse por un posible sexo cada uno, por lo cual si nacía varón el padre muy satisfecho decía que el nombre lo ponía él.
- Será Diego, como el 10-
- Obvio, por el 10, pensaste en Antonello?
- Nooo, quiero un buen nombre de varón, Diego.
Luego llegaba la elección de madrina, padrino, Jardín, escuela, y disciplinas y oficios.
También disponían del tipo de costumbres, lenguaje, ética en general que a la llegada del principito se seguiría en el hogar.
-Le enseñaremos respeto y amor hacia todo ser humano y especialmente hacia nosotros, que lo criaremos sin gritos ni zapatillazos, como usaban nuestros padres.
-Será ejemplar su conducta. Admirado...
-...Y querido.
-Nada de crianza de abuelas.
-Nada!
-Nunca nos divorciaremos!
_Nunca!
Diego fue creciendo y demostraba capacidad especial para la pintura, el dibujo y todo lo estético, además el respeto al parecer no estaba bien entendido por lo que solía  insultar, pegar y gritar a sus padres y a otros, a solas y en público.
-No, hijito, esto no se le dice a papá...
-Pero hijo, por qué esa agresión al señor??
En todos los aspectos planificados por los padres, el niño, luego el adolescente, el joven demostró contrariedad.
Sin embargo, en algo los parentales se mostraron inflexibles y fue en el estudio.
-Médico vas a ser, te vas a recibir y para esto no hay nada que oponer.
Así fue. Vio tanta firmeza en los padres que hizo una recapitulación de lo vivido junto a ellos, esa firmeza y ese amor que pusieron al hacerlo estudiar, sí o sí, que no solo eligió seguir el mandato paterno sino que se propuso emularlo cuando fuera padre.
Cuando llegó el momento y consultado con su esposa, repitió la historia, fue padre de varón pero insertaron unos pocos cambios:
El hijo se llama Antonello, es pintor e incursiona en ballet.

Hoy no hay tiempo para educar, para corregir, para pasar a los que llegan al mundo el discurso generacional, la voz de las familias ya no es tan apreciada por los jóvenes y la violencia en todas sus formas nos va envolviendo sin piedad. La vida de otro ser humano no se respeta, la droga se sentó sobre el buen sentido de los niños y jóvenes sin permitir más razón que obtener su objeto de deseo.
Los padres dicen no poder hacer nada con su hijos, se deshacen de responsabilidades dejando crecer en ellos conductas que no les darán más que un corto porvenir. Los padres no escuchan, no educan, no creen en sus hijos.
Si los padres ni escuchan ni educan ni creen en ellos, a qué futuro accederán?


Licenciada Mirta Z Moisano                                                           Agosto 29 de 2017.-

viernes, 24 de marzo de 2017

CRISIS

por la Lic. Virginia Gawelhttps://www-contacto11.blogspot.com

Éste es uno de los capítulos del libro “Krisis”, compilado por el Dr. Manuel Almendro y publicado por Ediciones La Llave en Madrid, 2009. (Otros autores que participan: Willigis Jäger, Manuel Almendro, Stan Groff, Stanley Krippner, Eva Juan Linares, Ashok Gangadean, Jordi Pigem, etc. Ver la lista completa y el índice temario al final del artículo.) Ha sido presentado en diversas Universidades de España como parte del material didáctico de la nueva Psicología.


Caos, confusión, desestructuración, pérdida de objetividad, angustia, incertidumbre, inquietud, desazón... Pero... ¿qué es primero: el Génesis, o el Apocalipsis? Claro: el texto bíblico se inicia con el relato del Génesis. Sin embargo, si tomamos ambas instancias como símbolos de realidades internas, el ciclo suele ser exactamente a la inversa: un Apocalipsis personal puede dar paso a que acontezca un auténtico Génesis, es decir, el nacimiento de una nueva identidad, levantada de entre los escombros que la crisis haya producido. Y en ese Génesis el individuo puede tener la opción de no ser un mero sujeto pasivo de lo que le ocurre: si procura estar lúcido puede volverse, por así decir, colega de los dioses, dándole forma desde adentro a esa nueva identidad: un co-creador autogeneratriz. Así como en el primer tramo de su vida los eventos le dieron forma a su psiquismo desde afuera, condicionándole sin que pudiera elegir demasiado quién y cómo ser, una crisis que arrase con lo viejo puede dejar, leudante, el germen de quien no se pudo aún ser, y que reclama espacio.

Es interesante revisar la etimología del vocablo español “crisis”: proviene del griego krisis, que significa decisión, y, por derivación, del vocablo también griego krinò, que significa “yo decido”, “yo separo, discierno”, “yo juzgo” (de allí vienen las palabras “criterio” y “criticar”, que en alguna de sus acepciones no es tan mala como parece...).  Más allá del detalle eruditivo de estos conceptos, lo que quisiera destacar es que la etimología nos habla de que las crisis implicarían la posibilidad de una actitud conscientemente activa ante lo que nos sucede. Cierto tipo de crisis en particular requerirá de esa disposición lúcida de quien la vive, para discernir lo nuevo de lo viejo, lo esencial de lo condicionado, lo mecánico de lo espontáneo. ¡Menuda tarea! Tan importante es este discernimiento que a él se han abocado mediante diversas técnicas las principales disciplinas de autoconocimiento a lo largo de toda la historia de la Humanidad. Tan es así que el Yoga lo define como “la Joya del Discernimiento”. Una crisis puede permitir que, a pesar del caos y al confusión, quien la vivencia desarrolle la habilidad para observarse a sí mismo de otra manera, y a partir de ello ejercer una identidad más ajustada a su real naturaleza.

Estoy hablando aquí de ciertas crisis en particular, y de ciertos individuos en particular. Procuraré ser más puntual: el tipo de crisis que quiero abordar es el que podríamos denominar crisis esencial, definiéndola como aquella que, por razones exógenas o endógenas, quiebra la estructura de personalidad del individuo, y, al hacerlo, permite que se filtre de un modo decisorio la identidad no-aprendida, el verdadero Ser, la Esencia. Ese Sí Mismo (como le llamara Jung) buscará el modo de expresarse gracias a esa des-represión, generada al impactar la circunstancia crítica sobre los circuitos psicológicos condicionados. Veamos juntos de qué se trata...

Crisis esencial: entre las grietas de lo condicionado

También encontramos en la Psicología Perenne de las Tradiciones de Sabiduría (y, por ende, en la Psicología Transpersonal, que se nutre de ellas), la afirmación de que ser un humano implica encarnar una porción del Todo, que es nuestra real identidad: cada individuo es, en Esencia, algo divino que viene a vivir la experiencia humana (como refería Teillhard de Chardin). Sin embargo, para adaptarnos a las leyes de este mundo, debemos muñirnos de una personalidad: un conjunto de “programas” con que el entorno formateará nuestro psiquismo, en aras de adaptarnos a una cultura, una época, una identidad terrestre. La resultante casi universal de este formateo es el olvido de sí: nuestra identidad esencial queda sofocada por los condicionamientos, y terminamos creyendo ser esa identidad ortopédica, impostada desde afuera. (Recordemos que “personalidad” tiene su raíz etimológica en la expresión latina per sonare= “máscara”.) Como decía Platón, al encarnar bebemos de las aguas del río Leteo, y olvidamos esa naturaleza esencial.

Este estado de olvido de sí fue comparado desde siempre con el estar dormido: la realidad cotidiana se vivencia como un trance hipnótico, pues está teñida de nuestras proyecciones psicológicas, nuestros aprendizajes inconscientes, nuestra mente condicionada. La tarea que estamos llamados a desplegar es la de despertar de ese estado de sueño vigil. Más allá de que ese despertar pueda propiciarse a través de determinadas prácticas en las que uno se entrene para salir del hechizo (o, como le llamaba Castaneda, “parar el mundo”), las crisis esenciales, en ese sentido, oficiarían de despertador, desbaratando la trama con que se tejió nuestra personalidad, y dejando entrever nuestra naturaleza originaria.

Llegados a este punto, podríamos distinguir al menos tres situaciones existenciales en cuanto a los distintos niveles de conciencia de la Humanidad:

La de aquellos que transitan toda su vida identificados con sus condicionamientos, sin volver a hacer contacto con su esencia, que, desde la infancia, ha quedado reprimida por la estructura de la personalidad. (Es posible que este grupo defina al grueso de la población mundial.)

La de ciertos individuos que “no llegan a olvidar del todo”: es como si el agua del Leteo no hubiese penetrado por todos sus poros, dejando en su psiquismo una reminiscencia de su Origen. Crecen con una cierta conciencia de que algo desde adentro les llama, y, muchas veces a ciegas, buscan recontactar con su real naturaleza. Son individuos que transitan a lo largo de toda su vida movidos por preguntas existenciales, sensibles al Misterio, -individuos muchas veces inclasificables para los estándares comunes-.

En base a las investigaciones psicológicas que hemos realizado durante muchos años con personas de estas características en nuestro Centro, hemos dado en distinguirles con el nombre de reminiscentes innatos (aludiendo la palabra “innato” al hecho de que lo esencial nunca fue del todo reprimido, mostrando aún desde niños un contacto cierto con esa parte de sí). En la literatura los reminiscentes innatos están magistralmente descriptos en distintos textos, tales como en la obra de Herman Hesse, o, en una versión más popular, en uno de los libros más leídos en todo el mundo: “Juan Salvador Gaviota”, de Richard Bach. Pero también hallaríamos riquísimos detalles de este perfil psicológico leyendo autobiografías de seres que a lo largo de sus vidas han respondido a ese llamado interno, tales como Carl G. Jung, Jiddu Krishnamurti, Elisabeth Kübler Ross, y tantos otros.

Sería un tema para desarrollar en sí mismo, pues resulta apasionante describir las características psicológicas de este sector, y consideramos esta distinción como un elemento vital en la práctica clínica desde el enfoque Transpersonal. Pero al menos hoy mencionémoslo, dejando esa descripción más profunda para otra ocasión.

La situación existencial de quienes se han identificado largamente con su identidad externa, ejerciéndola en forma automática, -tal como los de la primera categoría-, pero a los que una crisis profunda (de origen intra o extrapsíquico) les ha resquebrajado la cáscara de la personalidad, pudiendo entonces filtrarse hacia la conciencia destellos de esa esencia reprimida. A estas personas las hemos denominado reminiscentes emergentes, dado que, a diferencia de los reminiscentes innatos del segundo grupo, se trata de individuos que han transitado toda su vida con escasa o nula conexión con lo profundo, pero en quienes el olvido de sí se vio drásticamente interrumpido por una crisis psicológica de características revolucionarias, propiciatorias de una oportunidad de despertar.

Esto puede acontecer por razones externas (la muerte de un ser
querido, un divorcio, el quedarse sin trabajo, el exilio o la migración...) pero también por razones internas: el antiguo sistema psicológico, que resulta disfuncional para la expresión de nuestra verdadera identidad, puede colapsar (aunque no haya causas importantes en lo externo), justamente por su disfuncionalidad en realción a lo esencial. Esto sucede con más frecuencia hacia la mitad de la vida, en la que, tal como Carl Jung lo describiera, puede darse una traslocación del eje de existencia, desde el Ego hacia el Sí Mismo. Podría simbolizarse con lo que sucedería en un planeta si el eje de la gran esfera hubiera estado siempre en un costado, y de pronto se desplazara hacia su exacto centro: diluvios, movimiento de continentes, cambios climáticos... Así puede suceder en nuestro mundo interno en la de mitad de la vida.

Las crisis esenciales, -cualquiera sea la edad en que se den-, tienen connotaciones tan extraordinarias que es en ellas en las que quisiera hacer foco: aquéllas que convierten a los sujetos del primer rango en individuos similares a los del segundo, sólo que su reminiscencia no es innata, sino adquirida a través del resquebrajamiento de la personalidad gracias a una instancia crítica.

