Recordatorio
Un recordatorio: no pienses. No calcules, no midas, no razones, solo no pienses. No medites, no reflexiones, no te comas la cabeza, no planees… Te lo digo por experiencia.
Pensar en las cosas que ya pasaron no sirve de nada, no se puede cambiar lo que ya se escribió, pero reflexionar sobre el futuro tampoco funciona. Esperar lo que no se sabe que va a pasar es casi tan inútil como arrepentirnos de lo que ya hicimos.
Nos preocupamos para afrontar una situación que solo ocurre en nuestra mente. A veces pienso que las cosas que imagino nunca van a ocurrir por el simple hecho de haberlas imaginado. La verdad es que así sucede, pero no por haberlas imaginado, sino por la forma en la que esperamos las cosas, no podemos predecir el futuro pero creamos situaciones en las que nos beneficiamos de algún modo solo para sentir por un instante lo que es que la vida nos sonría.
Nuestra mente es nuestro propio enemigo, cuando estamos tristes imaginamos la salida perfecta de ese pozo de depresión, alguien a quien apreciamos viene y nos salva como Superman, creamos a nuestro héroe siempre “al pie del cañón”, él sabe cuando necesitamos su ayuda.
La realidad es que nadie viene a salvarnos, nadie nos tumba la puerta y aparece con su traje y su capa para rescatarnos de nosotros mismos; nadie está del otro lado oyéndonos desahogar nuestros problemas y nos consuela con un excelente consejo que resolverá nuestra vida. Nadie es capaz de mirar más allá de tu falsa sonrisa para ver la realidad que esconden tus ojos. No existe quien pueda sacar esa tristeza que cargas sobre tu espalda, nadie puede hacerlo excepto vos.
En el momento en que nos damos cuenta de todas esas cosas, justo cuando perdemos la fe en la ayuda salvadora de los demás, es entonces cuando uno debe mirarse al espejo y decir: “Soy yo. Soy yo quien enfrentara sus propios demonios y ganará. Nadie más que yo sabe lo que duele y lo que cuesta vivir en mi piel. A nadie le va a importar ni a beneficiar tanto como a mí mi propia victoria.”
Es por eso que soy yo quien debe escalar para salir del pozo, nadie me va a lanzar una cuerda.
Hasta aquí uno parece victorioso, pero que pasa cuando tanto poder y tanta autoayuda se transforman en sentimientos de soledad… vuelve la depresión, vuelve la sensación de vacío, de espacios en blanco.
Estos espacios si deben llenarse con la compañía de agentes externos, porque, por naturaleza, el ser humano es un animal criado para vivir en sociedad, relacionándose con todo el medio que lo rodea.
Es por ello que la “auto salvación” necesita de un último empujón externo, de algo o alguien que devuelva la fe y las ganas de salir del pozo, de otra forma volveremos a caer y cada vez será más difícil de escalar.
La pregunta es: ¿Cuantas veces es uno capaz de escalar hasta llegar a la salida y darse cuenta que, luego de tanto esfuerzo y sacrificio, nadie te extiende la mano para poder subir por completo? ¿Cuantas veces eres capaz de caer y volver a escalar sin perder la fe?
Es por esto que digo e insisto: a veces, es mejor no pensar...
MAIA FERRO SUAR Autora.

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