Cuando nace un niño en la mayoría de los hogares ya se lo tiene inscripto a determinada cultura de pertenencia de la familia.
Antes, que no se conocía el sexo sino hasta su nacimiento, se encontraban los padres en esa cierta dualidad que los obligaba, a fin de evitar discusiones, a decidirse por un posible sexo cada uno, por lo cual si nacía varón el padre muy satisfecho decía que el nombre lo ponía él.
- Será Diego, como el 10-
- Obvio, por el 10, pensaste en Antonello?
- Nooo, quiero un buen nombre de varón, Diego.
Luego llegaba la elección de madrina, padrino, Jardín, escuela, y disciplinas y oficios.
También disponían del tipo de costumbres, lenguaje, ética en general que a la llegada del principito se seguiría en el hogar.
-Le enseñaremos respeto y amor hacia todo ser humano y especialmente hacia nosotros, que lo criaremos sin gritos ni zapatillazos, como usaban nuestros padres.
-Será ejemplar su conducta. Admirado...
-...Y querido.
-Nada de crianza de abuelas.
-Nada!
-Nunca nos divorciaremos!
_Nunca!
Diego fue creciendo y demostraba capacidad especial para la pintura, el dibujo y todo lo estético, además el respeto al parecer no estaba bien entendido por lo que solía insultar, pegar y gritar a sus padres y a otros, a solas y en público.
-No, hijito, esto no se le dice a papá...
-Pero hijo, por qué esa agresión al señor??
En todos los aspectos planificados por los padres, el niño, luego el adolescente, el joven demostró contrariedad.
Sin embargo, en algo los parentales se mostraron inflexibles y fue en el estudio.
-Médico vas a ser, te vas a recibir y para esto no hay nada que oponer.
Así fue. Vio tanta firmeza en los padres que hizo una recapitulación de lo vivido junto a ellos, esa firmeza y ese amor que pusieron al hacerlo estudiar, sí o sí, que no solo eligió seguir el mandato paterno sino que se propuso emularlo cuando fuera padre.
Cuando llegó el momento y consultado con su esposa, repitió la historia, fue padre de varón pero insertaron unos pocos cambios:
El hijo se llama Antonello, es pintor e incursiona en ballet.
Hoy no hay tiempo para educar, para corregir, para pasar a los que llegan al mundo el discurso generacional, la voz de las familias ya no es tan apreciada por los jóvenes y la violencia en todas sus formas nos va envolviendo sin piedad. La vida de otro ser humano no se respeta, la droga se sentó sobre el buen sentido de los niños y jóvenes sin permitir más razón que obtener su objeto de deseo.
Los padres dicen no poder hacer nada con su hijos, se deshacen de responsabilidades dejando crecer en ellos conductas que no les darán más que un corto porvenir. Los padres no escuchan, no educan, no creen en sus hijos.
Si los padres ni escuchan ni educan ni creen en ellos, a qué futuro accederán?
Licenciada Mirta Z Moisano Agosto 29 de 2017.-
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