Podríamos graficar la situación del primer grupo comparándola con la del tercero así:





En la simbología mística lo que el primer gráfico describe ha sido metaforizado de muchas maneras; una de ellas es la imagen de la cárcel: una cárcel en que el Ego es el carcelero, y la Esencia permanece cautiva, necesitando ser liberada. En el segundo gráfico, esa prisión de condicionamientos por fin deja entrever una numinosa luz, que se infiltrará en la vieja estructura psicológica, pudiendo alterar hondamente la concepción que el individuo tiene respecto de sí mismo, de la vida, de la realidad. Como lo expresó tan bellamente Jorge Luis Borges en su poema “Para una versión del I-King” utilizando la antigua palabra “ergástula” para nominar a esa prisión blindada (este poema prologa la traducción de Richard Wilhelm del Libro de las Mutaciones):

“No te arredres. La ergástula es oscura.
La firme trama es de incesante hierro,
pero en algún recodo de tu encierro
puede haber una luz, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha.
Pero en las grietas está Dios, que acecha.”

El acceso a la conciencia de nuestra identidad esencial a partir de una crisis puede ser sumamente desconcertante: hemos creído ser quienes no éramos, y cuando el que realmente somos se asoma a ocupar su justo lugar... ¡le desconocemos! Veamos este punto con mayor detalle...

La revolución de lo nuevo

El modo de ser que una persona construye a partir de lo que inconscientemente ha aprendido es similar a una cáscara de barro, como ésas con que se cubren las patatas para luego cocerlas a las brasas, utilizando el barro como improvisado recipiente,-tal como se acostumbra en muchos países-. Quien no conociera el procedimiento, al ver el bulto ignoraría que debajo de ese barro cocido hay una patata. Una crisis sería como un golpe en seco que puede quebrar de una sola vez la costra de barro, y dejar al desnudo su contenido (tal como efectivamente en ese caso se hace al concluir la cocción). Así suele suceder con el psiquismo humano: ciertos eventos pueden dejar en suspenso los mecanismos automáticos adquiridos, y de pronto dar posibilidad a que emerja algo nuevo. Paradójicamente, podría decirse que “lo nuevo” en verdad es lo más antiguo, o, si se quiere, lo primigenio: lo que éramos aún antes de nacer, y lo que quizás sigamos siendo aún después de morir.

El hecho de que quede al desnudo ese factor esencial puede tener consecuencias muy profundas en la vida del individuo: una verdadera revolución. Veamos: en el lenguaje de los símbolos, una persona común sería como un país que ha sido largamente gobernado por un rey: el Ego. Es un rey auto-entronizado, que ejercerá su mandato de modo más gentil, o bien más tirano. Sin embargo, su entronización es ficticia, tal como si el trono lo ocupase un impostor: el ser humano viene a realizar una experiencia vital en la que la Esencia está llamada a desplegarse, a evolucionar, a aprender. Sin embargo, el trono que debía ocupar la Esencia, fue usurpado por quien estaba llamado, originariamente, a ser su súbdito (pues un Ego sano podría servir al desarrollo de nuestro Ser). A lo sumo, el Ego puede ser, en los primeros años, un regente provisional, suplente, hasta tanto nos consolidamos como personas adultas, medianamente adaptadas al entorno con cierta eficacia.

Durante una crisis esencial, podría decirse que ese núcleo vital sale de su amordazamiento, y reclama su propio lugar: el de ser quien gobierne nuestra vida, para que nuestro real destino pueda ir concretándose. Sin embargo, esa re-entronización del verdadero rey (nuestro Ser) rara vez se da de manera grácil y fluida: implica, como en un país, una verdadera revolución. El Ego no resigna con facilidad su cetro: experimenta el emerger de lo esencial como una amenaza a su función gobernante. Es natural que psicológicamente así lo experimentemos, dado que, mal o bien, el sistema de gobierno que el Ego haya ejercido en nuestro psiquismo fue regido por el instinto de supervivencia: el Ego es un dispositivo psicológico que, fundamentalmente, sirve a los fines de que podamos adaptarnos a esta realidad manifiesta. De modo que movernos de esas estructuras que han resultado medianamente eficaces (por ellas es que hemos llegado vivos hasta ese punto de nuestra existencia) puede resultar sumamente inquietante.

El abordaje de este tipo de crisis es un terreno preferencial para encuadrar el trabajo clínico desde un paradigma Humanista-Transpersonal: ayudarle al paciente a discernir los condicionamientos de su personalidad respecto de lo que él realmente quiere y siente desde su Esencia puede implicar acompañarle a re-decidir su vida; quizás los vínculos que ha tejido, su vocación, el despertar de sus talentos... Sí: realmente es como la revolución de un país, a partir de la cual es necesario establecer nuevas leyes.

Pero en ese nuevo gobierno el Ego nunca debe ser ejecutado: por el contrario, con frecuencia necesitaremos consolidarlo más sanamente para que sirva a los fines de algo más sutil. Entre tanto, es natural que en lo cotidiano se entremezclen decisiones que nazcan de la nueva estructura, con las que emerjan de nuestros antiguos condicionamientos. Sin embargo, en un proceso que se despliegue sanamente, la voz de lo más profundo irá teniendo cada vez más peso, más claridad en su expresión: el trabajo sobre sí, y los años de experiencia serán la infraestructura necesaria para que eso sea posible.

Enunciemos ahora algunos conceptos centrales que hacen a este proceso que se despliega cuando acontece una crisis esencial:

- Activación del Inconsciente profundo: La Psicología Transpersonal enuncia que nuestra Esencia (o, como diría Jung, el Sí Mismo) es el núcleo del Inconsciente. Como tal, puede decirse que tiene inteligencia propia: un conocimiento no-aprendido, que le es inherente por el sólo hecho de ser una porción del Todo (como bellamente lo expresa uno de los Salmos de David: “Mi porción es Dios”). En un idioma arcaico se nominaba a esta característica del Ser como ciencia infusa: no viene desde el afuera, sino desde lo hondo, estamos infundidos de ella, como el agua de una infusión lo está con la esencia de la hierba que en ella se haya sumergido.

Las crisis esenciales implican la des-represión de ese núcleo del Inconsciente. Pero, al igual que cuando abrimos un grifo que por mucho tiempo estuvo cerrado al principio el agua no corre pura, sino que arrastra el óxido de las cañerías, al manifestarse la hondura esencial, junto con ella pueden emerger contenidos no resueltos, que brotan a veces con un monto de angustia, enojo, temor... pues conllevan emociones no elaboradas que buscan ser “digeridas” psíquicamente (traumas, conflictos, complejos...).


Podríamos graficarlo así:







Los corpúsculos grises representarían aquí el material psicológico reprimido.
En unasituación de crisis esencial no solamente hay una perturbación desde afuera hacia adentro, movilizando contenidos no elaborados, sino que la Esencia misma estará pujando desde adentro hacia afuera, para hacerse percibir. Al buscar el núcleo esencial una vía de expresión ante la ocasión que este tipo de crisis representa, podríamos decir que, al “asomarse a la conciencia”, arrastra consigo esos contenidos psíquicos no elaborados. La resultante será que el individuo se vea lidiando con emociones muy antiguas que creía ya disueltas o bien que ni sabía que guardaba dentro de sí.

Un trabajo apropiado con estos componentes psicológicos movilizados permitirá ampliar el concepto de sí mismo, “reciclando” distintos aspectos de sí que buscan amalgamarse hacia una estructura más evolucionada. Aunque esto es muy inquietante, muchas veces la coyuntura de una crisis es el momento más apropiado para reconocer viejas heridas, zonas vulnerables, sentires ocultos, pues nos hallaremos en mejor condición de mirar compasivamente estos contenidos internos, y reorganizar nuestra identidad a partir de darles su justo lugar.


Miedo a “lo nuevo”:  Hay una palabra en nuestro idioma muy poco utilizada,
pero que describe este temor: misoneísmo. Significa “miedo a lo nuevo”. En este caso, ¿qué es “lo nuevo”? Digamos que “lo nuevo” tiene dos aspectos posibles a ser tenidos en cuenta: lo extra-psíquico (lo que llamaríamos “nuestro mundo personal”) y lo intra-psíquico (lo subjetivo, lo que nos sucede dentro).

 En relación a lo extra-psíquico, las crisis esenciales en general nos obligan a revisar el diseño que desde nuestros condicionamientos fuimos dando a nuestra vida. Y cuando lo contemplamos desde ojos más despiertos, es muy posible que nos demos cuenta de que la vida que vivimos, en muchos sentidos, no es nuestra, sino el resultado de elecciones devenidas a partir de mandatos externos. Y eso, por supuesto... ¡asusta! Uno quisiera cambiar todo lo que ya no quiere para sí, pero navega en la confusión de no saber cómo, ni tampoco hacia dónde virar el cambio. Como dicen los sufis, se encuentra “sentado entre dos sillas”: ya no está en la que se hallaba instalado, pero aún no se ha mudado hacia la que le corresponde (¡posición incómoda, si las hay!). En este sentido, siempre tengo en cuenta una frase de Nor Hall que veo muy acorde a la función de un terapeuta orientado desde este paradigma: “Asiste a aquellos que ya no están en donde estaban, y aún no han llegado hacia donde van”. Clarísima, ¿verdad?

El miedo a lo nuevo, extra-psíquicamente hablando, incluirá, entonces, el temor a tomar decisiones equivocadas, a perder lo que se ama, a modificar aquello a lo que se estaba habituado, a ser juzgado por esos cambios, a ser tomado por loco o por irresponsable...

La persona necesitará, en ese sentido, una cuidadosa ayuda para darse cuenta pero también darse tiempo, sabiendo que quizás todo pueda ser puesto en tela de juicio: la pareja, los amigos, el modo en que emplea su tiempo, la manera en que se viste o en que come, su relación con el dinero, el sexo, la salud... No por nada las crisis esenciales han sido llamadas en la antigüedad “segundo nacimiento”. Sólo que en este caso uno mismo es el crío, la parturienta y la partera... Y hay algo seguro: en este tipo de parto, nadie nace por cesárea; entonces: ¡a pujar (se)!

Si referimos el misoneísmo a lo intra-psíquico, la situación es la de dos partes en conflicto: la estructura vieja, y la nueva (aún desconocida). Y lo viejo se defiende de eso nuevo: nuevos sentimientos, nuevos puntos de vista, necesidades que eran hasta ese momento desconocidas, talentos que buscan expresarse pero que aún no hallan curso de acción... Un nuevo criterio de realidad busca instaurarse, pero en el decurso de su afianzamiento una parte nuestra lo cuestiona, descalificando eso que emerge, despreciándolo como si se tratase de una suerte de locura, de fantasía, o de veleidades inconcebibles...

 Retomando el punto que abordamos al hablar de estas crisis como un proceso de revolución, una metáfora notable la brinda la tradición del cristianismo a través de los Evangelios (más allá de los hechos históricos, hermenéuticamente pueden ser tomados como textos que simbolizan movimientos internos del psiquismo humano, codificando esta información metafóricamente). Allí, Herodes podría representar el reinado del Ego: cuando escucha hablar de un niño que ha nacido y que, según se dice, se convertirá en rey  (Jesús como símbolo el Niño interno, la Esencia saliendo a la luz), Herodes teme. Teme ser destronado. De modo que decide matar a todos los niños recién nacidos en el reino, asegurándose así la perpetuación de su gobierno. En una crisis esencial es común que el Ego tema a lo nuevo que acontece en nuestro interior, y, por ende, despliegue una actitud hostil hacia esos aspectos, saboteando su despliegue.

