La puerta que repetidamente se golpea está en Alberti 3135, una casona donde esta institución tiene su sede y en la que con un equipo multidisciplinario está abocado a resolver conflictos familiares, ligados con la drogadicción, el maltrato infantil y el abuso.
?Algunos llegan por recomendaciones o derivados de otras instituciones y otros por el relevamiento que nuestros operadores realizan en los barrios?, explica Susana, con un pasado laboral en Apand.
?Pensamos que la Justicia de menores no brinda posibilidades de ahondar en la problemática de la familia, que es el núcleo desencadenante de los conflictos. Abordando de una manera integral los resultados son otros?, subraya la presidente.Por ahora el instituto funciona como un centro ambulatorio. Nos mandan pacientes para internación pero por el momento no podemos recepcionarlo. Está pensado conformar una aldea, pero eso será más adelante?, anticipó Susana. Mirtha Zangaro es la psicóloga que trabaja en el equipo de profesionales, junto con el terapeuta Marcos Quinteros. ?Intentamos que la persona descubra que hay otra realidad, que vea que es capaz de salir de la enfermedad y buscar otro camino?, explica Zangaro.
?Una vez que ingresan a la institución y comenzamos a abordar cada historia familiar es como que se corre un velo y aparecen otros conflictos: desnutrición, abandono, desarraigos, maltratos, abusos. Ya no es sólo un problema de drogas?, reconoce Quinteros.
En el instituto intentan curar esas heridas con la firma de un contrato terapéutico. En estos momentos hay 30 chicos en proceso de recuperación, becados por el Plan UDI del Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires.
?Tenemos otros 70/80 pacientes en los barrios, más los que todos los días vienen a golpear la puerta acá?, revela Susana. ?La urgencia siempre es de los padres, no de los chicos, pero tiene que haber un compromiso para ir consiguiendo metas, aunque es un proceso con ondulaciones?, asegura Zangaro.
El objetivo en el Instituto de la Familia Marplatense es que cada llamado a la puerta, cada historia que comienza, termine con el paciente reinsertado en la comunidad. ?Antes los centros de rehabilitación estaban en las afueras de la ciudad, pero esta tendencia se ha modificado y han venido hacia el centro. Es una señal de inclusión social. Hay que integrarlos también desde ese punto de vista?, argumenta Marcos.
Reconstituidos los lazos familiares, o al menos las piezas más o menos en sintonía como para rearmar el rompecabezas, la integración desde lo laboral está pensada en la entidad a partir de cursos y talleres de distintos oficios. Hasta ahora arrancaron con los de electricidad, que ofrecen una rápida salida laboral. También brindan cursos de carpintería, computación y radiodifusión.
En un pizarrón vinílico montado sobre la pared de un aula/sala de reuniones, están reflejadas todas las actividades de la semana. La sede está en pleno proceso de refacciones y se nota en las paredes, pisos y el techo. ?Si Dios quiere en 20 días nos instalan el gas natural?, confiesa Susana, contenta porque encontraron la pérdida de electricidad al remover uno de los pisos que tanto elevaba el costo de la boleta de luz.
Hicieron los baños nuevos, montaron dos salas de masajes en un cuarto y en otro, que da a la calle, piensan armar una peluquería para que los jóvenes encuentren otra herramienta que les permita reconstituirse como seres humanos. El objetivo central del trabajo solidario y voluntario de la institución.
Voluntarios
En el Instituto de la Familia Marplatense y Niños en Alto Riesgo trabajan 16 personas de manera voluntaria. Todos los servicios que prestan son gratuitos. ?Necesitamos más voluntarios, dispuestos a abrir su corazón para transformar esta realidad, con esfuerzo e ideas originales?, subraya la presidente. Quienes deseen prestar su ayuda al proyecto podrán concurrir a la sede de lunes a sábados, de 9 a 20. Por consultas o inquietudes al equipo multidisciplinario, podrán comunicarse al 492-2351.
No hay comentarios:
Los comentarios nuevos no están permitidos.