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domingo, 27 de abril de 2014

T R A N S G R E D I R , T R A N S G R E S S U S, T R A N S G R E S S I O.

La transgresión cuestiona lo natural del orden de la cultura

Cuando hablamos de transgresión nos estamos refiriendo a aquellos actos que franquean un límite a las normas establecidas. Su resultado es realizar un acto considerado “anormal” que es sancionado por la sociedad y considerado delictivo por la ley que regula esas normas.
En este sentido la transgresión está relacionada con el límite. Esto nos lleva a cuestiones que refieren a la ética pero también a la política en tanto debemos tener en cuenta una cultura hegemónica que sostiene un poder que establece lo que está permitido y prohibido. De hecho se usa el término transgresión con una connotación positiva cuando ciertas acciones permiten romper tabúes y prejuicios de una cultura. Por otro lado también se lo usa cuando al negar la ley lleva a acciones destructivas y autodestructivas. Mantener esta ambigüedad del concepto es una necesidad de sectores del poder para sostener que todo acto que vaya en contra de las regulaciones que impone es un atentado  contra el conjunto de  la sociedad. La criminalización de algunos derechos civiles y la criminalización de la protesta social es una de sus consecuencias. De allí la necesidad de delimitar que consideramos una transgresión.
El término transgresión proviene del verbo Gradior que significa andar, ir, marchar. Tiene una reminiscencia onomatopéyica del sonido “gr” que también aparece en otras lenguas con significados parecidos. Cuando el verbo se sustantiva se transforma en la palabra “Gradus” que pasa a significar escalón, salto, nivel, zanja, avance. De ellos deriva grado, grada, graduar, degradar, regresar, progresar, ingresar, agredir y transgresión. En todos ellos está contenida, de una u otra manera, la idea de saltar. Cuando pasamos al latín  transgredior, transgressus y transgressio, tenemos unos términos que nos señalan el paso de un lugar a otro generalmente saltando un obstáculo. Al aplicarlos metafóricamente a las leyes y a las normas sociales llegamos al sentido que tiene en castellano, infringir ( de frangere y fractum) , quebrantar, vulnerar(de vulnerem) y de desobedecer una orden, una ley de cualquier clase.
Todo poder representa intereses económicos, políticos y sociales que reglamentan normas(leyes escritas) y preceptos culturales (usos y costumbres) que se transforman en una indicación para la vida cotidiana del conjunto social. De allí que cualquier transgresión  sigue el camino inevitable de ser desaprobada y ser considerada un hecho delictivo.  Lo”normal” se asocia a lo natural y aquellos que transgreden estas normas realizan un  acto “antinatural”.
Este pensamiento sigue presente en la actualidad y su origen debemos rastrearlo en los mitos que fundan la cultura patriarcal de las religiones donde el rompimiento de una norma se relaciona con la idea del mal que enfrenta al ser supremo.  Esta ruptura es un pecado considerado como una transgresión de una ley sagrada que ha sido establecida por la divinidad y entonces merece ser castigada.




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