Esta batalla interna puede ser ganada por cualquiera de ambas instancias: si la crisis no alcanza como para que la Esencia gane espacio y podamos escucharla, la resultante será una nueva represión del Ser, procurando re-instalarse un orden similar al preexistente, o bien tan mecánico como aquél. Si, en cambio, como dicen los chinos, convertimos la crisis en una oportunidad, es posible que obremos con mayor inteligencia, dándole espacio a lo nuevo, familiarizándonos con ello, y permitiéndole a esa instancia más profunda que sea la que dirija la reorganización de nuestra vida. Porque es claro que este proceso no está dirigido por la conciencia: es la inteligencia del Inconsciente quien sabe hacia dónde va, y cómo ha de ir...

- Redimensionamiento de la noción de Sentido:

Atravesar una crisis esencial implica un replanteo de nuestra escala de valores. Y esto no es algo meramente abstracto, sino todo lo contrario: entrañable. Porque en buena medida aquello que valoramos es lo que direcciona en que habremos de aplicar nuestro tiempo. Y es posible que en el nuevo Génesis necesitemos revisar qué es lo verdaderamente importante para nosotros. Pero no en la cabeza (o sea, qué “decimos” que sea “lo importante”): en actos. ¿A qué le dedicamos energía? ¿Qué es lo que sostiene cada una de nuestras actitudes? ¿Qué nos haría sentir satisfechos de nosotros mismos cuando, al irnos de este mundo, miráramos hacia atrás y viéramos cuál fue el Sentido organizador de nuestro desarrollo como personas?

En la medida en que una crisis produce una traslocación del eje de nuestra existencia, es natural que lo que antes oficiaba de “sentido de la vida” colapse o se modifique: tener la identidad centrada en nuestra personalidad condicionada generalmente organiza el psiquismo en torno a un pseudo-sentido, determinado por mandatos inconscientemente introyectados. Cuando la cáscara se quiebra, con ella suelen hacerse añicos esos parámetros prestados por el entorno. Y puede que su carencia implique transitoriamente una verdadera depresión: lo que nos motivaba para levantarnos cada mañana de pronto carece de real importancia. ¿Con qué sustituirlo?

El colapso de antiguos “sentidos de la vida” puede quedar signado por algo menos fácilmente expresable en palabras: ya no se trata del éxito, de criar a los hijos, de realizarse profesionalmente, de llegar a ser reconocido... Es más: todo eso puede estar o no. Pero si está, hay cierta intuición o cierta claridad de que ése no es el Sentido: en todo caso, ésa es la excusa para ir desarrollando la evolución de nuestra conciencia en el día a día. Cuando una persona contacta con algo más profundo de sí, despierta en su interior un sabor universal vinculado a que no importa lo que hagamos con nuestra vida: el Sentido será desplegar nuestra conciencia tanto como nos sea posible, cualquiera sea la tarea que hagamos. Y sabe que ese despliegue ni siquiera se trata de algo que remita a un beneficio meramente personal: que el autopropulsar ese desarrollo del Sí Mismo es tanto un derecho como una obligación ontológica, pues evolucionar implica un bien no sólo para nosotros como individuos, sino para la Gran Familia Humana, a la que pertenecemos.

Sí: una crisis esencial induce a ampliar los límites de la conciencia de modo tal que se despierte la noción de pertenecer a un Todo en cuya evolución podemos participar lúcidamente.

- Surgimiento de emociones más sutiles:

Así como el emerger de lo esencial hacia la superficie tracciona consigo emociones no resueltas, es natural que también emerjan sentimientos sutiles que, o bien han sido desconocidos para la persona, o bien sólo los ha sentido alguna vez en ocasiones especiales. Citemos algunos de ellos:

-  Noción de unicidad: De un modo no-intelectual, la persona se concibe a sí misma como una con todo: con su comunidad, con el planeta, con la familia Humana... Las acciones que anteriormente se ejecutaban desde el ego-centrismo inconsciente encuentran un marco sensible en el cual comprende desde la hondura que no hay acciones individuales: todo afecta colectivamente. De allí la palabra altru-ismo: altro= el otro. Con ello, es natural que en el individuo surjan metanecesidades relacionadas con esa concepción nítida de que todos somos uno: actuar en el área de la ecología, de los derechos humanos, de las artes, del servicio social... Una crisis profunda puede arrojar a quien la vivencia hacia nuevos horizontes, donde emerjan iniciativas impensadas en etapas anteriores, y que impliquen una redefinición en la administración de su tiempo y de su energía. Es natural, por ende, que poco a poco vaya tratando de ubicarse de manera tal que sus acciones individuales impliquen algún tipo de aporte a lo colectivo. Curiosamente, allí es donde hallará un nuevo tipo de contento. Y “contento” es una buena palabra, pues significa “estar contenido”: contenido en algo más grande...


- Compasión: El tipo de compasión que puede quedar como remanente de un contacto genuino con el espíritu se desprende del punto anterior: si todos somos Uno, tu dolor es mi dolor. En el campo de lo íntimo, es posible que el individuo se vea impulsado a revisar sus vínculos de resentimiento, necesitando indagar en su pasado desde una nueva visión, que incluya la compasión y, por ende, el perdón inteligente hacia quienes le hirieron. No es una decisión, claro está: es un proceso (proceso que no necesariamente implicará re-vincularse con esas personas del pasado). Sin embargo, el combustible de ese proceso está proveído por una zona cuyas dimensiones no sospechamos, proporcionando la posibilidad de una honda transformación emocional.

La compasión también puede marcar otro modo de relacionarse en el aquí y ahora, gestando una afectividad fresca, diferente, no sólo con otros humanos sino también con todo lo viviente (por eso no es extraño que personas que despiertan a este tipo de sentir desistan de ingerir carne, conscientes de que ello implica la muerte de otro ser).

- Inquietudes transpersonales: Es posible que quien atraviesa una crisis esencial comience a hacerse preguntas que nunca antes se había formulado (o bien que había sostenido en su primera juventud o en su infancia, pero que quedaron luego sepultadas por la mente condicionada). Necesitará saber, experimentando un ansia de conocimiento que no deviene del intelecto, sino de la urgencia por reorganizar su propia identidad y su noción de los hilos con que está tejida la realidad. Las preguntas se relacionarán con sus ancestros, con la muerte, lo Sagrado, la naturaleza del verdadero Amor, el mundo del Inconsciente, los hechos sincrónicos...

Según el nivel evolutivo estructural de la persona estas inquietudes se canalizarán hacia herramientas y conceptos que puedan ayudarle a subir en la escala de comprensión, o bien mantenerse en una espiritualidad menos madura, signada por el pensamiento mágico. Pero en cada individuo el proceso tendrá que seguir los pasos necesarios hasta llegar a instancias más sólidas, menos dependientes, más adultas (en el mejor sentido de la palabra).

Es posible también que le surjan cuestionamientos acerca de su
adoctrinamiento religioso, sintiendo la necesidad de encontrar su propio modo de relacionarse con el Todo (Dios, o como se le quiera llamar). Esto podrá implicar, inclusive, situaciones enojosas con lo Sagrado: ¿por qué la necesidad de sufrir para evolucionar? ¿Por qué uno a veces experimenta soledad y desamparo respecto del orden del Universo? ¿Cómo hallar la verdad sin transitar por tanto error? ¿Por qué reina la injusticia en el mundo? Lo cierto es que este replanteo puede emerger como algo muy legítimo e individual: quien despierta a lo no-condicionado quizás tome elementos de su religión de origen o de otras, pero básicamente necesitará construir desde adentro una religiosidad que, más que monoteísta o politeísta, será monopracticante: muy propia, sin otra autoridad que la de su conciencia. Como decían en la tribu de los Lakota: “Una relación personal con el Creador no es algo que deba ser aprendido: es algo que debe ser recordado”. Por esta razón podríamos decir que las crisis esenciales pueden oficiar como crisis iniciáticas.

- Añoranza del Origen: El contacto con el Sí Mismo con frecuencia hace que se destile un tipo de emoción sutil que es propia de las personas reminiscentes: una nostalgia indeterminada, que a veces se la concibe equívocamente como nostalgia del pasado, pero que en verdad tiene mayor rango de profundidad. Es, en realidad, la reminiscencia de aquél no-lugar al cual todos pertenecemos, del cual venimos y al que quizás retornemos al concluir la vida. Como San Juan de la Cruz y Santa Teresa expresaron en sus versos: “Es tan grande el bien que espero / que muero porque no muero”.

Sin embargo, no se trata de aguardar con impaciencia la muerte: la tarea que
el individuo tendrá para realizar (quizás con la ayuda de un terapeuta entrenado en comprender este fenómeno) será la de aprovechar esa Añoranza del Origen para sentirse ligado a Eso más sutil en vida, trabajando para que la permanencia en este mundo resulte lo más provechosa posible, para sí mismo y para esa Unidad a la que pertenecemos. La solución no es “morir porque no se muere”, sino vivir de verdad como un acto de entrega. Uno puede experimentar en carne viva, en el día a día, la claridad de que cada uno de nosotros encarna esa Porción, y que el Todo nos necesita para vivenciar la experiencia humana. De modo que la Añoranza del Origen puede encauzarse a través de lecturas apropiadas, prácticas de meditación y oración, incursiones en el arte y el servicio, así como también mediante el encuentro con pares que no desconozcan de qué se trata ese sentir. Sobre todo resulta muy aliviante legitimarla, dándole su debido nombre. Ese solo hecho, en mi experiencia clínica y personal, puede ser definitorio para que no se la vivencie como una patología o una depresión lisa y llana, sino que se la aprecie como un signo de despertar.

- Apertura sensorial: Una crisis que proporcione la actualización de la Esencia puede dar lugar a una verdadera transfiguración del mundo: una percepción apreciativa, no-condicionada, que permita experimentar un lúcido estado de a-sombro. Sí: a-sombro significa “salir de la sombra”. La percepción puede volverse, por momentos, más abierta, captando realidades estéticas del entorno que la mente mecánica desecha o ignora. Si bien esta apertura sensorial tiende a perderse al estabilizarse la crisis, una práctica sostenida puede mantener abierta esa posibilidad, a través de la contemplación, de la observación meditativa, en el día a día.

- Inadecuación esencial: Sobre este tópico he investigado hasta hoy durante más de la mitad de mi vida. Nomino de este modo al sentimiento de “no encajar en el mundo” que puede experimentar quien abre su conciencia y su sensibilidad hacia una lucidez mayor que la del promedio de su entorno. La persona, entonces, experimenta una sensación de torpeza para moverse con los parámetros sociales más comunes, y también cierta perplejidad acerca de los códigos con que se interactúa en la mayoría de las relaciones humanas. Así, alterna entre el aislamiento y los intentos de inclusión, muchas veces fallidos, justamente por desconocer qué es lo que le está sucediendo: tratará de acoplarse a entornos que no son en absoluto afines a su interioridad.

Es posible, inclusive, que una crisis esencial genere por primera vez estos
sentimientos: quien anteriormente se manejaba con soltura en el club, en su trabajo, entre sus amigos... de pronto se aburre en esos ámbitos, siente necesidad de otro tipo de contacto, se retrae, le resulta chocante y desagradable lo que antes le atraía... Algo bueno le está sucediendo, pero... cuidado: es posible que, por el contrario, lo viva como un estigma. Necesitará, una vez más, reconocer la naturaleza noble de lo que está vivenciando, despatologizarlo, y, a partir de ello, gestar nuevas estrategias para relacionarse con personas que respondan a sus nuevas inquietudes, su nueva identidad. Dar lugar a que el hambre de contacto pueda encaminar las elecciones hacia pares afines, y aprender a buscar esos pares en los lugares apropiados puede ser un proceso doloroso, inquietante, pero a la vez sumamente hermoso y enriquecedor...

