POR QUÉ ME DEJASTE, ABU?
"Dejad que los niños vengan a mí"... Así dicen que el Maestro expresó, y si bien yo disto enormes cantidades de tiempos y espacios de ser Maestro, hago como él y espero que los niños vengan a mí, no los obligo a dialogar conmigo, dejo que confíen en que no soy la cargosa persona adulta con las preguntas de siempre "cómo vas en el cole", "a quien querés más", cuántos años tenés" etc, culminando el diálogo dando sonoros besos en su mejilla a ese pequeño que nos ha visto contadas veces y no entiende aún esas normas sociales de demostrar un afecto hacia quienes prácticamente son desconocidos para él.
Cuestión que llegó impensadamente para mí, la visita de mi sobrino nieto, apodado por terceros como "el sunami" con justa razón, aunque ya estaba mejor su control de impulsos entonces no pateaba, no rompía, no pegaba, en fin,que la socialización estaba haciendo su efecto...
Obviamente siempre una carnada una debe tener, así que comencé con mis estrategias hasta que finalmente terminamos yendo juntos a los mandados.
Este Uli, (el nene) resultó encantador, sus modos, su forma de tomarme la mano guiando con cuidado a la viejecita que tenía a su lado que era yo. No pude comprar su voluntad con caramelos ni dulces de otro tipo ni yogur etc, hete aquí que a Uli no le gustan, al contrario, él compró mi voluntad, mi estima, todo. Buscaba acercarse cuando estaba sola para conversar conmigo...Yo recibía sus palabras escuchando atenta, contestaba cuando el niño lo pedía, hasta que llegó a revelarme confidencialmente su gran dolor por la muerte de su bisabuela paterna.
Allí fue que abriendo su coranzoncito acongojado me expresó cuánto la amaba y la extrañaba, con qué ansiedad él llegaba a visitarla para estar juntos...
-Yo si la viera le preguntaría abu, por qué me dejaste?
-Me dicen que está conmigo, pero yo no la veo
El llanto ya fluía de sus ojitos mientras yo lo contenía pero también pérmití que llorara, que ese dolor que tenía guardado desde hace unos años lo sacara a la luz. Ese luto que no pudo ser de otra forma pues había partido una persona con un rol muy importante en su niñez, más ahora que la mamá estaba a punto de darle un hermanito.
Uli tuvo el valor de confiar en alguien que veía muy pocas veces y se expresó con claridad aún con llanto. Había perdido a esa figura familiar que le otorgaba innumerables méritos y condiciones pues para ella él era el más inteligente, el más hermoso, un niño especial...y ella era para Uli y sólo de él.
A veces los niños necesitan de un tercero para expresar lo que sienten, aquello que los daña, no porque no confíen en papá y mamá, sino porque no quieren ver que sufren por él, o porque no aprecian debidamente la magnitud de su drama.

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