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viernes, 14 de junio de 2013

LA OTRA MIRADA









CON AMOR



La ardua tarea de educar a un niño implica que los padres puedan despejar sus dudas a través de las personas adecuadas para responderlas.Ello significará que puedan tener mayor seguridad en los momentos de elegir conductas que servirán como guías en la formación del hijo, pues la familia es la primera socializadora y aquel concepto que transmita a través de su discurso sentará una huella importante a lo largo de su programa de vida. 
Si bien la tarea de enseñar no es fácil, cuando se observa que el hijo tiene las suficientes herramientas para desenvolverse satisfactoriamente en los medios en que se desempeñe, los padres sienten que han sabido conducirse en su rol implicando esto una gran satisfacción personal.
Para un hijo siempre se desea lo mejor, pero hay que pensar qué es lo mejor. Algunos padres buscan incentivar a los hijos para que logren tener una buena posición económica pues piensan que con dinero se sortean todas las dificultades. Otros desean que sus hijos  sean famosos, que sean personas reconocidos por el arte, o por su profesión. o por su belleza en otros casos. Hay padres que utilizan toda su influencia para que sean los continuadores de su labor, si el padre es médico que el hijo sea médico, o que comparta su estudio de abogado, o escribano, o gerente de la empresa familiar que le piensa dejar como herencia. En estos ejemplos se podría afirmar que los padres consideran que su modelo es lo mejor, pues si ha sido bueno para ellos será bueno para el hijo. Pero este es un pensamiento bastante subjetivo por cuanto no lo preparan para elegir en libertad el camino que desee tomar, siguiendo el ideal del Yo. buscando el logro de sus propias metas, sino que buscan en sus descendientes la continuación de su propia identidad personal.
En estas situaciones se debe orientar a los padres a fin de que comprendan que su labor está en criar a sus hijos dentro de valores firmes, que sepan controlar impulsos y agresiones, que puedan mantener un equilibrio entre sus emociones, su razón y su voluntad. Despertar en ellos el valor de la solidaridad, el interés por el estudio, y la cultura del trabajo, que aprendan a conocerse en cuerpo, mente y espíritu, que sepan valorarse y valorar, que analicen antes de dejarse llevar por opiniones o informaciones que entrañan metamensajes.
Con ello los hijos podrán caminar sin apoyaturas que los confinen en la dependencia o bien sentir la necesidad de un poder desmedido o elegir lo que la vanidad les determine o el egoísmo les exija.
Los padres buscan lo mejor para sus hijos, y lo mejor es que sean buenas personas, satisfechas con sï mismas, hombres y mujeres que caminen con paso seguro en busca de lo que es para ellos bienestar y felicidad.
Son padres que anteponen a sus propias inclinaciones el gran amor que sienten por sus hijos, lo cual implica el respeto por su libertad.    

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