- Aproximación a Maitri: El concepto de Maitri en la Psicología del Budismo es de mucha belleza: si hubiera que traducirlo al español necesitaríamos muchas palabras, pues su significado es “amistad incondicional consigo mismo”. Se trata de un sentir, pero también de una práctica: una práctica en el arte de relacionarse sanamente con quien se es. Las crisis esenciales pueden posicionar a la persona en una situación tal que necesitará redefinir el modo en que se trata a sí misma: qué cosas aprecia de sí, qué cosas no se perdona, cuáles son sus principales críticas hacia quien es, qué actitudes autodestructivas ha implementado a lo largo de su historia... Maitri implica el ejercicio de una sana autocompasión (lo cual no significará, en este caso, sentir lástima de sí mismo, sino piedad hacia las propias limitaciones, los propios errores). Incluye también el ejercicio de una cálida firmeza hacia sí, y una total honestidad que excluya la autojustificación. En verdad, la descripción remite a lo que constituye cualquier otro tipo de amistad, sólo que en este caso se trata de una relación fundamental: la relación consigo mismo. Ningún progreso evolutivo es posible en tanto la persona se mancille a sí misma.

A partir de ese modo de autorrelacionarse afectuosamente, la nueva etapa
podrá estar signada por la posibilidad de gestar vínculos que sean sanos, en los que no se permita el maltrato, el abuso, la irrespetuosidad; lazos afectivos que se elegirán desde una perspectiva quizás mucho más sana que la que se ejerciera con anterioridad a la crisis...

Desde el nigredo al albedo

Jung advirtió con concienzudo fundamento que la simbología de la antigua Alquimia no estaba hablando de un proceso metalúrgico cuyo propósito era transformar el plomo en oro: vio que el verdadero alambique recorre el corazón humano; que el plomo es nuestra mente condicionada, atada a la materia, y que el oro era la resultante de desproveer a nuestra Esencia originaria de todos sus agregados psíquicos, para recuperar el verdadero material del que estamos hechos. ¿Por qué el oro? Porque siempre sigue siendo oro: no lo corroe el óxido, no se convierte en otro metal, no se degrada. Así es nuestro Ser: incorruptible.

  Las crisis esenciales estarían representadas específicamente por el nigredo de la Alquimia: el sometimiento a la combustión necesaria que separe lo perecedero de lo no- impermanente. Sólo ese proceso tortuoso puede proveer la culminación en el albedo: lo prístino, lo depurado. Traducido al universo de lo psicológico, atravesar las crisis que implican este proceso puede comportar mucho dolor. Pero si uno comprende la naturaleza de lo que le está sucediendo, no sólo podrá sobrellevarlo mejor, sino que, además, podrá colaborar con ese proceso conscientemente, como traté de exponer al inicio de este escrito. Por eso es tan importante que un terapeuta sepa distinguir cuándo una persona está atravesando por este tipo de crisis en particular.

A modo de conclusión, quisiera decir lo siguiente: en mi modo de comunicarme con mis pacientes, mis alumnos, mis afectos, la poesía siempre ha sido el medio preferencial para decir lo que de otro modo me sería mucho más difícil. Elegí entonces convidarles este poema que expresa lo que más largamente he tratado de explicar en este texto. Quizás pueda llegar a donde yo más lo quisiera. Que así sea:

DEL ARDER

Cruzaste el fuego, y te salvó quemarte.

Espectador sin más expectativas,
miraste la Verdad solo y de frente:
te escrutaste doliente, palmo a palmo,
hasta en tus más huraños escondrijos.

La vida incineraba lo ilusorio,
y atizaste el carbón para que ardiera.

Ofreciste el crisol de tus entrañas
para fundir la escoria del pasado,
y gemían, aullaban, fenecían,
 las imágenes de lo perecedero.

Compasivamente contemplaste
tu propio infierno para hornear Edenes.

Y te moriste, desvanecido y laxo.

Combustionaste todo lo que no era,
para que lo Es tuviera sitio.

Soltándote de todas tus prisiones
te convertiste en una Puerta Abierta.

Iniciándote, desnudo de lo antiguo,
sólo amparado por la Santa Intemperie,
diste a luz tu Segundo Nacimiento,
Permaneciendo ante lo impermanente.

Alimentándote con un Viento Quieto,
así inhalaste tu primer bocanada.

Y no gritaste: emitiste a mi oído
un lúcido y espléndido Silencio.(


https://www-contacto11.blogspot.com        Licenciada MIRTA ZANGARO DE MOISANO.

La Lic. Virginia Gawel es Psicóloga, co-Directora (junto con Marcos Eduardo Sosa) del Centro Transpersonal de Buenos Aires, institución pionera en la difusión del enfoque Transpersonal en  Sudamérica. A través del sitio web de ese Centro ( HYPERLINK "http://www.centrotranspersonal.com.ar" www.centrotranspersonal.com.ar ) ejerce la docencia mediante un sistema especial de formación en Psicología Transpersonal registrado bajo el nombre de Feel e-learning (aprendizaje desde la sensibilidad a través de medios virtuales), coordinando grupos de todo el mundo hispanohablante.


Nota: El concepto de Inadecuación Esencial y Reminiscencia es fruto de una investigación de más de dos décadas de la LIc. Virginia Gawel.  En caso de mencionárselo, recordamos que está resguardado por derechos de autor, por lo cual agradeceremos citar la fuente y no distorsionar su sentido. Esta aclaración se ha vuelto necesaria porque hemos recibido noticias de quienes toman este concepto deformándolo y sin citar ni su fuente ni su fundamento, lo cual lamentamos, pues creemos que tal como se expone puede ser de gran ayuda para la comprensión del psiquismo de muchas personas, (tanto para sí mismas como para terapeutas que tengan pacientes encuadrables bajo esta mirada). Nuestra intención es hacer un aporte sólido en este sentido, sin que se apropien de ello quienes a partir de allí tejen teorías totalmente ajenas a los puntos esenciales de esta investigación. Gracias por la comprensión del lector!



Comentario sobre el libro publicado por http://www.tendencias21.net

Título: “Krisis”
Coordinador: Manuel Almendro
Edita: Ediciones La Llave D.H. Vitoria-Gasteiz, 2009

En la presente obra sus autores “desarrollan diversas perspectivas de la crisis. Crisis desde el ser, la medicina, la filosofía, desde el silencio meditativo y místico, desde la perspectiva global e incluso desde el arte, algunos de los autores son profesionales que se encuentran con la vida y la muerte entre sus manos. Y se toca fondo en el impacto sobrecogedor del “tienes un cáncer” hasta la crisis sorprendente de Jim Morrison vista por un testigo de excepción de la California de los sesenta.”

“En este libro, dedicado al doctor Juan Rof Carballo, se expone una variada y rica perspectiva de la crisis desde diferentes países y personas. Con él se hace una recuperación inquietante y dolorosa de autores como al que ha sido dedicado este libro, que anunciaba los nuevos paradigmas a principios de los años cincuenta, casi veinte años antes que lo hiciera Abrahan Maslow. Pero escribía en castellano y como afirma su coordinador, Manuel Almendro, nunca como estudiante nos hablaron de ellos”.

La crisis que nos “toca”, dice Almendro, presenta dos claves. La primera clave es la de un ser intemporal que hoy emerge con fuerza. Es la historia del “Ser” a partir de la Revolución Interior –la revolución de la Consciencia- y se encamina hacia el encuentro con lo inalterable. La otra clave representa la historia del nada más que “Estar”, la verdad atomizada y manejable que fue rechazada por la Revolución Industrial, hoy cima decadente del triunfo de la imagen.

“Lo que se puede establecer a modo de síntesis sobre nuestro momento histórico, concluye el coordinador de esta propuesta colectiva, es que roto el equilibrio de los arquetipos humanos, -los cuatro motores de la evolución- da la impresión de que el comerciante ha acabado por manejar al guerrero, invalidar al santo y comprar al sabio. Ante este panorama la toma de consciencia parece urgente puesto que el reduccionismo degrada como antipragmático a todo lo que no reconoce y reduce la vida a un botón genético y a un botón ambiental en el que no hay lugar para la acción del ser humano ni para el agua, la tierra, y el sol de los antepasados; sólo para el petróleo”…

Índice de Contenidos y Autores

Dedicatoria: Al Dr. Juan Rof Carballo, un pionero en el olvido

Introducción

CRISIS EXISTENCIALES: CRISIS DEL SER

"El hombre desde la cornisa". F. Mayor Zaragoza
"Crisis emergente". Manuel Almendro
"La Crisis de Confianza". J.M. Prieto, A. Calles, R. Blasco
"Convirtiendo en Génesis nuestro Apocalipsis". Virginia Gawel
"Dinámica espiritual de las crisis espirituales": Salvador Harguindey
"Implicaciones para la conciencia hollotrópica. Investigaciones para la psiquiatría".Stanislav Grof
"Un nuevo paradigma en la psicología". Vladimiro J. Wukmir, Mª Pilar González, Luis Caturla
"Educación de la humanidad: el reto de una nueva pedagogía". Agustín de la Herrán

SOY MÉDICO Y ESTOY EN CRISIS

"Crisis evolutivas de la profesión médica. (O las eras de la medicina)". Tomás Álvaro
"Enfermedad y la crisis consecuente". Anna La fuerza, Antoni Mª Aluja Farré
"La crisis del cáncer". Eva Juan Linares

martes, 7 de marzo de 2017

ACTOS DE SIGNIFICADO

ACTOS DE SIGNIFICADO
Mas allá de la Revolución Cognitiva
JEROME BRUNER
https://www-contacto11.blogspot.com

 La PS. Popular como instrumento de la cultura

La Revolución Cognit. Se vio desviada de su impulso originario por la metáfora del ordenador. Es necesario renovar y reanimar la Revolución original, Rev. Inspirada por la convicción de que el concepto fundamental de la PS. Humana es el significado y los procesos y transacciones q se dan en la construcción de los significados.
Esta convicción se basa en dos argumentos relacionados entre si:
1º- para comprender al hombre, es preciso comprender como su experiencia y sus actos están moldeados por sus estados intencionales
2º- es q la forma de estos estados intencionales solo pueden plasmarse mediante la participación de los Sist. Simbólicos de la cultura.
La forma misma de nuestras vidas no resulta comprensible a nosotros mismos y a los demás solo en virtud de esos Sist. Culturales de interpretación. Pero la cultura es tmb constitutiva de la mente. En la cultura, el sgdo adopta una forma q es pública y comunitaria en lugar de privada y autista. Solo al reemplazar este modelo transaccional de la mente por otro aislado e individualista, han sido capaces los filósofos angloamericanos de hacer q la mente de los demás parezcan tan opacas e impenetrables.
La herencia biológica del hombre lo q hace es imponer limites sobre la acción, limites cuyos efectos son modificables. Las culturas se caracterizan porque crean “prótesis” q nos permiten trascender nuestras limitaciones biológicas “en bruto”. El pto de vista inverso que se propone es q es la cultura, y no la biología, la q moldea la vida y la mente humana, la q confiere sgdo a la acción situando sus estados intencionales subyacentes en un Sist. interpretativo. Esto lo consigue imponiendo patrones inherentes a los Sist. Simbólicos de la cultura: sus modalidades de lenguaje y discurso, las formas de explicación lógica y narrativa, y los patrones de vida comunitarios mutuamente interdependiente.
Lo he denominado Psicología “cultural”, que constituye un esfuerzo no solo por recuperar el impulso originario de la Rev. Cognitiva. Le he puesto el nombre de “psicología popular” o “psicología intuitiva” o, sencillamente el “sentido común”. En todas las culturas hay una PS popular, q es uno de sus instrumentos constitutivos mas poderosos y q consiste en un Conj. de descripciones mas o menos normativas y mas o menos conexas sobre como “funcionan” los seres humanos, como son nuestra propia mente y las mentes de los demás, y como cabe esperar q sea la acción situada, q formas de vida son posibles, como se compromete uno a estas ultimas, etc. La adquirimos al tiempo q aprendemos a usar el lenguaje.
“PS popular”à Sist. Mediante el cual la gente organiza su experiencia, conocimiento y transacciones relativos al mundo social. Su ppio de organización es narrativo en vez de conceptual.
Su uso actual comenzó con un elaborado renacimiento del interés por la “mente salvaje”.

