La transgresión cuestiona lo natural del orden de la
cultura
Cuando hablamos de transgresión nos estamos refiriendo a
aquellos actos que franquean un límite a las normas establecidas. Su resultado
es realizar un acto considerado “anormal” que es sancionado por la sociedad y
considerado delictivo por la ley que regula esas normas.
En este sentido la transgresión está relacionada con el
límite. Esto nos lleva a cuestiones que refieren a la ética pero también a la política
en tanto debemos tener en cuenta una cultura hegemónica que sostiene un poder
que establece lo que está permitido y prohibido. De hecho se usa el término
transgresión con una connotación positiva cuando ciertas acciones permiten
romper tabúes y prejuicios de una cultura. Por otro lado también se lo usa
cuando al negar la ley lleva a acciones destructivas y autodestructivas.
Mantener esta ambigüedad del concepto es una necesidad de sectores del poder
para sostener que todo acto que vaya en contra de las regulaciones que impone es
un atentado contra el conjunto de la sociedad. La criminalización de algunos
derechos civiles y la criminalización de la protesta social es una de sus
consecuencias. De allí la necesidad de delimitar que consideramos una
transgresión.
El término transgresión proviene del verbo Gradior que
significa andar, ir, marchar. Tiene una reminiscencia onomatopéyica del sonido “gr”
que también aparece en otras lenguas con significados parecidos. Cuando el
verbo se sustantiva se transforma en la palabra “Gradus” que pasa a significar
escalón, salto, nivel, zanja, avance. De ellos deriva grado, grada, graduar,
degradar, regresar, progresar, ingresar, agredir y transgresión. En todos ellos
está contenida, de una u otra manera, la idea de saltar. Cuando pasamos al
latín transgredior, transgressus y
transgressio, tenemos unos términos que nos señalan el paso de un lugar a otro
generalmente saltando un obstáculo. Al aplicarlos metafóricamente a las leyes y
a las normas sociales llegamos al sentido que tiene en castellano, infringir (
de frangere y fractum) , quebrantar, vulnerar(de vulnerem) y de desobedecer una
orden, una ley de cualquier clase.
Todo poder representa intereses económicos, políticos y
sociales que reglamentan normas(leyes escritas) y preceptos culturales (usos y
costumbres) que se transforman en una indicación para la vida cotidiana del
conjunto social. De allí que cualquier transgresión sigue el camino inevitable de ser desaprobada
y ser considerada un hecho delictivo. Lo”normal”
se asocia a lo natural y aquellos que transgreden estas normas realizan un acto “antinatural”.
Este pensamiento sigue presente en la actualidad y su origen
debemos rastrearlo en los mitos que fundan la cultura patriarcal de las religiones
donde el rompimiento de una norma se relaciona con la idea del mal que enfrenta
al ser supremo. Esta ruptura es un
pecado considerado como una transgresión de una ley sagrada que ha sido
establecida por la divinidad y entonces merece ser castigada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario