Nacemos ya cruzados por una cultura, pero en verdad esto nos sucede desde que estamos en el vientre materno. Mamá y Papá ya saben que venimos al mundo y comienzan a planificar infancia, adolescencia y adultez de nuestro programa de vida, aún van más allá, discuten nuestro nombre, ahora es más por su significado que por el santoral y por la musicalidad de su fonética.
Se prepara nuestro vestuario de acuerdo al modo o moda, se piensa en buscar la adecuada crianza para nosotros como bebés y niños, las cosas de la socialización y juegos en la plaza, el primer triciclo, el contacto con el jardín que nos significa un primer alejamiento del mundo familiar, a qué escuela nos enviarán, qué les permitiremos a los abuelos, si colaborarán los dos en alimentarnos y cambiarnos, en fin, cómo sería a su gusto nuestr@ novi@, etc. etc.
Cuando los dioses están a nuestro favor, ya incluidos por papá en el árbol genealógico familiar, estamos cuidados por un matrimonio normal, que nos ama y que también nos pone límites y nos sentimos recubiertos por esa piel que envuelve a todos los miembros de la familia. Así llegamos a la adolescencia, como si volviéramos a nacer, nos cuesta un parto salir de nuestra amada infancia para meternos en ese mundo en todo lo debemos aprender, donde no somos ni chicha ni limonada, de repente se nos trata como adultos para con las obligaciones pero no así para dejar de aconsejarnos mamá: ¡llevate el gorro que hace frío!- ¡ponete la campera antes de salir del cine y ojo con esa chica, mmmh!
Pero con todo, logramos pasarla de 10, claro que después nos damos cuenta, y llegamos a la adultez, más o menos sin grandes trabas, bien acompañados por nuestros padres y pares.
Esto no ocurre en todos los casos y mucho depende de cómo estaría conformada su estructura psíquica, y aquí es donde debo citar a Freud que no estaba de acuerdo con el azar o la excusa del destino, porque eso pone al hombre a no hacer lo suficiente por motus propio " pues es mi destino seguir en un lugar que no me permite vivir con la dignidad que le corresponde a todo ser humano, pero a mí no," y lo del azar es discutible pues no hay mucho azar, sino distintas maneras en que se den las cosas como de cuántas maneras puede caer una, dos, tres, o más monedas, cuántas formas hay de combinar 20 corbatas o 10 si lo quiere más fácil en un perchero, el ejemplo de las flores etc, etc. También los gordos, los anoréxicos, los histéricos los compulsivos, etc. solemos tener excusas tontas y las razones de estas u otras conductas (que nos hacen vivir mal pues nos creemos no nos comprenden, y hacemos vivir mal a nuestro entorno) se encuentran dentro de lo que Freud dio en llamar los tres principios esenc iales que motivan el comportamiento humano: Principio de placer, principio de realidad y lo que llamaríamos compulsión a la repetición que sería el impulso inconciente a repetir esperiencias y situaciones tempranas sin contemplar antes si estarán dentro de los términos de placer o de dolor.
Por ello la referencia al extremo cuidado de la infancia de un niño, pues si el mismo no ha recibido suficiente amor y cuidados tiernos y límites cuando sea adulto sus vínculos emocionales, o sus situaciones de distinto tenor en el trabajo terminan en fracasos en lo amoroso y despidos o abandono de trabajos.
Aún así, no es inexorable que esto ocurra, pues sibien el inconciente nos guiña con la compulsión a la repetición, tenemos el conciente que nos pone en el principio de realidad y que nos dice:"Fijate que esto te hace mal, no te enganches y si no podés sol@ busca ayuda." Aunque te aclaro Amg@, que la ayuda no est´{a en los psicofármacos porque estos no actúan sobre conductas reiteradas pues no sirven para curar las causas que las originan.
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