Lo q se propone es q la PS popular debe estar en la base de cualquier PS cultural, algunos componentes fundamentales de la PS popular son: creencias o premisas elementales q forman parte de las narraciones sobre situac humanas de q consta la PS popular. Por Ej., una premisa de la PS popular es q la gente tiene creencias y deseos: creemos q el mundo esta organizado de determ maneras, q queremos determ cosas, q algunas cosas importan mas q otras, etc. Creemos (o “sabemos”) q la gente tiene creencias no solo sobre el presente, sino tmb sobre el pasado y el futuro, tmb creemos q las creencias y deseos de la gente llegan a ser suficientemente coherentes y bien organizados como para merecer el nombre de “compromisos” o “formas de vida”, y esas coherencias se consideran como “disposiciones” q caracterizan a las personas: una mujer leal, un padre dedicado, un amigo fiel. Las narraciones se constituyes solo cuando las creencias constitutivas de la PS popular se violan. El carácter canónico de la PS popular no se limita a resumir como son las cosas, sino tmb (muchas veces de forma implícita) como deberían ser. Cuando las cosas “son como deben ser”, las narraciones de la PS popular son innecesarias.
LA PS popular tmb postula la insistencia de un mundo fuera de nosotros q modifica la expresión de nuestros deseos y creencias. Este mundo es el contexto en el q se sitúan nuestros actos, y el estado en el q se encuentra el mundo puede proporcionar razones para nuestros deseos y creencias. Los deseos pueden llevarnos a encontrar sgdos en contextos en los q otros no encontrarían ninguno. Esta relación reciproca entre los estados q percibimos en el mundo y nuestro propio deseo, según la cual ambos se afectan mutuamente, crea un sutil dramatismos en torno a la acción humana, q tmb informa la estruct narrativa de la PS. Popular. Una reconstrucción de este tipo puede efectuarse en la vida real mediante las indagacio0nes de un proceso judicial o puede dar lugar, en la ficción, a toda una novela. Pero la PS popular deja sitio a estas reconstrucciones: “la verdad es mas extraña q la ficción”. En la PS popular se da por supuesto q la gente posee un conocim del mundo q adopta la forma de creencias, y se supone q todo el mundo utiliza este conocim del mundo a la hora de llevar a cabo cualquier programa de deseos o acciones.
La división entre un mundo “interior” de experiencia y un mundo “exterior”, q es autónomo respecto a la experiencia, crea 3 dominios, c/u de los cuales requiere una forma distinta de interpretación. El 1º es un dominio q se encuentra bajo el control de nuestros propios estados intencionales: un dominio en el cual el Yo como agente opera con conocim del mundo y con deseos q se expresan de una manera congruente con el contexto y las creencias. El tercer tipo de acontecimiento se produce “desde afuera” de una manera q escapa de nuestro control. Es el dominio de la “naturaleza”. En el 1º dominio somos de alguna manera responsables del mundo de los acontecimientos, mientras q en el 3º no.
Existe una 2º clase de acontecimiento que es problemática, y requiere una forma mas elevada de interpretación para poder distribuir adecuadamente la parte de responsabilidad q corresponde a la gente indiv y la que corresponde a la naturaleza. El segundo se suele considerar gobernado ya sea por alguna forma de magia o, en la cultura occidental contemporáneos, por el cientificismo de la PS fisicalista y reduccionista.
En su fuero interno, toda las PS populares contienen una noción sorprendentemente compleja del Yo agente.
La PS popular trata de agentes humanos q hacen cosas basándose en sus creencias y deseos, q se esfuerzan por alcanzar metas y encuentran obstáculos q superan o q les doblegan, todo lo cual ocurre en un periodo prolongado de tiempo.

Las narraciones à quizás su propiedad más importante sea el hecho de q son inherentemente secuénciales: una narración consta de una secuencia singular de sucesos, estados mentales, acontecim en los q participan seres humanos como personajes o actores. Estos componentes no poseen una vida o significado propio. Su sgdo viene dado por el lugar q ocupa de la configuración global de la totalidad de la secuencia: su trama o fabula. El acto de comprender una narración es, por consiguiente, dual: tenemos q captar la trama q configura la narración para poder dar sentido a sus componentes, q hemos de poner en relación con la trama. Por la configuración de la trama debe, a su vez, extraerse  a partir de la secuencia de acontecimientos.
Una segunda caract de las narraciones es q pueden ser “reales” o “imaginarias” sin menoscabo de su poder como relatos. Es decir, el sentido y la referencia de una relato guardan entre si una relación anómala. Lo q determina su configuración global o trama es la secuencia de sus oraciones, no la verdad o falsedad de esas oraciones. La q resulta indispensable para el sgdo de un relato y para la forma de organización mental mediante la cual es captada.
El hecho de q la descripción “empírica” del historiador y el relato imaginario del novelista compartan la forma narrativa resulta bastante sorprendente.
La mayor parte de los esfuerzos por encontrar una “disposición” a organizar la experiencia de forma narrativa derivado de la noción aristotélica de “mimesis”. Aristóteles utilizo esta idea para describir la manera en q el drama imitaba la vida, intentando aparentemente sugerir q, la narración consistía en contar las cosas tal y como habían sucedido, de tal forma q el orden de la narración vendría determinado con el orden e los acontecim de la vida real. La mimesis consistía en captar “la vida en acción”, elaborando y mejorando lo q sucedía,. “La forma de vida a la q corresponde el discurso narrativo es nuestra condición histórica misma”. “La mimesis” afirma, “es una especie de metáfora de la realidad”. “Se refiere a la realidad no para copiarla, sino para otorgarle una nueva lectura”. Y es en virtud de esta relación metafórica, según argumenta desp, por lo q la narración puede seguir adelante aun “con la suspensión de la exigencia referencial del lenguaje normal!”, o , lo q es lo mismo, sin la obligación de tener q “corresponderse” con el mundo de la realidad extralingüística.

Otra característica crucial de la narración es su especialización en la elaboración de vínculos entre lo excepcional y lo corriente. La PS popular se encuentra investida de canonicídad. Se centra en lo esperable y/o lo usual de la condición humana. Dota a ambos de legitimidad o autoridad. Sin embargo, posee medios muy poderosos construidos a propósito para hacer que lo excepcional y lo inusual adopten una forma comprensible. Porque la viabilidad de la cultura radica en su capac para resolver conflictos, para explicar las diferencias y renegociar los sgdos comunitarios. Aunque una cultura debe contener un Conj. de normas, tmb debe contener un Conj. de procedimientos de interpretación q permitan q las desviaciones de esas formas cobren sgdo en función de patrones de creencia establecidos. La PS popular recurre a la narración y la interpretación narrativa para lograr este tipo de sgdos. Los relatos alcanzan su sgdo explicando las desviaciones de lo habitual de forma comprensible, proporcionando la lógica imposible.
Comencemos por lo “corriente” o lo “habitual”, lo q la gente da por supuesto en relación con la conducta q se produce a su alrededor.
La historia, casi invariablemente, consistirá en la descripción de un mundo posible en el q se hace q, de algún modo, la excepción q se ha encontrado tenga sentido o “sgdo”.
Conducta excepcional implica tanto un estado intencional en el protagonista (una creencia o deseo) como algún elemento canónico de la cultura (una fiesta nacional). La función de la historia es encontrar un estado intencional q mitigue o al menos haga comprensible la desviación respecto al patrón cultural canónico.


Las historias tienen que relacionarse necesariamente con lo que es moralmente valorado, moralmente apropiado o moralmente incierto. La noción misma de problema presupone q las acciones deben ajustarse adecuadamente a las metas, los escenarios deben corresponder a los instrumentos, y así sucesivamente. La historia, llevada a término, son exploraciones de los limites de la legitimidad. Resultan “semejantes a la vida”; en ellas se explica, o incluso, se corrige moralmente un problema. Y, si el relato esta plagado de desproporciones ambiguas, es porque los narradores intentan subvertir los medios convencionales mediante los cuales las historias adoptan una actitud moral. Narrar una historia supone ineludiblemente adoptar una postura moral.
Hay otra caract de las narraciones bien construidas; su “paisaje dual”. Esto quiere decir q los acontecimientos y las acciones del mundo supuestamente “real” ocurren al mismo tiempo q una serie de acontecimientos mentales en la CC de los protagonistas. Las historias tienen q ver con como interpretan las cosas los protagonistas, q significan las cosas para ellos. Esto es algo q se encuentra incorporado al aparato de la historia: el hecho de q esta implica tanto una convención cultural como una desviación respecto a esta ultima q puede explicarse a partir del estado intencional de un indiv. Esto otorga a las historias no solo un status moral, sino tmb un status epistémico.
La narración trata (casi desde las primeras palabras del niño), del tejido de la acción y la intencionalidad humana. Media entre el mundo canónico e la cultura y el mundo mas idiosincrático de las creencias, los deseos y las esperanzas. Hace q lo excepcional sea comprensible y mantiene la raya a lo siniestro. Reitero las normas de la sociedad sin ser didácticas. Proporciona una base para la retórica sin confrontación. Puede incluso enseñar, conservar recuerdos o alterar el pasado.

Muchas veces la ficción se disfraza con la “retórica de lo real” para conseguir su verosimilitud imaginaria. La forma ficticia proporciona muchas veces las líneas constructurales mediante las cuales se organiza la “vida real”. Si la verdad y la posibilidad resultan inexplicables en las narraciones, este hecho debería poner las narraciones de la ps popular a una extraña luz, dejando al oyente, como si dijéramos, perplejo respecto a q pertenece al mundo y q a la imaginación.
El lenguaje de una narración bien hecha difiere de una exposición bien elaborada por el empleo q hace de la “transformaciones subjuntivizadoras”.
Una historia q consiga alcanzar la incertidumbre o subjetividad necesaria debe cumplir unas funciones muy especiales `para aquellos q caen bajo su dominio.
Entrar en las historias “subjuntivas” es más fácil, resulta más sencillo identif con ellas. Con este tipo de historias es posible, como si iteramos, q “nos las proveemos” para ver si su talla psi encaja con la nuestra. La “omnipotencia del pensamiento” del niño permanece lo suficientemente intacta cuando somos adultos como para q nos encaramemos al proscenio para convertirnos en quienquiera q sea q se encuentre sobre el escenario y nos metamos en el aprieto de q se trate. Una historia es experiencia vicaria, y el tesoro de narraciones en q podemos entrar incluye, ambiguamente, “relatos de exp. reales” u ofertas de una imaginación culturalmente conformada.
La 2º hipótesis tiene q ver con como se aprende a distinguir. Una historia es la historia de alguien. Las historias tienen inevitablemente una voz narrativa: los acontecimientos se contemplan a través de una Conjunción peculiar de prismas personales. Cuando las historias adoptan la forma, como sucede tan a menudo, de justificaciones o “excusas”, su tono retórico es evidente. Carecen del carácter de “muerte súbita” de las exposiciones construidas de forma objetiva, en la q las cosas se reflejan “como son”. Las historias son instrumentos especialmente indicados para la negociación social. Y su status, aun cuando se consideran historias “veraces”, permanece siempre en un terreno a medio camino entre lo real y lo imaginario. La existencia del relato o la historia como forma es una garantía perpetua de q la humanidad simple “ira mas allá” de las versiones recibidas de la realidad.
Existe un lado ineludiblemente “humano” en el hecho de dar sentido a algo.

Dos cuestiones:
1- De carácter mas bien tradicional, suele recibir el nombre de elaboración de “marcos” o esquematización.
2- “La regulación afectiva”.
La elaboración de marcos proporciona un medio de “construir” el mundo, de caracterizar su curso, de segmentar los acontecimientos q ocurren en él, etc.
La manera típica de enmarcar la exp. es la modalidad narrativa, lo q “no” se estructura de forma narrativa se pierde en la memoria.
La exp. y la memoria del mundo social están fuertemente estructuradas no solo por concepciones profundas internalizadas y narrativizadas de la PS popular, sino tmb por las instituciones históricamente enraizadas q una cultura elabora para apoyarlas e inculcarlas.
No intentamos solo convencernos a nos mismos de nuestras reconstrucciones de memoria. Recordar el pasado tmb cumple una función de dialogo. El interlocutor de la persona q recuerda (ya sea estando presente en carne y hueso o en la forma abstracta de un grupo de referencia) ejerce una presión sutil pero continua.
Los procesos implicados en “tener y retener” experiencias están informados por esquemas impregnados de concepciones de la PS popular sobre nuestro mundo: las creencias constituyentes y las narraciones a mayor escala q los contienen en estas configuraciones temporales o trama a la q hicimos referencia antes.


Las narraciones no pueden reducirse meramente a la estruct de su trama o al dramatismo. Tmb son una manera de usar el lenguaje. Ya q parece q su efectividad depende de su “literariedad”, incluso al relatar sucesos cotidianos. Las narraciones dependen de una medida sorprendente. Las narraciones dependen en una medida sorprendente del poder de los tropos, es decir, de la metáfora, la metonimia, la sinécdoque, la implicación y demás figuras. Sin ello, las narraciones pierden su poder de “ampliar el horizonte de posibilidades”, de explorar todo el espectro de conexiones entre lo excepcional y lo corriente.
Las narraciones, además, deben ser concretas: deben “ascender a lo particular”. Una vez conseguidas sus particularidades, las convierte en tropos: sus Agentes, Acciones, Escenarios, Meta e Instrumentos se convierten en emblemas.
Los emblemas se “interpretan”. No hay manera de llegar lógicamente a sus condiciones de “verdad”. No pueden descomponerse con un Conj. de proporciones atómicas q nos permitan aplicarles operaciones lógicas. Ni podemos extraes sin ambigüedad su “sustancia”. La interpretación q ofrecemos, es normativa. No se puede defender ninguna de estas interpretaciones sin adoptar una postura moral y una actitud retórica. Interpretamos la historia por su verosimilitud, por su “apariencia de verdad”, o por su “similitud de verdad”.
Los sgdos interpretativos del tipo al q nos referimos son metafóricos, alusivos, muy sensibles al contexto. Pero son la moneda de la cultura y de su PS popular narrativizada.
No hay q confundir el “proceso” de pensar, por un lado, y el “pensamiento puro”, por otro. EL primero es totalmente irrelevante `para el ámbito del sgdo: es subjetivo, privado, sensible al contexto e idiosincrático; mientras q los pensam puros, encarnados en proporciones, son compartidos y públicos.
Los investigadores de la mente han concentrados sus esfuerzos en restaurar el contexto comunicativo en el análisis de sgdo.
Las conversaciones compartidas q hacían q la emisión lingüística de un hablante encajase con las condiciones de su utilización no eran condiciones de verdad, sino, “condiciones de felicidad”: reglas relativas no solo al contenido proporcional de una oración, sino tmb a unas precondiciones contextuales necesarias, a la sinceridad del intercambio y a las condiciones esenciales q definen la naturaleza del acto de habla.
El sgdo del habla localizada se hizo cultural y convencional, y su análisis paso a estar empíricamente basado y justificado en lugar de ser meramente intuitivo. Es en este sentido en el q he propuesto la restauración del proceso de construir sgdos como la esencia de la PS cultural, de una “revolución cognitiva” renovada. El concepto de “sgdo” entendido de esta manera y según estos ppios, ha vuelto a conectar las conversaciones lingüísticas con la red de conversaciones q constituyen una cultura.
Al comprender los fenómenos culturales, la gente no se enfrenta al mundo acontecimiento por acontecimiento. O a un texto frase por frase. Los acontecim y las frases se enmarcan en estructuras mayores. Estas estruct mayores proporcionan un contexto interpretativo para los componentes q abarcan.
Solo podemos comprender los ppios q rigen la interpretac y elaboración de los sgdos en la medida en q seamos capaces de especificar la estructura y coherencia en los contextos mas amplios en q se crean y transmiten significados específicos. Rechazar la importancia teórica q el significado tiene para la psic. argumentando q es un concepto “vago” no nos va a llevar a ninguna parte.   




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jueves, 9 de febrero de 2017


VENTURAS Y DESVENTURAS DE UN PSICOLOGO
Resultado de imagen para psicologia

 https://www-contacto11.blogspot.cBertrand Regader
Psicólogo educativo | Director de Psicología y Mente


Los psicólogos y estudiantes de psicología se enfrentan, día tras día, a un buen número de clichés, estereotipos y mitos en torno a su profesión. Una faceta de estos clichés son las frases que, por alguna razón, todo psicólogo ha tenido que oír en múltiples ocasiones.

Son frases tópicas y manidas, fruto del desconocimiento sobre el oficio de psicólogo. Con este artículo esperamos concienciar a la población en general: ¡Abstente de usar estas frases tópicas! Tu familiar, amigo o conocido que se dedica a la psicología te lo agradecerá eternamente.

Empecemos:

Frases más odiadas por los psicólogos (o mitos sobre los psicólogos)
1. "¿Eres psicólogo? ¡No me leas la mente!"
Es una frase que puede irritar bastante al psicólogo. Nadie tiene la capacidad para leer la mente de otras personas, nadie. Si así fuera, los profesionales de la salud mental no usaríamos tests y multitud de técnicas para explorar la psique del paciente; bastaría una “lectura mental” para conocer los problemas de la persona.

Por otra parte, ¿a qué viene esa actitud agresiva? Tal vez no seas la persona más interesante del mundo, no tengo por qué anhelar descubrir las cosas maravillosas que piensas. No hace falta que me adviertas de algo que ni se me había ocurrido hacer.

Los psicólogos nos dedicamos a analizar patrones conductuales, rasgos de personalidad, contextos psicosociales y ese tipo de cosas. A partir de esa información objetiva, podemos trazar alguna hipótesis sobre los pacientes, o prever conductas que pueden desarrollarse en el futuro en base a los parámetros estudiados. Esto significa que no somos como Sandro Rey: no tenemos bolas de cristal ni gafas “científicamente comprobadas” que nos permitan ver más allá de la percepción común.

También está la persona afable que insiste en que le “leas la mente”. Esta es una variante simpática del tópico, puesto que por lo menos no nace de una actitud pasivo-agresiva. Unas palabras para la persona que me pide que le lea la mente: admiro tu predisposición abierta y jovial ante la vida y que quieras mostrarme tu mundo interior. Espero no decepcionarte si te digo que el trabajo de psicólogo es mucho menos místico. De todos modos, te invito a un café, para compensarte.

2. "Los psicólogos están locos"
No es insensato pensar que en todo psicólogo hay un punto de locura. Ocurre con toda aquella persona que ama su disciplina de conocimiento; aquello que ha estudiado y que probablemente es su vocación. Es quizá por esta razón que la gente puede concluir que “aquel que pasa tanto tiempo pensando en la psique, quizá puede acabar un poco tocado...”.

Lo cierto es que muchas series televisivas han abonado el terreno para que este mito de la locura de los psicólogos vaya ganando adeptos. Los productos culturales que nos ofrecen son ficción y sus tramas se basan en lo anómalo, lo inesperado, lo impactante... de ahí que los psicoterapeutas que cobran vida en las series o películas sean de lo más excéntricos. Igual que, por ejemplo, el Doctor House encarna a un médico misántropo y adicto a los narcóticos, pero extrapolar que todos los médicos son como él sería un craso error.

Con todo, la realidad es bien distinta. La mayoría de psicólogos y psicólogas somos muy normalitos, y hasta aburridos, si me apuras.

3. "¿Dónde está el diván? No puedes ser psicólogo si no tienes diván"
Para empezar: a los psicólogos no nos regalan el diván en el acto de graduación. Comprarse un diván si vas a pasar consulta (que esta es otra, no todos los psicólogos se dedican a la psicoterapia) no es obligatorio ni se vulnera ninguna ley si no lo tienes.

El diván fue muy usado por los psicoanalistas por una cuestión de tradición. Algunos psicoterapeutas actuales, sean de la corriente del psicoanálisis o de cualquier otra, pueden decidir tenerlo, o no. El diván no tiene poderes mágicos ni supone ningún valor añadido. Su función es servir para que el paciente se relaje y pueda expresar mejor sus inquietudes y problemas, y para evitar que mire a los ojos del psicoterapeuta y pueda sentirse cohibido.

Si vas a terapia y tu psicólogo no tiene diván sino un sofá normal y corriente o bien una butaca o tresillo, por favor, no pienses que es un mal psicólogo por ello, y evita que tenga que oír la frase cliché: “¿dónde está el diván?”.

4. "Con lo que cobran los psicólogos, deben de ser ricos"
Este punto depende mucho del país en el que te encuentres: en cada región existen unos parámetros de honorarios al psicoterapeuta, o la profesión está valorada mejor o peor. Esto influye en lo que se paga por una sesión de psicoterapia. ¿Es caro ir al psicólogo? Pues bueno... como diría Pau Danés, todo depende.

En términos generales, los psicólogos no somos ricos. Ni mucho menos, vaya. Muchas personas se creen que estudiando la carrera de Psicología van a hacerse millonarias pasando consulta, y luego se encuentran con la cruda realidad.

Entonces, ¿por qué cobran tanto los psicólogos? Bueno, empecemos a hacer cuentas. Debes ser consciente a la hora de valorar si es muy cara una sesión de terapia que los terapeutas hemos estudiado cinco años de carrera y, habiéndonos graduado, hemos tenido que cursar posgrados, másters... Es una inversión en tiempo y dinero nada desdeñable. Los másters en España no bajan de los 3.000€. Y, con la última subida de tasas, cada año de la carrera puede costar más de 1.500€.

Por otra parte, los tests necesarios para diagnosticar pacientes son asombrosamente caros. Súmale el alquiler del despacho, los impuestos (IRPF, autónomo...), el seguro de resposabilidad civil, el material (el diván también, pero es opcional). Y fíjate, además, que los psicólogos no solo trabajamos con nuestros pacientes durante las sesiones, sino que podemos pasarnos muchas horas en casa repasando el historial, buscando información, corrigiendo tests y actividades, aprendiendo mejores técnicas, actualizándonos, formándonos... Hay muchas horas invertidas detrás de cada paciente, y no se ven a simple vista.

En cualquier caso, y sobre todo tras la crisis, lo cierto es que hay psicólogos que pueden tratarte a un precio muy asequible. También los hay que, por una cuestión de prestigio, cobran mucho más caras las sesiones. De todo hay en la viña del señor, pero si de verdad necesitas terapia, el dinero no debería ser impedimento.

5. "No, es que yo no creo en eso" (en la psicología)
Me alegro por ti, que lo sepas. De corazón.

Pero procedamos a analizar esta frase cliché. La verdad es que la psicología no es ni una religión ni nada parecido. No se trata de "creer o no creer", como si la psicología fuera algo así como un acto de fe. Tú puedes no creer en la ley de la gravedad, pero está demostrado que existe algo que atrae los cuerpos hacia el suelo. En consecuencia, tu opinión al respecto resulta totalmente irrelevante puesto que las leyes físicas están ahí y no van a dejar de actuar por mucho que no creas en ellas. Podríamos decir que la psicología o la física tienen suficiente autoestima como para que no les afecte que tú pases de ellas.

La psicología se rige por el método científico; intenta analizar la realidad partiendo de bases metodológicas contrastadas para poder llegar a conclusiones veraces. Esto no quiere decir que todo lo que lleva el apellido “psicología” sea absolutamente indiscutible, ni quiere decir que no pueda haber fallos metodológicos que puedan conducir a conclusiones equivocadas (como ocurre en casi cualquier ciencia social o de la salud).

La psicología es una ciencia que actualmente se enmarca dentro de las ciencias de la salud. No puedes “no creer” en la psicología, en todo caso tendrás una visión crítica sobre la metodología y la empiria usada por esta disciplina. Las pruebas empíricas que aporta la psicología en torno al conocimiento sobre la psique son dinámicas y mutables, de eso no hay duda (¡el ser humano es cambiante!), pero es innegable que estos datos redundan en una mejora de la calidad de vida de las personas que acuden a terapia, esto está demostrado científicamente (perdón por la tautología).

Por supuesto, el estudio de la psicología está normativizado dentro de un marco legal bastante exigente.

Si con esa frase de "No creo en la psicología" quieres dar a entender que no te gustan los psicólogos, estás en tu derecho de tener esa opinión, pero si es ese el caso es mejor que te expliques adecuadamente y que no emplees la frase típica, porque como has podido leer, es una falsedad.

6. “No te puedes enfadar; ¡eres psicólogo!”
Siguiendo esta misma lógica, un médico no se puede resfriar, un mecánico no puede tener una avería en su coche o un dentista no puede tener dolor en una muela. Debes tener en cuenta que los psicólogos nos exponemos a altas cotas de estrés: nos enfrentamos a la carga emocional que supone escuchar todos los problemas de los pacientes, y se supone que estamos entrenados para que no nos afecte, pero...

Fuera de la consulta, los psicólogos somos personas de carne y hueso, nos emocionamos, reímos, lloramos, y... tenemos defectos. Aunque resulte increíble.

A pesar de que nuestra formación y profesión nos doten de habilidades en el control de las emociones y la gestión del estrés y los conflictos, no somos inmunes a tener malos momentos, cometer errores, enfadarnos, etcétera. Esto no quiere decir que seamos malos psicólogos: hay que aprender a separar la vida personal y la profesional, y saber ponderar también que los psicoterapeutas somos personas, y por tanto, la perfección no es nuestro denominador común. Ni el nuestro, ni el de nadie.

7. “¡La psicología no es una ciencia!”
Volvemos otra vez a ese tipo de personas que, por un motivo u otro, “no creen en la psicología”. Esta vez es el turno de la persona que asevera que la psicología no es una ciencia. Primero de todo, cabría preguntarse qué entiende esa persona por “ciencia”. Porque tal vez su visión de lo científico se reduce a leyes matemáticas y físicas, perfectas e inmutables. Esta visión purista del concepto 'ciencia' no está aceptada por casi nadie.

En realidad, ciencia es... (tiremos de enciclopedia):

«El conjunto ordenado de conocimientos estructurados sistemáticamente. La ciencia es el conocimiento que se obtiene mediante la observación de patrones regulares, de razonamientos y de experimentación en ámbitos específicos, a partir de los cuales se generan preguntas, se construyen hipótesis, se deducen principios y se elaboran leyes generales y sistemas organizados por medio de un método científico.»

[Fuente: Wikipedia]
Y, sin duda, la psicología es ciencia en tanto que es la disciplina de conocimiento que estudia, de forma ordenada y siguiendo el método científico, la conducta humana y los procesos mentales. Lo que quiere decir esto es que la psicología establece hipótesis sobre fenómenos y luego los comprueba empíricamente (mediante la observación sistemática), como cualquier otra ciencia. De hecho, la psicología no deja de ser una disciplina que bebe de la biología, la medicina, la química, las neurociencias, las ciencias sociales y hasta la mecánica cuántica. ¿No son ciencias, tampoco?

La psicología, por tanto, sí es una ciencia. Es un hecho consumado, no una opinión. Si te crees el amo del universo vanagloriándote de tu escepticismo, te recomiendo la lectura atenta del siguiente artículo:

"Efecto Dunning-Kruger: cuanto menos sabemos, más listos nos creemos"
Sin rencores.

8. Te encuentras con una persona de casualidad, empezáis una conversación, por casualidad se entera de que eres psicólogo y... Te explica sus problemas y te exige diagnóstico y tratamiento en 5 minutos.
A qué psicólogo no le ha ocurrido: coges un taxi para ir a otro punto de la ciudad, y en cuanto el taxista se entera de tu profesión, empieza a bombardearte con sus historias personales y espera que le “diagnostiques” y le “cures” antes de llegar al destino.

Vamos a ver: volviendo un poco a lo mismo, los psicólogos no somos magos ni hacemos milagros. Lo siento, de verdad. Tampoco es muy grato que alguien te explique sus problemas en cinco minutos, a toda prisa, y te responsabilice de su futuro a tenor de un diagnóstico y una cura que tienes que realizar a la velocidad del sonido.

Normalmente, los psicólogos somos personas abiertas y no tenemos ningún problema en echar una mano a quien lo necesita. Pero tienes que entender que, de igual forma que el médico no está las 24 horas del día explorando a personas que se encuentra por la calle en búsqueda de enfermedades o el camarero no se dedica a ofrecerte el menú cuando está de vacaciones, el psicólogo tampoco puede estar permanentemente atendiendo los problemas psicológicos o las inquietudes existenciales de desconocidos.

Hay que saber cuándo es el momento de exponer estas cuestiones, y de qué modo hacerlo. Para establecer un diagnóstico serio, es preciso un trabajo de horas, hasta días, de exploración metódica; requiere de concentración por parte del psicólogo.

Y, sea como sea y por mucho humanismo que se nos atribuya, también debes tener en cuenta que intentamos ganarnos la vida con nuestro trabajo.

9. “¡Ir al psicólogo es para tarados mentales!”
Esta es una de las frases más irritantes, puesto que demuestra una ignorancia absoluta a muchos niveles. Empecemos: ¿qué es para ti un un tarado mental? ¿Un loco? Si te refieres a personas que tienen algún tipo de problema emocional, algún desorden temporal del estado de ánimo, o algún conflicto familiar... ¿cuánta gente se escaparía de tu concepción de loco?

Además, por si no lo sabías, los psicólogos también tratan cuestiones tan asépticas como bajas laborales, dificultades en el aprendizaje o problemas de pareja... Por no hablar de la rama de la psicología positiva, que se encarga de potenciar las cualidades de la persona (y que por tanto su objetivo no es “tratar” nada, sino potenciar algunas habilidades en que la persona quiere mejorar).

Desde luego, decir que los que van al psicólogo es porque están locos es una auténtica barbaridad. Lo que es de locos es no buscar ayuda cuando no estás bien. Y ten en cuenta que todas las personas, en algún momento de su vida, pasarán por algún tipo de conflicto en el que sería necesaria la intervención de un terapeuta.

Ninguno de los casos mencionados entra dentro del saco de la “locura”. Pedir ayuda a un profesional si tienes un problema no va a hacer que ese problema sea mayor o menor. La cuestión es intentar ayudar a las personas, y cada caso es único. No caigamos en estigmas propios del desconocimiento con aquellos que tienen la valentía de afrontar sus miedos.

10. “El otro día tuve un sueño... (te lo explica) ¿qué significa?”
Ser psicólogo no es lo mismo que ser psicoanalista. Y apuesto que la mayoría de psicoanalistas tampoco sabrían ofrecerte una explicación rigurosa sobre el significado del sueño que acabas de explicar en tres minutos, sin conocer más datos de relevancia crucial a la hora de indagar sobre algo tan complejo e intangible como tu inconsciente.

La realidad es que la mayoría de psicólogos no tenemos formación en este tipo de teorías que inquieren acerca de la interpretación de los sueños en base al análisis del inconsciente, los símbolos, etcétera. Esto es así.

A modo de diversión, la mayoría de terapeutas podemos intentar hacer alguna hipótesis sobre qué creemos que pueden significar estos sueños que has explicado, pero no esperes una conclusión incontestable, porque no dejará de ser una interpretación sumaria y faltarán muchísimos datos para poder analizar bien cómo funciona tu inconsciente.om


Bertrand Regader
Psicólogo educativo | Director de Psicología y Mente


Los psicólogos y estudiantes de psicología se enfrentan, día tras día, a un buen número de clichés, estereotipos y mitos en torno a su profesión. Una faceta de estos clichés son las frases que, por alguna razón, todo psicólogo ha tenido que oír en múltiples ocasiones.

Son frases tópicas y manidas, fruto del desconocimiento sobre el oficio de psicólogo. Con este artículo esperamos concienciar a la población en general: ¡Abstente de usar estas frases tópicas! Tu familiar, amigo o conocido que se dedica a la psicología te lo agradecerá eternamente.

Empecemos:

Frases más odiadas por los psicólogos (o mitos sobre los psicólogos)
1. "¿Eres psicólogo? ¡No me leas la mente!"
Es una frase que puede irritar bastante al psicólogo. Nadie tiene la capacidad para leer la mente de otras personas, nadie. Si así fuera, los profesionales de la salud mental no usaríamos tests y multitud de técnicas para explorar la psique del paciente; bastaría una “lectura mental” para conocer los problemas de la persona.

Por otra parte, ¿a qué viene esa actitud agresiva? Tal vez no seas la persona más interesante del mundo, no tengo por qué anhelar descubrir las cosas maravillosas que piensas. No hace falta que me adviertas de algo que ni se me había ocurrido hacer.

Los psicólogos nos dedicamos a analizar patrones conductuales, rasgos de personalidad, contextos psicosociales y ese tipo de cosas. A partir de esa información objetiva, podemos trazar alguna hipótesis sobre los pacientes, o prever conductas que pueden desarrollarse en el futuro en base a los parámetros estudiados. Esto significa que no somos como Sandro Rey: no tenemos bolas de cristal ni gafas “científicamente comprobadas” que nos permitan ver más allá de la percepción común.

También está la persona afable que insiste en que le “leas la mente”. Esta es una variante simpática del tópico, puesto que por lo menos no nace de una actitud pasivo-agresiva. Unas palabras para la persona que me pide que le lea la mente: admiro tu predisposición abierta y jovial ante la vida y que quieras mostrarme tu mundo interior. Espero no decepcionarte si te digo que el trabajo de psicólogo es mucho menos místico. De todos modos, te invito a un café, para compensarte.

2. "Los psicólogos están locos"
No es insensato pensar que en todo psicólogo hay un punto de locura. Ocurre con toda aquella persona que ama su disciplina de conocimiento; aquello que ha estudiado y que probablemente es su vocación. Es quizá por esta razón que la gente puede concluir que “aquel que pasa tanto tiempo pensando en la psique, quizá puede acabar un poco tocado...”.

Lo cierto es que muchas series televisivas han abonado el terreno para que este mito de la locura de los psicólogos vaya ganando adeptos. Los productos culturales que nos ofrecen son ficción y sus tramas se basan en lo anómalo, lo inesperado, lo impactante... de ahí que los psicoterapeutas que cobran vida en las series o películas sean de lo más excéntricos. Igual que, por ejemplo, el Doctor House encarna a un médico misántropo y adicto a los narcóticos, pero extrapolar que todos los médicos son como él sería un craso error.

Con todo, la realidad es bien distinta. La mayoría de psicólogos y psicólogas somos muy normalitos, y hasta aburridos, si me apuras.

3. "¿Dónde está el diván? No puedes ser psicólogo si no tienes diván"
Para empezar: a los psicólogos no nos regalan el diván en el acto de graduación. Comprarse un diván si vas a pasar consulta (que esta es otra, no todos los psicólogos se dedican a la psicoterapia) no es obligatorio ni se vulnera ninguna ley si no lo tienes.

El diván fue muy usado por los psicoanalistas por una cuestión de tradición. Algunos psicoterapeutas actuales, sean de la corriente del psicoanálisis o de cualquier otra, pueden decidir tenerlo, o no. El diván no tiene poderes mágicos ni supone ningún valor añadido. Su función es servir para que el paciente se relaje y pueda expresar mejor sus inquietudes y problemas, y para evitar que mire a los ojos del psicoterapeuta y pueda sentirse cohibido.

Si vas a terapia y tu psicólogo no tiene diván sino un sofá normal y corriente o bien una butaca o tresillo, por favor, no pienses que es un mal psicólogo por ello, y evita que tenga que oír la frase cliché: “¿dónde está el diván?”.

4. "Con lo que cobran los psicólogos, deben de ser ricos"
Este punto depende mucho del país en el que te encuentres: en cada región existen unos parámetros de honorarios al psicoterapeuta, o la profesión está valorada mejor o peor. Esto influye en lo que se paga por una sesión de psicoterapia. ¿Es caro ir al psicólogo? Pues bueno... como diría Pau Danés, todo depende.

En términos generales, los psicólogos no somos ricos. Ni mucho menos, vaya. Muchas personas se creen que estudiando la carrera de Psicología van a hacerse millonarias pasando consulta, y luego se encuentran con la cruda realidad.

Entonces, ¿por qué cobran tanto los psicólogos? Bueno, empecemos a hacer cuentas. Debes ser consciente a la hora de valorar si es muy cara una sesión de terapia que los terapeutas hemos estudiado cinco años de carrera y, habiéndonos graduado, hemos tenido que cursar posgrados, másters... Es una inversión en tiempo y dinero nada desdeñable. Los másters en España no bajan de los 3.000€. Y, con la última subida de tasas, cada año de la carrera puede costar más de 1.500€.

Por otra parte, los tests necesarios para diagnosticar pacientes son asombrosamente caros. Súmale el alquiler del despacho, los impuestos (IRPF, autónomo...), el seguro de resposabilidad civil, el material (el diván también, pero es opcional). Y fíjate, además, que los psicólogos no solo trabajamos con nuestros pacientes durante las sesiones, sino que podemos pasarnos muchas horas en casa repasando el historial, buscando información, corrigiendo tests y actividades, aprendiendo mejores técnicas, actualizándonos, formándonos... Hay muchas horas invertidas detrás de cada paciente, y no se ven a simple vista.

En cualquier caso, y sobre todo tras la crisis, lo cierto es que hay psicólogos que pueden tratarte a un precio muy asequible. También los hay que, por una cuestión de prestigio, cobran mucho más caras las sesiones. De todo hay en la viña del señor, pero si de verdad necesitas terapia, el dinero no debería ser impedimento.

5. "No, es que yo no creo en eso" (en la psicología)
Me alegro por ti, que lo sepas. De corazón.

Pero procedamos a analizar esta frase cliché. La verdad es que la psicología no es ni una religión ni nada parecido. No se trata de "creer o no creer", como si la psicología fuera algo así como un acto de fe. Tú puedes no creer en la ley de la gravedad, pero está demostrado que existe algo que atrae los cuerpos hacia el suelo. En consecuencia, tu opinión al respecto resulta totalmente irrelevante puesto que las leyes físicas están ahí y no van a dejar de actuar por mucho que no creas en ellas. Podríamos decir que la psicología o la física tienen suficiente autoestima como para que no les afecte que tú pases de ellas.

La psicología se rige por el método científico; intenta analizar la realidad partiendo de bases metodológicas contrastadas para poder llegar a conclusiones veraces. Esto no quiere decir que todo lo que lleva el apellido “psicología” sea absolutamente indiscutible, ni quiere decir que no pueda haber fallos metodológicos que puedan conducir a conclusiones equivocadas (como ocurre en casi cualquier ciencia social o de la salud).

La psicología es una ciencia que actualmente se enmarca dentro de las ciencias de la salud. No puedes “no creer” en la psicología, en todo caso tendrás una visión crítica sobre la metodología y la empiria usada por esta disciplina. Las pruebas empíricas que aporta la psicología en torno al conocimiento sobre la psique son dinámicas y mutables, de eso no hay duda (¡el ser humano es cambiante!), pero es innegable que estos datos redundan en una mejora de la calidad de vida de las personas que acuden a terapia, esto está demostrado científicamente (perdón por la tautología).

Por supuesto, el estudio de la psicología está normativizado dentro de un marco legal bastante exigente.

Si con esa frase de "No creo en la psicología" quieres dar a entender que no te gustan los psicólogos, estás en tu derecho de tener esa opinión, pero si es ese el caso es mejor que te expliques adecuadamente y que no emplees la frase típica, porque como has podido leer, es una falsedad.

6. “No te puedes enfadar; ¡eres psicólogo!”
Siguiendo esta misma lógica, un médico no se puede resfriar, un mecánico no puede tener una avería en su coche o un dentista no puede tener dolor en una muela. Debes tener en cuenta que los psicólogos nos exponemos a altas cotas de estrés: nos enfrentamos a la carga emocional que supone escuchar todos los problemas de los pacientes, y se supone que estamos entrenados para que no nos afecte, pero...

Fuera de la consulta, los psicólogos somos personas de carne y hueso, nos emocionamos, reímos, lloramos, y... tenemos defectos. Aunque resulte increíble.

A pesar de que nuestra formación y profesión nos doten de habilidades en el control de las emociones y la gestión del estrés y los conflictos, no somos inmunes a tener malos momentos, cometer errores, enfadarnos, etcétera. Esto no quiere decir que seamos malos psicólogos: hay que aprender a separar la vida personal y la profesional, y saber ponderar también que los psicoterapeutas somos personas, y por tanto, la perfección no es nuestro denominador común. Ni el nuestro, ni el de nadie.

7. “¡La psicología no es una ciencia!”
Volvemos otra vez a ese tipo de personas que, por un motivo u otro, “no creen en la psicología”. Esta vez es el turno de la persona que asevera que la psicología no es una ciencia. Primero de todo, cabría preguntarse qué entiende esa persona por “ciencia”. Porque tal vez su visión de lo científico se reduce a leyes matemáticas y físicas, perfectas e inmutables. Esta visión purista del concepto 'ciencia' no está aceptada por casi nadie.

En realidad, ciencia es... (tiremos de enciclopedia):

«El conjunto ordenado de conocimientos estructurados sistemáticamente. La ciencia es el conocimiento que se obtiene mediante la observación de patrones regulares, de razonamientos y de experimentación en ámbitos específicos, a partir de los cuales se generan preguntas, se construyen hipótesis, se deducen principios y se elaboran leyes generales y sistemas organizados por medio de un método científico.»

[Fuente: Wikipedia]
Y, sin duda, la psicología es ciencia en tanto que es la disciplina de conocimiento que estudia, de forma ordenada y siguiendo el método científico, la conducta humana y los procesos mentales. Lo que quiere decir esto es que la psicología establece hipótesis sobre fenómenos y luego los comprueba empíricamente (mediante la observación sistemática), como cualquier otra ciencia. De hecho, la psicología no deja de ser una disciplina que bebe de la biología, la medicina, la química, las neurociencias, las ciencias sociales y hasta la mecánica cuántica. ¿No son ciencias, tampoco?

La psicología, por tanto, sí es una ciencia. Es un hecho consumado, no una opinión. Si te crees el amo del universo vanagloriándote de tu escepticismo, te recomiendo la lectura atenta del siguiente artículo:

"Efecto Dunning-Kruger: cuanto menos sabemos, más listos nos creemos"
Sin rencores.

8. Te encuentras con una persona de casualidad, empezáis una conversación, por casualidad se entera de que eres psicólogo y... Te explica sus problemas y te exige diagnóstico y tratamiento en 5 minutos.
A qué psicólogo no le ha ocurrido: coges un taxi para ir a otro punto de la ciudad, y en cuanto el taxista se entera de tu profesión, empieza a bombardearte con sus historias personales y espera que le “diagnostiques” y le “cures” antes de llegar al destino.

Vamos a ver: volviendo un poco a lo mismo, los psicólogos no somos magos ni hacemos milagros. Lo siento, de verdad. Tampoco es muy grato que alguien te explique sus problemas en cinco minutos, a toda prisa, y te responsabilice de su futuro a tenor de un diagnóstico y una cura que tienes que realizar a la velocidad del sonido.

Normalmente, los psicólogos somos personas abiertas y no tenemos ningún problema en echar una mano a quien lo necesita. Pero tienes que entender que, de igual forma que el médico no está las 24 horas del día explorando a personas que se encuentra por la calle en búsqueda de enfermedades o el camarero no se dedica a ofrecerte el menú cuando está de vacaciones, el psicólogo tampoco puede estar permanentemente atendiendo los problemas psicológicos o las inquietudes existenciales de desconocidos.

Hay que saber cuándo es el momento de exponer estas cuestiones, y de qué modo hacerlo. Para establecer un diagnóstico serio, es preciso un trabajo de horas, hasta días, de exploración metódica; requiere de concentración por parte del psicólogo.

Y, sea como sea y por mucho humanismo que se nos atribuya, también debes tener en cuenta que intentamos ganarnos la vida con nuestro trabajo.

9. “¡Ir al psicólogo es para tarados mentales!”
Esta es una de las frases más irritantes, puesto que demuestra una ignorancia absoluta a muchos niveles. Empecemos: ¿qué es para ti un un tarado mental? ¿Un loco? Si te refieres a personas que tienen algún tipo de problema emocional, algún desorden temporal del estado de ánimo, o algún conflicto familiar... ¿cuánta gente se escaparía de tu concepción de loco?

Además, por si no lo sabías, los psicólogos también tratan cuestiones tan asépticas como bajas laborales, dificultades en el aprendizaje o problemas de pareja... Por no hablar de la rama de la psicología positiva, que se encarga de potenciar las cualidades de la persona (y que por tanto su objetivo no es “tratar” nada, sino potenciar algunas habilidades en que la persona quiere mejorar).

Desde luego, decir que los que van al psicólogo es porque están locos es una auténtica barbaridad. Lo que es de locos es no buscar ayuda cuando no estás bien. Y ten en cuenta que todas las personas, en algún momento de su vida, pasarán por algún tipo de conflicto en el que sería necesaria la intervención de un terapeuta.

Ninguno de los casos mencionados entra dentro del saco de la “locura”. Pedir ayuda a un profesional si tienes un problema no va a hacer que ese problema sea mayor o menor. La cuestión es intentar ayudar a las personas, y cada caso es único. No caigamos en estigmas propios del desconocimiento con aquellos que tienen la valentía de afrontar sus miedos.

10. “El otro día tuve un sueño... (te lo explica) ¿qué significa?”
Ser psicólogo no es lo mismo que ser psicoanalista. Y apuesto que la mayoría de psicoanalistas tampoco sabrían ofrecerte una explicación rigurosa sobre el significado del sueño que acabas de explicar en tres minutos, sin conocer más datos de relevancia crucial a la hora de indagar sobre algo tan complejo e intangible como tu inconsciente.

La realidad es que la mayoría de psicólogos no tenemos formación en este tipo de teorías que inquieren acerca de la interpretación de los sueños en base al análisis del inconsciente, los símbolos, etcétera. Esto es así.

A modo de diversión, la mayoría de terapeutas podemos intentar hacer alguna hipótesis sobre qué creemos que pueden significar estos sueños que has explicado, pero no esperes una conclusión incontestable, porque no dejará de ser una interpretación sumaria y faltarán muchísimos datos para poder analizar bien cómo funciona tu inconsciente.